La ciudad de Cracovia se erige orgullosa al sur de Polonia, muy cerca de las fronteras con la República Checa y Eslovaquia. Es, tras la capital Varsovia, la ciudad más poblada del país, con un área urbana que supera el millón y medio de habitantes.
El crecimiento de Cracovia se ha sostenido gracias al turismo y a los servicios, manteniendo su aspecto de ciudad medieval en su centro histórico, por el que miles de visitantes pasean cada día asombrándose de todo lo que la ciudad tiene que ofrecer.
El corazón de Cracovia, sin embargo, se encuentra en Wawel, la colina ubicada junto al río Vístula, y en donde se conservan dos de los lugares más importantes de la historia de la ciudad, la Catedral y el Castillo de Wawel.
Una parte imprescindible de lo que simboliza Polonia está concentrada en estos dos edificios, que sirvieron en su momento de catalizador para el sentimiento nacional. Es por ello que tanto el castillo como la catedral son de visita obligada, guardando además algunos secretos más que curiosos, como el esqueleto del supuesto dragón que podemos encontrar en el templo de Wawel.
La historia de Polonia reunida en una colina
Wawel no es un simple barrio más de Cracovia, y eso es algo que cualquiera puede entender nada más pisar la colina.
Habitada desde el siglo VI d.C., el lugar pronto se convirtió, gracias a su orografía, en el sitio ideal para ubicar el gobierno de la ciudad. El castillo se erigió en lo alto de la colina, y junto a él se edificó también un gran templo que sirvió de catedral. Así, durante buena parte de la Edad Media y el Renacimiento, Wawel concentró el poder político de toda Polonia, ya que en aquel momento Cracovia hacía las veces de capital del reino, si bien las luchas de poder entre distintos nobles eran constantes.
El recinto que agrupa al Castillo y a la Catedral se convirtió en un centro neurálgico de la época, simbolizando también el nacimiento de un poder nacional que todavía hoy se manifiesta.
Subir los 230 metros de la colina para visitar este enclave es una experiencia obligada para los turistas que pasen por Cracovia, pues permite descubrir una parte ineludible de la historia de Polonia.
De hecho, el conjunto es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1978, destacando como uno de los lugares más importantes del sur de Polonia. También lo sigue siendo a nivel cultural y religioso, ya que en su catedral se conservan los restos de Estanislao de Cracovia, un importante santo nacional y mártir.
Durante siglos, la Catedral de Wawel sirvió como sede de coronación de los reyes polacos, quienes posteriormente solían quedarse a vivir en el Castillo.
Cracovia perdió la capitalidad hace siglos y, de la misma forma, se convirtió en república, primero en manos de diferentes imperios y más tarde por su propia cuenta.
El legado de los monarcas y duques polacos sigue intacto en Wawel, que, para muchos, representa el esplendor de la mejor época de Polonia. Así, la Catedral tampoco está exenta de sus propias leyendas, que, como es habitual, involucran a héroes legendarios y a criaturas monstruosas.
El Dragón de Wawel y el héroe Skuba
Cuando un lugar concentra tanto poder como lo ha hecho Wawel en Cracovia, es lógico que se creen leyendas a su alrededor, para dotar al sitio de ese aura de misticismo que lo haga inolvidable.
En el caso de la colina, la leyenda cuenta que el castillo y la catedral se construyeron sobre la cueva de un terrible dragón, que atemorizaba a los ciudadanos de la ciudad siglos atrás. Desde la colina, la bestia era capaz de dominar todo el paisaje y solía devorar a sus víctimas y quemar las casas y los edificios de la ciudad cuando le venía en gana. Muchos caballeros intentaron vencerle, pero el dragón era demasiado fuerte. Así que tuvo que ser Skuba, un humilde pero sagaz zapatero, quien le diera muerte, de una forma muy inusual.
Conociendo el gusto del monstruo por los corderos, decidió rellenar a uno de estos animales, que ya había fallecido, con un montón de azufre. El cebo surtió efecto, y el temible dragón devoró al cordero y quedó embargado por una sed terrible. Tanta que, para saciarse, tuvo que beberse toda el agua del río Vístula, que discurría junto a su cueva. Tras ello, el dragón terminó reventando por toda el agua que había consumido.
Los habitantes de Cracovia se liberaron así de su presencia y, para recordar la hazaña, recuperaron varios de sus inmensos huesos, que hoy cuelgan en una de las entradas de la catedral. Se dice que si en algún momento los huesos llegan a caerse, el mundo acabará.
Obviamente, y a pesar del romanticismo de la leyenda, los huesos que encontramos en Wawel no son exactamente de un dragón, si bien su tamaño podría hacernos dudar por un momento. De hecho, corresponden a bestias igual de enormes, como elefantes, ballenas o incluso mamuts, según se dice.
La leyenda del dragón sigue vigente en la ciudad y, de hecho, los turistas pueden visitar las catacumbas de la antigua cueva de la bestia, ubicadas en la parte inferior del complejo de Wawel. Tras la visita, a la salida de la gruta, una imponente estatua de dragón nos saluda, tan realista que incluso expulsa fuego cada cinco minutos.
Se trata de uno de los rincones más sorprendentes de Cracovia y de una visita inaplazable para quienes se pasen por la ciudad.
