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ToggleEl cielo vuelve a ser noticia: la noche del 27 al 28 de agosto de 2026 se producirá un nuevo eclipse lunar.
El fenómeno cubrirá cerca del 93 % del diámetro lunar con la sombra de la Tierra, lo suficiente para que buena parte de la Luna adquiera un tono cobrizo sin llegar a la fase total.
El elipse será visible desde América, Europa, África y buena parte de Asia occidental, y cerrará un patrón astronómico que se inició hace más de un siglo: es el último de una serie de eclipses parciales que, a partir de 2044, empezará a producir eclipses totales.
Un eclipse que se queda a un paso de la totalidad
Los eclipses lunares ocurren cuando la Tierra se ubica entre el Sol y la Luna, proyectando su sombra sobre la superficie lunar durante la fase de luna llena.
Esa sombra tiene dos partes: la penumbra, más tenue, y la umbra, la región central y más oscura.
Cuando la Luna entra por completo en la umbra, el eclipse es total; cuando solo una porción queda cubierta, como ocurrirá esta vez, se clasifica como parcial.
Con una magnitud cercana a 0,93, este eclipse se ubica en el límite superior de lo que puede considerarse parcial. Es decir, casi toda la superficie visible de la Luna quedará sumergida en la sombra terrestre, y solo un delgado borde conservará algo de luz solar directa.
La porción eclipsada no desaparece por completo de la vista, sino que adquiere tonos que van del rojo ladrillo al cobrizo, un efecto producido por la dispersión de Rayleigh, el mismo fenómeno físico que tiñe de naranja los atardeceres.
Esto último ocurre porque la atmósfera terrestre filtra la luz solar y, a través de su propio horizonte, solo deja pasar hacia la Luna las longitudes de onda más rojizas.
El final de una etapa dentro de su propio ciclo
Los eclipses no ocurren al azar.
Se agrupan en series llamadas ciclos de Saros, cada una compuesta por decenas de eclipses separados entre sí por poco más de dieciocho años, que se repiten con una geometría casi idéntica.
El eclipse del 27 y 28 de agosto de 2026 pertenece a la serie Saros 138, un ciclo que se inició en 1521 con un eclipse penumbral apenas perceptible y que fue creciendo en intensidad, eclipse tras eclipse, durante siglos.
Lo llamativo es el momento exacto en el que se encuentra esta serie.
Desde 1918, todos sus eclipses han sido parciales, cada vez un poco más profundos que el anterior. El de 2026 es el último de esa serie.
El próximo miembro de la serie Saros 138, en 2044, ya será un eclipse total, y la serie seguirá produciendo eclipses totales durante varios siglos más.
Dicho de otro modo, quien observe la Luna la noche del 27 de agosto de 2026 estará viendo el cierre de una etapa de casi 110 años dentro de un ciclo que solo ahora está a punto de alcanzar su plenitud.
Horarios según la región
Al tratarse de un fenómeno que depende de la posición de la Tierra y no de una franja geográfica estrecha como ocurre con los eclipses solares, este eclipse podrá verse, con matices, desde buena parte del planeta.
La fase máxima ocurrirá alrededor de las 22:12 en Ciudad de México, las 23:14 en Bogotá y Lima y la 1:14 de la madrugada del 28 de agosto en Buenos Aires.
En España y en el resto de Europa, el fenómeno se producirá con la Luna ya muy baja sobre el horizonte occidental, próxima a su ocaso, con el máximo alrededor de las 6:12, lo que hará necesario buscar un punto de observación sin obstáculos hacia el oeste.
Sudamérica, en conjunto, es una de las regiones mejor posicionadas para seguir el evento completo, mientras que en el oeste de Norteamérica la Luna saldrá cuando el eclipse ya esté en curso, por lo que allí no podrán verse sus primeras fases.
Cómo observarlo
A diferencia de los eclipses solares, este fenómeno no representa ningún riesgo para la vista y puede observarse sin filtros ni protección especial.
Un cielo despejado y un horizonte libre de edificios o árboles altos son, en la práctica, todo lo que se necesita.
Alejarse de zonas con mucha contaminación lumínica ayuda a apreciar mejor el contraste de color en la porción eclipsada. A la vez, unos prismáticos sencillos permiten distinguir con mayor detalle los cráteres y el relieve lunar durante el proceso.
Por qué conviene ser precisos con el término “luna de sangre”
El apodo de “luna de sangre” suele aplicarse de forma generalizada a cualquier eclipse lunar con tonos rojizos, pero en sentido estricto describe únicamente los eclipses totales, en los que toda la superficie lunar queda cubierta por la umbra y adopta ese color de manera uniforme.
Como este eclipse de agosto de 2026 es parcial, una fracción de la Luna seguirá recibiendo luz solar directa durante la fase máxima, así que el efecto de color aparecerá solo en la zona eclipsada, no en el disco completo.
La próxima ocasión en que sí ocurrirá un eclipse total, con la Luna completamente teñida de rojo, no será hasta el 31 de diciembre de 2028.
Este eclipse tampoco llega solo: dieciséis días antes, el 12 de agosto de 2026, tuvo lugar un eclipse solar total sobre el norte de España y otras regiones del Atlántico Norte.
Esa cercanía no es casualidad, sino la forma habitual en que se comportan las llamadas temporadas de eclipses, periodos de aproximadamente un mes en los que la alineación orbital de la Tierra, el Sol y la Luna favorece la aparición de un eclipse solar y uno lunar de forma consecutiva.
Con este evento se cierra, además, el calendario de eclipses lunares de 2026.
No habrá otro hasta 2027.