Pando ocupa 43 hectáreas del Bosque Nacional Fishlake, en el centro-sur de Utah, y a simple vista no se distingue de cualquier otro bosque de álamos temblones.
La diferencia aparece bajo tierra: sus casi 47.000 troncos no son árboles independientes, sino brotes de un mismo sistema de raíces, genéticamente idénticos.
Es, de hecho, un único organismo vivo y, según distintas estimaciones, el más pesado que se conoce en el planeta, con un total calculado en torno a las 6.000 toneladas.
Un bosque que en realidad es un solo árbol
Los álamos temblones, la especie de Pando, tienen una particularidad poco común entre las plantas.
Además de reproducirse por semillas, pueden clonarse a sí mismos enviando nuevos brotes desde sus raíces laterales.
Cada uno de esos brotes, llamado rameto, crece como un tronco individual con su propia corteza y su propio follaje, pero comparte con el resto una raíz común de la que todos dependen para nutrirse.
El conjunto, es decir, el organismo genético original del que derivan todos los tallos, recibe el nombre de genet.
La confirmación de que Pando era en verdad un solo genet y no un conjunto de árboles emparentados no llegó hasta 2008.
Por aquel entonces, un equipo de investigadores tomó muestras genéticas de 209 troncos distribuidos por toda la superficie del bosque y las analizó mediante marcadores moleculares.
El resultado confirmó que se trataba de una única entidad genética, coincidente con los límites ya estimados mediante la observación morfológica.
El propio nombre Pando, que en latín procede de pando, “me extiendo”, fue adoptado formalmente por los investigadores en la década de 1990.
¿Cuántos años tiene realmente?
Calcular la edad de Pando no es tan simple como contar los anillos de un tronco.
Cada rameto individual vive, en promedio, entre cien y ciento treinta años antes de morir y ser reemplazado por un brote nuevo desde la misma raíz. Esto significa que ningún tronco en pie conserva un registro completo de la historia del organismo.
La edad real hay que buscarla en el sistema de raíces subterráneo, que se mantiene vivo mucho después de que cada generación de troncos se renueve.
Un estudio genético publicado en 2024 abordó el problema desde otro ángulo. Analizó la cantidad de mutaciones acumuladas en distintos sectores del clon para estimar, de forma indirecta, cuánto tiempo llevó generarlas.
Los resultados ofrecieron una horquilla amplia, de 16.000 a 80.000 años, lo que ubicaría a Pando entre los organismos vivos más antiguos jamás documentados, muy por encima de cualquier árbol individual conocido.
El peso de ser el organismo más pesado del planeta
Con sus casi 47.000 troncos repartidos en 43 hectáreas, las estimaciones más citadas calculan el peso total de Pando en cerca de 5.900 toneladas. Técnicamente, esto lo convierte en el organismo vivo más pesado que se conoce.
El título de “organismo más grande” es más discutible.
Existen colonias de hongos, como una muy conocida en Oregón, que cubren una superficie de terreno todavía mayor, aunque con una biomasa mucho menor.
Por eso, entre los especialistas, se suele preferir una descripción más precisa.
Pando es el árbol clonal más pesado y uno de los organismos clonales más extensos documentados hasta ahora, en lugar de simplemente “el ser vivo más grande del mundo”.
Una amenaza que no viene del cambio climático
En 2018, un estudio liderado por el ecólogo Paul Rogers, de la Universidad Estatal de Utah, ofreció el primer diagnóstico integral sobre el estado de salud de Pando, apoyado en una secuencia de fotografías aéreas que abarcaba 72 años de historia.
El panorama que reveló fue preocupante: el bosque está compuesto casi en su totalidad por troncos viejos, con una ausencia casi total de brotes jóvenes o de mediana edad capaces de reemplazarlos llegado el momento.
La causa principal no tiene que ver con sequías ni con el calentamiento global, sino con un desequilibrio mucho más prosaico. Los ciervos mulos, los alces y, en menor medida, el ganado vacuno se alimentan de los brotes tiernos antes de que estos logren crecer lo suficiente como para volverse árboles maduros.
El propio diseño del entorno agrava el problema.
Como existen cabañas y un campamento dentro del propio bosque, la caza queda prohibida en esa zona por razones de seguridad, lo que convierte a Pando en un refugio seguro para los ciervos, que se concentran justamente ahí, donde no serán cazados.
A esto se suma que una buena parte de la financiación de las agencias estatales depende de la venta de licencias de caza, lo que reduce el interés en recortar de forma drástica la población de ciervos de la zona.
Qué se está haciendo para salvarlo
Distintas iniciativas de conservación, entre ellas la organización Friends of Pando, vigilan hoy la evolución del bosque y promueven medidas de gestión activa, como el cercado de determinadas zonas para impedir el paso de los herbívoros y permitir que los brotes jóvenes crezcan sin ser devorados.
Los resultados de esos cercados experimentales muestran que, cuando se elimina la presión del pastoreo, Pando sí es capaz de regenerarse con fuerza.
Esto último sugiere que el problema no es una incapacidad biológica del organismo, sino un desequilibrio ecológico completamente reversible si se toman las medidas adecuadas a tiempo.
