Hace más de 11.000 años, en Oriente Próximo y, más concretamente, en lo que hoy conocemos como Turquía, se asentó la primera civilización que empezó a vivir de forma sedentaria y dejó atrás el nomadismo.
Fue en este momento cuando se erigió, probablemente, el primer templo de la historia de la humanidad: Göbekli Tepe.
Göbekli Tepe es un antiguo templo que se levantó mucho antes de que se construyeran las pirámides de Egipto. Se trata de un templo que se cree anterior a las que consideramos las primeras civilizaciones, como la mesopotámica o la maya.
La colina en la que se ubica, que, por su traducción del turco, viene a ser “Colina Panzuda”, ha sido siempre un lugar sagrado para los habitantes de esta zona y allí se dirigió el arqueólogo alemán Klaus Schmidt para averiguar los misterios que entrañaba.
Fue así como, en 1995, descubrió los primeros pilares de piedra que indicaban que allí había algo mucho más imponente.
Las investigaciones comenzaron. Con un georradar se rastreó toda la zona, creyendo que aquel primer descubrimiento era solo una pequeña parte.
Este tipo de radar emite ondas que penetran en la tierra y rebotan al localizar un obstáculo, lo que permite crear un mapa de todo lo que hay bajo la superficie. Y fue así como se dieron cuenta de que ni siquiera era un solo templo lo que enterraba aquella colina, sino que había muchos más por descubrir.
Pero, ¿quién había edificado estos templos? ¿Cómo lo habían hecho? ¿Cuál era su función?
Hasta el descubrimiento de Göbekli Tepe, siempre se había pensado que la edad de piedra había finalizado con la adopción de la agricultura. Esto permitió que las civilizaciones se establecieran en un lugar fijo y dejaran atrás aquella etapa en la que los cazadores-recolectores debían desplazarse con el cambio de estación para buscar nuevos alimentos.
Fue la agricultura la que permitió dedicar más tiempo a pensar en el porqué de las cosas, y así se dio paso a las primeras religiones.
Con ellas llegaron los primeros templos y así las civilizaciones fueron extendiéndose y afirmándose en su territorio. Sin embargo, este descubrimiento ha puesto en duda que los hechos se hayan dado en este orden preciso.
Las personas que habían construido Göbekli Tepe aún pertenecían a la Edad de Piedra. Se cree que seguían siendo cazadores-recolectores porque, junto con los yacimientos, se han hallado restos de huesos de animales como bisontes, jabalíes y ciervos, pero no de herbívoros domesticados.
Se cree que justo en ese momento fue el fin de la glaciación y se produjeron muchas lluvias, por lo que hubo más zonas de agua y más animales pastando, lo que favorecía la supervivencia y, por primera vez, se pudo plantear vivir de forma sedentaria o, al menos, seminómada.
Además, en esa zona se han descubierto edificaciones destinadas a almacenar comúnmente víveres. Estos cambios y avances les permitirían asentarse y disponer de tiempo suficiente para construir templos como el de Göbekli Tepe.
Además, esta nueva forma de vida les permitía transmitir el conocimiento y crear civilizaciones cada vez más grandes que compartieran los mismos saberes.
El templo está compuesto por enormes pilares que pueden pesar entre 15 y 20 toneladas. Hay unos pilares en el centro que tienen forma antropomórfica, pero no tienen rostro. Aparecen a una altura más elevada que el resto de la edificación, con unos 5 metros de altura.
También hay un alto muro reforzado con pilares en forma de T que tienen grabados y semigrabados de animales como un guepardo, un jabalí, un zorro. En el medio, hay una especie de portal que podría representar la entrada al inframundo.
Todos estos detalles han llevado a pensar que, efectivamente, se trataba de un templo y no de un lugar para la actividad cotidiana, y que esos restos de animales podrían indicar que allí se celebraban rituales. Esos monolitos de forma humana se entienden, entonces, como los dioses que erigen dicho templo.
Es increíble imaginar que, antes de que existieran la agricultura, la alfarería, la rueda o la escritura, hubo un grupo de personas que construyó este templo. Entonces debían estar muy bien organizados.
Se cree que habrían sido necesarias unas 150 personas para levantar esta edificación. Las piedras se tallaban tumbadas en el suelo y, después, con técnicas de palanca, las levantaban y tenían que desplazarlas varios metros hasta llegar a lo alto de la colina, probablemente con técnicas de remo. No tenían animales de carga que les ayudaran con esta ardua tarea. Todo era obra de esos humanos recién asentados en un territorio fijo.
Este templo, a su vez, representa un cambio de paradigma. Mientras que durante la prehistoria las representaciones de los humanos eran muy escasas y, en todos los casos, se representaban como seres inferiores, en este templo lo humano se erige por encima de lo animal. Hay un cambio de creencia. Se empieza a valorar la valentía humana y a pensar que podemos ser mucho más fuertes que los animales.
Este cambio de pensamiento es clave para entender lo que aquí ocurrió y por qué el descubrimiento de Göbekli Tepe es tan importante: mientras que antes pensábamos que la agricultura era la que había posibilitado la religión, ahora vemos que es la religión la que les dio una ventaja psicológica y les permitió esta domesticación de la naturaleza y con ello, el final de la edad de piedra.
