Después de estar guardado en París desde el siglo XIX, el Códice Azcatitlán, un manuscrito que narra la historia del imperio azteca, volvió a exhibirse en suelo mexicano.
No es un regreso definitivo (Francia sigue sin acceder a la petición de restitución permanente que México reclama desde hace años), pero por primera vez en casi 200 años el público puede verlo de cerca, en el Museo Nacional de Antropología de Ciudad de México.
Un relato pictográfico de la caída de Tenochtitlán
El Códice Azcatitlán es un manuscrito del siglo XVI que combina pictogramas mesoamericanos con anotaciones en escritura europea.
A lo largo de sus 25 láminas de pergamino (material traído de Europa en aquella época), narra la migración del pueblo mexica desde Aztlán, el mítico lugar de origen de los aztecas, hasta la fundación de Tenochtitlán.
El relato transcurre por la sucesión de sus gobernantes o tlatoanis, hasta la llegada de los españoles, la conquista y la posterior evangelización forzada.
Según la historiadora María Castañeda de la Paz, del Instituto de Investigaciones Antropológicas, la obra fue realizada por un artesano indígena de origen otomí, poco después de la caída del imperio azteca.
Cómo terminó en una biblioteca parisina
La pieza llegó a Europa de la mano de Joseph Marius Alexis Aubin, un investigador francés especializado en culturas indígenas americanas, que la trasladó desde México a mediados del siglo XIX.
Décadas más tarde, en 1898, la viuda del coleccionista franco-mexicano Eugène Goupil la donó a la Biblioteca Nacional de Francia, institución que la conserva desde entonces.
El Códice Azcatitlán no es el único documento de este tipo retenido en territorio francés.
Junto al Códice Borbónico (que recoge los calendarios divinatorios y solares mexicas y hoy se guarda en la biblioteca de la Asamblea Nacional francesa), conforma uno de los dos grandes testimonios visuales de la vida azteca que permanecen fuera de México.
Un préstamo, no una devolución
La exhibición actual, que se puede visitar hasta diciembre, responde a un acuerdo de intercambio cultural entre ambos países en el marco de los 200 años de relaciones diplomáticas entre México y Francia.
Como parte de ese acuerdo, mientras el Códice Azcatitlán cruzó el Atlántico rumbo a México, otro documento histórico mexicano (el Códice Boturini) viajó en sentido contrario para exhibirse en Francia.
Se trata, en definitiva, de un préstamo temporal y no de la restitución permanente que los gobiernos mexicanos vienen reclamando desde hace años.
El propio Instituto Nacional de Antropología e Historia ubica esa reclamación dentro de una agenda más amplia para recuperar piezas de la época colonial que hoy se encuentran fuera del país.
Ese pedido no es nuevo ni exclusivo de este documento. En 1982, un abogado mexicano, José Luis Castañeda, sustrajo de la Biblioteca Nacional de Francia otro manuscrito, el Códice Tonalámatl, y lo llevó de vuelta a México sin autorización
Este episodio generó una fuerte tensión diplomática entre ambos países y se recuerda como uno de los antecedentes más citados en el debate sobre la restitución de piezas indígenas retenidas en el extranjero.
Cómo ver el códice en Ciudad de México
El códice se exhibe en el Museo Nacional de Antropología, considerado uno de los museos más importantes de América Latina y una visita imprescindible en la capital mexicana.
Situado sobre Paseo de la Reforma, dentro del Bosque de Chapultepec, es de fácil acceso en transporte público desde las estaciones de metro Auditorio (Línea 7) o Chapultepec (Línea 1), ambas a poco más de un kilómetro de la entrada.
El museo abre de martes a domingo, generalmente entre las 9 y las 18 horas según la temporada. La entrada general tiene un coste accesible y es gratuita para menores de 13 años, mayores de 60 con credencial del INAPAM y personas con discapacidad.
Además de las dos láminas del Códice Azcatitlán exhibidas en una vitrina especial, el museo conserva de forma permanente algunas de las piezas más emblemáticas de la historia prehispánica de México, como la Piedra del Sol.
Esto permite combinar la visita puntual a esta exhibición temporal con un recorrido mucho más amplio por la historia indígena del país en una sola salida.
Para las comunidades indígenas mexicanas que llevan años reclamando la restitución de este tipo de documentos, ver el códice de cerca (aunque sea de forma temporal) tuvo un peso simbólico que va mucho más allá de lo turístico