El 8 de diciembre de 2020, una cápsula de la Agencia de Exploración Aeroespacial Japonesa (JAXA) aterrizó con una muestra del asteroide Ryugu.
A diferencia de los meteoritos que impactan contra la Tierra y se contaminan al entrar en contacto con el entorno terrestre y con la manipulación humana, estas muestras llegaron en condiciones de absoluta esterilidad.
Recientemente, un equipo internacional de científicos, liderado por el geoquímico Yasuhiro Oba de la Universidad de Hokkaido, detectó en la muestra el conjunto completo de las cinco nucleobases que conforman el ADN y el ARN. Es decir, adenina, guanina, citosina, timina y uracilo.
Este descubrimiento indica que los ingredientes fundamentales para la vida no son exclusivos de nuestro planeta. Por el contrario, estaban presentes en el sistema solar primitivo hace 4.500 millones de años. Ryugu, un asteroide de tipo C rico en carbono, funciona como una cápsula del tiempo que preserva la química prebiótica original, previa a la aparición de los primeros organismos vivos.
El descubrimiento se produjo tras un análisis exhaustivo de tan solo 5,4 gramos de material rocoso. Aunque investigaciones preliminares ya habían detectado uracilo y varios aminoácidos, el uso de técnicas analíticas optimizadas permitió identificar el conjunto genético completo en esta roca de 900 metros de ancho.
Las muestras analizadas revelan que Ryugu tiene un 3,7% de carbono. Aunque la mayor parte se presenta de forma semejante al carbón, el interés científico radica en las moléculas orgánicas que, al interactuar con el agua, liberan aminoácidos como la glicina y la alanina. Estos compuestos son los pilares de las proteínas y su hallazgo en una roca espacial refuerza la idea de que la química del universo sigue reglas robustas y universales.
Los investigadores identificaron una correlación entre estas bases nitrogenadas y la presencia de amoníaco. Este dato sugiere que el amoníaco pudo ser el catalizador de reacciones químicas complejas en el espacio, permitiendo que estas moléculas se formaran y se conservaran en asteroides carbonáceos durante millones de años de radiación cósmica.
La coincidencia con el asteroide Bennu
Este hallazgo no es un hecho aislado en la exploración espacial reciente. La NASA obtuvo resultados idénticos en 2023 con las muestras del asteroide Bennu, recuperadas por la sonda OSIRIS-REx.
La coincidencia en la composición química de ambos objetos refuerza la hipótesis de que la presencia de estas “letras” del ADN es una característica común en los asteroides que orbitan en el cinturón entre Marte y Júpiter.
Toshiki Koga, biogeoquímico y autor principal del estudio, aclaró que la presencia de estas moléculas no implica la existencia de vida pasada en el asteroide. El valor del hallazgo reside en la capacidad de estos objetos primitivos para producir y conservar compuestos esenciales para la química prebiótica.
Impacto en la teoría del origen de la vida en la Tierra
Es importante precisar que el hallazgo no demuestra la existencia de vida en Ryugu, sino la disponibilidad de sus precursores. Los resultados indican que la Tierra primitiva dispuso de un “kit de construcción” químico proveniente del espacio. Al entrar en contacto con el agua y la geología terrestre, estos materiales iniciaron una cadena de procesos denominada evolución química.
Este avance valida décadas de experimentos de laboratorio, desde los trabajos de Walter Löb en 1913 hasta el célebre experimento de Stanley Miller en 1953. Durante un siglo, la ciencia intentó predecir la química de los objetos celestes mediante simulaciones. Hoy, las muestras del asteroide Ryugu confirman que esas predicciones eran acertadas.
La capacidad de encontrar estas estructuras moleculares en el espacio profundo sugiere que, si la vida ha surgido en otros puntos del universo, es probable que comparta una base bioquímica similar a la nuestra.
El ser humano se acerca así a completar el capítulo inicial de la historia biológica. Aquel que explica cómo la materia inerte del espacio se transformó en la base de la vida en la Tierra.
