El tigre de Turán desapareció de Asia Central hace más de setenta años.
En agosto de 2026, Kazajistán dio el primer paso concreto para revertir esa ausencia: la liberación de Umit, una hembra de tigre de Amur, en la Reserva Natural Ile-Balkhash.
Su nombre significa “esperanza” en kazajo, y es la cara visible de uno de los proyectos de conservación más importantes del país, orientado a restablecer una población salvaje de tigres en una región donde la especie llevaba décadas extinta.
Quince años de preparación diplomática y científica
La idea de traer tigres de Amur a Asia Central para ocupar el lugar de su pariente extinto se discutió durante una década antes de concretarse en algo formal.
En 2010, durante el primer Foro Internacional para la Conservación del Tigre, celebrado en San Petersburgo, Kazajistán manifestó su disposición a sumarse a un objetivo global de duplicar la población mundial de tigres salvajes.
A partir de ahí, equipos de Kazajistán, Rusia y Suiza realizaron expediciones conjuntas para identificar la zona más apta para la reintroducción y determinaron que el delta del río Ili y la costa sur del lago Baljash reunían las mejores condiciones.
En septiembre de 2017, durante la Expo de Astaná, el gobierno kazajo y el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) firmaron un memorando formal para poner en marcha el programa.
Un año después, el 27 de junio de 2018, quedó oficialmente constituida la Reserva Natural Estatal Ile-Balkhash, con más de 415.000 hectáreas que incluyen parte del delta del Ili, bosques de saxaul y humedales sobre la costa sur del lago.
El plan completo se proyectó a 35 años y se dividió en tres etapas sucesivas: restauración del hábitat y de las poblaciones de presas, liberación de ejemplares y seguimiento del crecimiento de la población.
La meta declarada es alcanzar unos 50 tigres viviendo en libertad y reproduciéndose por sí solos hacia el año 2035.
Quién era el tigre de Turán
El tigre de Turán, también llamado tigre del Caspio, ocupó durante siglos los bosques de ribera y los cañaverales que bordean los ríos de Asia Central, incluidos el Ili y el Sir Daria dentro del actual territorio kazajo.
La caza organizada (que en Kazajistán llegó a incluir partidas con participación de tropas desde fines del siglo XIX), sumada a la destrucción de sus hábitats fluviales y a la desaparición de sus presas, como el ciervo de los tugais o la gacela de cola negra, redujo la población hasta su desaparición.
El último ejemplar confirmado en territorio kazajo fue abatido en 1948, aunque la subespecie sobrevivió algunas décadas más en otras zonas de su rango histórico, hasta su extinción total hacia los años setenta.
La conexión con el tigre de Amur no es una decisión arbitraria de conveniencia geográfica.
Un estudio genético de 2009 basado en ADN mitocondrial de ejemplares de museo determinó que el tigre de Turán y el tigre de Amur comparten un haplotipo casi idéntico, con una diferencia de un solo nucleótido, lo que los sitúa como parte de un mismo linaje evolutivo separado de forma reciente.
Ese hallazgo es la base científica que sostiene todo el programa: se trata, técnicamente, de devolver una población emparentada a un territorio que perdió a la suya propia.
Del papel al terreno: cómo llegaron los primeros tigres
El primer traslado real de ejemplares llegó varios años después de la fundación de la reserva.
En 2024, una pareja de tigres de Amur, Bohdana y Kuma, llegó a Kazajistán desde los Países Bajos, procedente del centro de cuidado de grandes felinos Stichting Leeuw, en el zoológico Landgoed Hoenderdaell.
Al haber nacido y vivido siempre en cautiverio, esta pareja no está destinada a la vida silvestre, sino a funcionar como base reproductiva del programa dentro de un recinto especialmente construido por WWF.
El traslado de ejemplares silvestres rusos se había preparado desde 2022, cuando Kazajistán y Rusia firmaron un memorando bilateral durante el Foro Internacional de Conservación del Tigre en Vladivostok.
Especialistas kazajos completaron entrenamiento de campo en Rusia entre fines de 2025 y comienzos de 2026, antes de que en mayo de ese año llegaran cuatro tigres de Amur adicionales desde la ciudad de Jabárovsk: la propia Umit, un macho adulto y dos crías.
Umit fue la primera en pasar la evaluación de comportamiento y capacidad de caza que determinó su aptitud para la vida en libertad.
Reconstruir antes de soltar
Antes de pensar siquiera en traer un solo tigre, el programa dedicó años a reconstruir la cadena alimentaria de la que depende cualquier gran depredador.
Desde 2018, con apoyo de un proyecto de cofinanciación entre el gobierno kazajo y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, se trabajó en la reintroducción de ciervos de Bujará y en el refuerzo de las poblaciones de kulanes, trasladados desde el Parque Nacional Altyn-Emel.
Según estimaciones de WWF, si la base de presas se mantiene estable, la región de Ile-Balkhash tiene capacidad ecológica para sostener hasta 120 tigres a largo plazo, muy por encima de la meta actual de 50 ejemplares para 2035.
El trabajo con las comunidades locales fue otro componente central del proyecto desde sus primeras etapas. WWF y las autoridades kazajas desarrollaron, junto a los pobladores de la zona, esquemas de compensación ante eventuales pérdidas de ganado y protocolos para prevenir conflictos entre las personas y la fauna silvestre en recuperación.
Este trabajo había comenzado incluso antes de reintroducir a los propios ciervos, cuando los primeros traslados de presas ya generaban expectativa entre los vecinos de la zona.
Qué falta para declarar el proyecto un éxito
Según sus responsables, el programa completo se proyecta a 35 años desde su formalización en 2017, lo que ubicaría su cierre recién hacia la década de 2050.
La liberación de Umit marca apenas el inicio de la segunda de sus tres etapas.
El criterio de éxito no pasa por la cantidad de animales trasladados desde Rusia o los Países Bajos, sino por un hito mucho más exigente: que los tigres liberados se reproduzcan por sí mismos en libertad y que la población pueda sostenerse sin intervención humana constante.
Si eso ocurre, Kazajistán se convertirá en el primer país del mundo en restaurar una población salvaje de tigres en un territorio donde la especie se había extinguido por completo.
