Según Discovery Channel, el Gran Agujero Azul de Belice es uno de los 10 lugares más increíbles del planeta Tierra.
Para los amantes del buceo, es una especie de meca que alberga una de las inmersiones más emocionantes y desafiantes que puedan existir. Para los meteorólogos, es el diario climático más preciso de Mesoamérica.
Y, para quienes rastrean las huellas de la historia, ofrece una teoría fascinante sobre el declive de una de las civilizaciones más brillantes de la humanidad.
Este abismo submarino, situado en el atolón Lighthouse Reef, a poco más de 60 km de la costa beliceña, es todo esto y más.
Complejo, misterioso e increíblemente profundo, el Gran Agujero Azul es uno de esos sitios del planeta que plantean interrogantes, pero también arrojan certezas. Porque en sus entrañas se encontraría la explicación del interrogante sobre la desaparición del reino maya.
Geología de un abismo: ¿qué es y cómo se formó el Gran Agujero Azul de Belice?
Visto desde el aire, parece un círculo casi perfecto de un azul intenso que contrasta con el turquesa a su alrededor, dejando entrever su profundidad.
Técnicamente, el Gran Agujero Azul de Belice es el vestigio de una cueva de piedra caliza que colapsó a finales de la última Edad de Hielo, cuando el nivel del mar subió y anegó las cámaras subterráneas.
Sus dimensiones (casi 300 metros de ancho y 125 de profundidad) lo convierten en el mayor sumidero de su tipo del mundo.
Desde lo alto también llama la atención su cresta cubierta de coral. Pero no cualquiera, sino uno que forma parte del Sistema Arrecifal Mesoamericano, el segundo más grande del mundo, detrás de la Gran Barrera australiana. Por ende, sus alrededores rebosan de vida.
Mientras tanto, en sus zonas más oscuras, donde el oxígeno brilla por su ausencia, se conservan vestigios del pasado geológico de la región.
Más allá de donde llega la luz del sol, las estalactitas y estalagmitas (formadas cuando la cueva aún estaba seca y expuesta al aire) cuentan una historia de sequía y colapso que alteró el destino de la civilización maya.
El Gran Agujero Azul de Belice y el fin de una era
Durante más de 3.500 años, la civilización maya gobernó Mesoamérica. Sus dominios se extendían desde la península de Yucatán, atravesaban Guatemala y llegaban hasta Honduras y El Salvador.
Eran prodigios en astronomía, en la agricultura y en su sistema de calendario.
Paradójicamente, a pesar de ser avanzados en múltiples materias, los mayas desaparecieron y todavía no se entiende muy bien cómo ni por qué. Sus ciudades quedaron abandonadas y, lentamente, fueron consumidas por la vegetación.
La teoría más aceptada habla de una gran sequía que habría provocado hambrunas y disturbios en la vida de los mayas. Y resulta que la explicación de esto se encuentra en las capas más profundas del Gran Agujero Azul de Belice.
Andre Droxler, geólogo de la Universidad de Rice, es uno de los máximos defensores de esta hipótesis y sus investigaciones parecen confirmarlo. Su equipo llevó a cabo perforaciones en los núcleos del Agujero Azul y en una laguna cercana. Los hallazgos fueron reveladores.
Los minerales extraídos indican que entre los años 800 y 900 d.C. se produjo una sequía extrema, coincidiendo con el declive de las ciudades de Yucatán. Sin lluvias que alimentaran sus complejos sistemas de riego y sin cosechas de maíz para sostener a una población en crecimiento, el tejido social de los mayas se resquebrajó.
El declive de las tierras bajas del sur no supuso el fin inmediato de la cultura maya, sino el inicio de una migración desesperada.
Los supervivientes se desplazaron hacia el norte, hacia las tierras áridas de la península de Yucatán, donde fundaron o fortalecieron ciudades como la mítica Chichén Itzá. Sin embargo, la tregua de la naturaleza fue breve.
Los registros del Gran Agujero Azul de Belice revelan una segunda anomalía climática, un nuevo periodo de aridez extrema que azotó la región entre los años 1000 y 1100 d.C.
Este “segundo asalto” de la sequía fue el que finalmente doblegó la resistencia de una civilización que ya estaba herida. Los sedimentos indican que este fenómeno coincidió con el abandono definitivo de los grandes centros urbanos del norte.
Así, se daba por finalizado un ciclo de esplendor que no volvería a repetirse.
Análisis de sedimentos: el registro científico de las lluvias
Para los científicos, la causa de la sequía que acabó con los mayas fue un cambio en la zona de convergencia intertropical (ZCIT).
Este sistema monzónico generalmente azota la península de Yucatán y otras áreas tropicales del mundo durante el verano, mientras que en invierno las lluvias se desplazan hacia el sur. Se cree que en esta ocasión la ZCIT pasó prácticamente desapercibida.
Pero, ¿por qué los sedimentos del Gran Agujero Azul actúan como registros geológicos?
Durante los períodos de mayor humedad, el desbordamiento de ríos y arroyos continentales arrastra finas capas de sedimento ricas en titanio y otros minerales hacia el atolón.
Las mismas, al entrar en el círculo de aguas tranquilas del agujero, lentamente se trasladan hacia las profundidades, apilándose unas por encima de otras, dejando un registro histórico del clima.
Al no existir corrientes profundas que agiten el fondo, estas láminas de barro y minerales permanecieron intactas durante milenios.
Cuando los geólogos extraen fragmentos de este sedimento, acceden a una línea del tiempo en la que la ausencia de titanio se convierte en la principal explicación de una sequía devastadora.
Más allá de las lluvias: cosmología maya y factor humano
Los historiadores suman otros factores al declive de los mayas. Si bien coinciden en que la sequía fue el catalizador, la gestión humana habría acelerado la caída.
La deforestación masiva para alimentar los hornos de cal (necesarios para el estuco de sus monumentos) alteró el microclima local y erosionó el suelo.
A esto se suma el factor cosmológico. En una cultura en la que los reyes eran los mediadores ante los dioses de la lluvia, una sequía prolongada se consideraba un castigo. En última instancia, el abandono de las ciudades pudo haber sido la consecuencia de no contar ya con el favor de las divinidades.
Más allá de eso, el Gran Agujero Azul de Belice sirve como recordatorio de que ninguna civilización es demasiado avanzada para los embates de la naturaleza. En definitiva, esta cápsula del tiempo refleja cómo la lluvia (o su ausencia) puede determinar el destino de un imperio.
