Imagen: Pam Frost Gorder, Ohio State University, vía NASA Earth Observatory

Una anomalía de 500 km bajo el hielo antártico desconcierta a la ciencia: ¿el mayor cráter de impacto de la Tierra?

Una misteriosa marca en forma de anillo bajo Wilkes Land divide a la ciencia: ¿meteorito, volcán o simple ilusión de la gravedad?
16.07.2026
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El posible cráter de impacto en la Antártida vuelve a estar bajo la lupa de la comunidad científica.

Bajo el hielo de Wilkes Land, en el sector oriental del continente, satélites de la NASA detectaron una anomalía gravitatoria en forma de anillo de 500 kilómetros de diámetro.

Si se confirma que se originó por el impacto de un meteorito, sería la mayor estructura de impacto identificada en la Tierra.

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Qué muestran los datos de gravedad

La anomalía se ubica en las coordenadas 70°S, 120°E, en el centro-norte de Wilkes Land, y se extiende bajo aproximadamente 1,6 kilómetros de hielo.

Los datos satelitales muestran una anomalía positiva de gravedad en el centro de la estructura, rodeada por un anillo de anomalía negativa. El resultado es un patrón que los investigadores comparan con una rosca: un núcleo denso rodeado por una depresión.

Ese núcleo central correspondería a un “mascón” (una concentración de masa) formado cuando el manto terrestre, tras el impacto de un objeto de gran tamaño, recupera parte del material desplazado y forma un tapón denso bajo el cráter.

La estructura no es perfectamente circular.

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Un estudio de 2018 la describió con forma de U, con el borde norte fragmentado, posiblemente por los procesos tectónicos que separaron Australia de la Antártida.

Cómo se detectó la anomalía

La primera señal apareció en 1962, cuando el geólogo Richard A. Schmidt, de la Universidad de Wisconsin, planteó la hipótesis de un cráter oculto a partir de datos sísmicos y gravimétricos recogidos en 1959 y 1960 por la expedición estadounidense Victoria Land Traverse.

En ese momento se estimó un diámetro de aproximadamente 240 kilómetros.

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La imagen cambió en 2006, cuando el satélite GRACE de la NASA permitió mapear con mayor precisión el campo gravitatorio antártico.

Los nuevos datos revelaron una estructura mucho mayor: unos 500 kilómetros de diámetro, casi tres veces mayor que el cráter de Chicxulub, en México.

Un estudio publicado en 2018 en la revista Earth Planets Space, con modelos gravito-topográficos de mayor resolución, confirmó el patrón circular y detectó posibles rastros de la misma estructura en el sur de Australia, territorio que estuvo unido a la Antártida hasta hace unos 35 millones de años.

Según los autores, esto sugiere que el evento que originó la anomalía ocurrió antes de la separación de ambos continentes.

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Impacto, volcán o cuenca sedimentaria: las hipótesis en disputa

La explicación del impacto de un meteorito es la más difundida, pero no la única sobre la mesa.

Un estudio de 2015 publicado en Antarctic Science, que utilizó técnicas de teledetección satelital, enumeró explicaciones alternativas.

Entre ellas figuraban una estructura volcánica, una cuenca sedimentaria o un valle erosionado por glaciares durante millones de años.

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Ese mismo estudio señaló que el tamaño de la anomalía es compatible con el de los grandes asteroides que bombardearon la Tierra entre 4.100 y 3.800 millones de años atrás, durante el período conocido como bombardeo intenso tardío.

Sin embargo, los propios autores advirtieron que las limitaciones impuestas por la capa de hielo que cubre la zona mantienen abiertas las demás hipótesis.

Por qué sigue sin confirmarse

Ningún estudio hasta ahora logró perforar el hielo para extraer muestras directas del lecho rocoso de Wilkes Land.

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Toda la evidencia disponible proviene de mediciones indirectas: gravimetría satelital, radares de penetración de hielo y modelos topográficos.

Sin una muestra física que confirme minerales de choque o vidrio de impacto (los indicadores estándar para clasificar un cráter), la hipótesis del meteorito continúa siendo una interpretación entre varias posibles, aunque la más respaldada por los datos gravitatorios disponibles.

Las condiciones extremas de la región y el coste de una perforación a más de 1.500 metros de profundidad explican por qué, más de sesenta años después de la primera hipótesis, Wilkes Land sigue siendo un cráter que solo existe en los mapas de gravedad.

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