De menos de 1000 a 183.000: el regreso de las tortugas gigantes de Aldabra

Un nuevo censo revela cuántas tortugas gigantes se esconden en el matorral de este remoto atolón del Índico.
12.10.2026
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En medio del océano Índico, una franja de tierra coralina alberga más habitantes con caparazón que personas tiene todo el país al que pertenece.

En el atolón de Aldabra viven unas 183 000 tortugas gigantes (Aldabrachelys gigantea), según reveló un censo científico elaborado por la Universidad de Exeter y la Seychelles Islands Foundation (Fundación de las Islas Seychelles).

La cifra supera con claridad los 120 000 habitantes de la República de Seychelles y consolida a Aldabra como el mayor refugio mundial de esta especie en libertad.

El tamaño actual de la población es el resultado de cuatro décadas de aislamiento estricto y políticas de protección ambiental. Las estimaciones de finales del siglo XX cifraban la colonia en unos 100 000 individuos, por lo que el nuevo recuento confirma la recuperación de un ecosistema que logró revertir su declive.

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Un método estadístico para contar animales ocultos en el matorral

Medir la población de tortugas gigantes en Aldabra requiere atravesar un terreno de coral afilado, cubierto por una vegetación densa de matorrales y manglares.

Durante las horas de mayor radiación solar, las tortugas buscan refugio en cuevas o bajo los arbustos, un comportamiento que falseaba los recuentos visuales directos empleados en décadas anteriores.

Para corregir ese sesgo, el equipo científico analizó datos de campo recopilados entre 2018 y 2022 mediante un modelo jerárquico bayesiano de muestreo por distancias. Esta técnica calcula la probabilidad de detección de cada animal según el tipo de hábitat y, a partir de ella, estima el número de ejemplares que permanecen fuera de la vista de los observadores.

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El análisis mostró que la densidad de tortugas se mantuvo estable durante los cinco años de muestreo. El dato indica que el ecosistema del atolón se encuentra en un punto de equilibrio natural, sin signos de colapso por falta de vegetación ni por superpoblación.

Caza, declive histórico y recuperación

La abundancia actual de tortugas en el atolón contrasta con la situación de hace dos siglos.

Durante los siglos XVIII y XIX, las tripulaciones de barcos balleneros, mercantes y piratas desembarcaban en las islas de la región para capturar tortugas en masa. La capacidad de estos animales para sobrevivir meses sin agua ni alimento los convertía en una valiosa reserva de carne fresca para las travesías marítimas.

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Aquella explotación desmedida extinguió las poblaciones de tortugas gigantes en varias islas del océano Índico y redujo la colonia de Aldabra a menos de 1000 individuos hacia finales del siglo XIX.

La especie siguió en grave riesgo de desaparición hasta que el Gobierno de Seychelles y la comunidad internacional intervinieron con medidas de protección territorial.

El atolón fue declarado Reserva Natural Estricta en 1981 y obtuvo la categoría de Patrimonio Mundial de la Unesco en 1982.

Las autoridades prohibieron la actividad comercial y restringieron el acceso de visitantes. Más tarde, en 2012, se completó la erradicación de las cabras asilvestradas que destruían los pastizales. Sin la competencia de herbívoros introducidos ni la presión humana, la flora autóctona se regeneró y sustentó el crecimiento paulatino de la población de tortugas.

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La alteración del ecosistema por el cambio climático

A pesar del éxito del plan de conservación, los autores del estudio advirtieron que la colonia se enfrenta a amenazas ligadas a la crisis climática.

La creciente frecuencia de las sequías en la región reduce la cobertura vegetal y afecta los depósitos de agua dulce, indispensables para que los reptiles regulen su temperatura en un territorio sin sombra suficiente.

Como el atolón es una estructura coralina de escasa altitud, el aumento del nivel del mar amenaza con salinizar las franjas costeras y destruir los pastizales de los que se alimentan estos animales.

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Al mismo tiempo, la presencia residual de ratas y gatos cimarrones reduce la tasa de supervivencia de las nidadas, ya que estos depredadores atacan huevos y crías.

Hoy, la conservación de Aldabra ya no exige defender el atolón de los barcos comerciales, sino proteger a la especie en un territorio vulnerable al aumento de la temperatura global.

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