Troya romana es el nombre con el que los historiadores designan la etapa menos conocida de un sitio arqueológico casi siempre asociado a la guerra narrada por Homero.
Un equipo de la Universidad Çanakkale Onsekiz Mart, dirigido por el profesor Rüstem Aslan, está desenterrando una calle de época romana en la ciudad baja de Troya, en uso desde finales del siglo I a. C. hasta aproximadamente el siglo VI d. C.
El hallazgo forma parte de la temporada de excavación 2026 del proyecto turco Patrimonio para el Futuro y ofrece pruebas directas de una etapa de la ciudad que duró casi tanto como su fama legendaria.
Ilión, la ciudad que resucitó sobre las ruinas de Troya
Mucho antes de que Roma se interesara por el lugar, el asentamiento ya había experimentado un renacimiento.
Tras el fin de la Edad del Bronce y el ocaso de la Troya asociada a los relatos homéricos, colonos griegos reocuparon el enclave hacia el año 700 a. C. y levantaron allí una nueva ciudad, Ilión, con templos dedicados a Atenea en homenaje a los antiguos héroes de la epopeya.
Esa Ilión griega funcionó durante siglos como un centro de peregrinaje ligado al mito, hasta que en el siglo I a. C. pasó a integrarse en el mundo romano bajo el nombre de Ilium.
La disposición urbana descubierta en las últimas campañas confirma un trazado planificado. Las calles, orientadas en sentido este-oeste y norte-sur, organizaban la ciudad en manzanas rectangulares o insulae, cada una de las cuales estaba ocupada por viviendas y locales comerciales.
Ese patrón regular, típico del urbanismo romano estándar, contrasta con la imagen más caótica que suele asociarse con la Troya prerromana.
Un siglo y medio de capas superpuestas por distintos equipos
El sitio arqueológico de Hisarlik, donde se ubica Troya, acumula una de las historias de excavación más largas y discontinuas de la arqueología mediterránea.
Frank Calvert realizó los primeros sondeos en el siglo XIX, antes de que el empresario alemán Heinrich Schliemann iniciara, en 1871, las excavaciones que popularizaron el yacimiento en todo el mundo.
Dos décadas después, en 1893, el arquitecto Wilhelm Dörpfeld documentó por primera vez el odeón de época romana.
La Universidad de Cincinnati retomó los trabajos entre 1932 y 1938 bajo la dirección de Carl Blegen. Ya a finales del siglo XX, entre 1988 y 2005, el proyecto internacional liderado por Manfred Korfmann aplicó tecnología de prospección magnética que reveló una ciudad baja de unas 30 hectáreas, mucho más extensa de lo que se había supuesto hasta entonces.
Ese hallazgo de Korfmann fue clave para entender que la Troya de interés arqueológico no se limitaba al montículo fortificado excavado por Schliemann. Se extendía, por el contrario, en un área urbana mucho mayor. Es precisamente allí donde ahora se sigue excavando la calle romana bajo la dirección de Aslan.
Ese yacimiento, próximo a la localidad turca de Tevfikiye, en la provincia de Çanakkale, fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1998.
Por qué Roma adoptó a Troya como parte de su propio origen
El giro decisivo en la historia romana de la ciudad llegó con Augusto, primer emperador de Roma, quien visitó el enclave alrededor del año 20 a. C. y ordenó una serie de reformas que renombraron la ciudad como Ilium Novum.
Bajo su patrocinio se restauraron estructuras de origen griego, como el antiguo bouleuterion o casa de consejo, y se construyeron edificios nuevos, entre ellos un odeón destinado a espectáculos musicales.
El interés imperial no era casual. La tradición literaria romana, consolidada en la Eneida de Virgilio, sostenía que Eneas había escapado de la destrucción de Troya junto a su padre Anquises y su hijo Ascanio. De sus descendientes surgió, siglos después, la ciudad de Roma, fundada por Rómulo.
La dinastía Julio-Claudia, a la que pertenecía Augusto, reivindicaba explícitamente ese linaje troyano como parte de su legitimidad dinástica. Ese vínculo convirtió a Ilium en una especie de santuario ancestral del propio poder romano.
Ese vínculo simbólico se mantuvo generaciones después. El emperador Adriano visitó la ciudad en el año 124 d. C. y ordenó nuevas obras, entre ellas baños termales, un acueducto y una fuente monumental cuyos restos aún pueden verse cerca de Kemerdere.
Una estatua suya, hallada en el odeón en 1993, confirma aún hoy el paso del emperador por la ciudad.
Qué depara la excavación en los próximos años
El equipo de Aslan planea continuar el trazado de la calle romana en dirección al área arqueológica principal del yacimiento.
La intención es habilitar en el futuro un tramo del recorrido romano para que los visitantes puedan caminar entre las estructuras urbanas de esta etapa, hoy mucho menos accesible al público que las murallas de la Edad del Bronce.
La vida urbana de Ilium se prolongó hasta bien entrada la Antigüedad tardía, cuando una serie de terremotos hacia el siglo VI d. C. dañó gravemente la ciudad y marcó el final de su ocupación a gran escala.
Con cada campaña, el equipo de Aslan suma una capa más a una secuencia que ya lleva documentados casi 4.000 años de ocupación casi ininterrumpida, desde los primeros asentamientos de la Edad del Bronce hasta las últimas calles trazadas bajo dominio romano, un renacimiento de ruinas similar al de Epecuén.
Esa continuidad, más que cualquier hallazgo puntual, es lo que sostiene el interés arqueológico por un enclave que la mayoría del mundo conoce solo por un poema.
