Belchite es un pueblo del Aragón olvidado en el que conviven dos realidades: el pueblo nuevo de Belchite, construido tras la Guerra Civil Española y las ruinas del pueblo viejo de Belchite.
Cuando viajamos, a menudo optamos por destinos más conocidos y turísticos, porque sabemos que en ellos podremos encontrar movimiento cultural, muchas actividades para hacer y monumentos o museos de gran interés general. Sin embargo, muchas veces en los lugares más pequeños es donde encontramos la verdadera magia e historia de un país.
Este es el caso de Belchite, un rincón cada vez más visitado y que muy pronto podría desaparecer, ya que ha entrado en la lista de los 100 monumentos en peligro de extinción del planeta y los recursos económicos parecen no querer llegar a tiempo de salvarlo.
Pero, ¿qué ocurrió en este pueblo? ¿Por qué está a punto de desaparecer? ¿Qué podría atraernos a visitar un sitio tan desconocido para el resto del mundo?
Durante la guerra civil, Belchite se convirtió en un punto estratégico. El bando republicano quería alcanzar Zaragoza y recuperarla, mientras el bando nacional ya había ocupado casi todo el país. Para ello, se situaron en Belchite, ya que está a 49 kilómetros de la capital aragonesa.

Fue por esto por lo que entre el 24 de agosto y el 6 de septiembre de 1937 se libró una batalla entre ambos bandos en este pueblo, provocando la muerte de más de 5000 personas y la destrucción de casi todas las casas.
El bando republicano ganó la batalla pero aquello fue en vano: habían destrozado todo y no había mucho más por lo que luchar.
Franco anunció que sobre las ruinas de Belchite se edificaría una ciudad hermosa y amplia en homenaje a todas las víctimas y al dolor padecido, pero todo ello fue realmente una estrategia política, pues el nuevo pueblo se construyó al lado del viejo y las ruinas nunca fueron reparadas. De esta forma, quería crear un recuerdo para sus habitantes que hablaba de la destrucción que había provocado el enemigo.
Hoy, el pueblo viejo de Belchite aún persiste. Sus ruinas se alzan sobre la tierra arcillosa y desde lo lejos puede verse la torre del reloj y la iglesia, sosteniéndose con fuerza para no caer en el olvido pese a que continúan desmoronándose muy poco a poco. Hoy ya solo queda un 15% de lo que un día fue.
El pueblo sigue vivo porque son muchas las personas que lo visitan para recuperar la historia del país, pero también porque son muchas las que sienten que las voces que allí habitaron siguen hablando y pidiendo ayuda.
En 1986 un grupo de parapsicólogos fueron por primera vez a estas ruinas con el propósito de ver qué rastro había dejado la muerte allí y se cuenta que recogieron psicofonías en las que podían escucharse ruidos de bombas, cañones y gritos de personas pidiendo auxilio.
Después de aquello, el pueblo despertó la curiosidad de los turistas más atrevidos, que también querían realizar sus propias grabaciones y llevaban a cabo rutas nocturnas para que la experiencia fuese aún más intensa.
Muchos dicen que a los móviles se les va la batería cuando entran en la iglesia, otros cuentan que han visto presencias o sombras, o incluso la figura de una niña en la torre del reloj. Las leyendas en torno a Belchite siguen siendo contadas pero, al mismo tiempo, el pueblo amenaza con su desaparición, como si nos estuviese reclamando una atención al pasado que no estamos teniendo lo suficientemente en cuenta.
Este es uno de esos lugares a los que llamaríamos sublimes por esa mezcla de belleza y horror que despiertan. Es uno de esos lugares a los que debemos acudir para no olvidar el pasado del que venimos y el que no debería repetirse.
En uno de los muros de la iglesia de San Martín hay unos versos escritos:
“Pueblo viejo de Belchite,
ya no te rondan zagales,
ya no se oirán las jotas
que cantaban nuestros padres”.
Y aunque las jotas ya no puedan oírse dentro de los muros de este pueblo muerto, debemos seguir contando lo que un día fue, visitándolo para atesorar su historia y que ello inste a su conservación y luchando para que aunque las piedras que un día fueron casas se deshagan en la tierra, las palabras que lo cuentan nunca desaparezcan. Esa misma atmósfera de tragedia y misterio que envuelve a los pueblos abandonados encuentra otro de sus máximos exponentes peninsulares en la enigmática y desolada historia de Ochate.
Va la primera ves soy nueva me gustaría mas adentrarme en España