En el noroeste de Islandia, “la tierra del hielo y el fuego”, los Fiordos del Oeste se presentan como uno de los territorios más salvajes e inhóspitos de Europa.
Estos brazos de mar que se adentran entre montañas escarpadas, como si la naturaleza hubiera tallado un camino entre acantilados para que el océano pudiera colarse tierra adentro, son un destino que no muchos conocen, pero que merece absolutamente la pena.
Islandia es un país que parece sacado de una película, o mejor dicho, es un destino cuya belleza inspiró grandes producciones cinematográficas, como la aclamada serie “Juego de Tronos”. Incluso J.R.R. Tolkien encontró en los paisajes islandeses la esencia de la Tierra Media, ese universo donde conviven hobbits, humanos y criaturas mitológicas.
Los Fiordos del Oeste, por su parte, inspiran a los viajeros solitarios, a aquellos que buscan los rincones más remotos de nuestro planeta. Enormes acantilados, faros solitarios, glaciares, penínsulas y bahías configuran un paisaje que solo los más intrépidos tienen la suerte de descubrir.
Si planeas viajar a Islandia, no te limites a Reikiavik y el Círculo Dorado. Salirse de las rutas turísticas habituales decanta, muchas veces, en grandes sorpresas. Los Fiordos del Oeste pueden ser una de ellas.
Los Fiordos del Oeste en el mapa de Islandia
Los Fiordos del Oeste ocupan la cara occidental de Islandia, formando una gran península que se proyecta como una garra hacia Groenlandia. Se trata de una región dentada, marcada por múltiples entrantes y salientes, justo por encima de Snæfellsnes.
Esta región remota sobrevive gracias a la pesca y al turismo, que, si bien no se compara con el resto del país, representa un sustento clave para las pocas almas que habitan estas tierras.
Y cuando decimos pocas, es literal. En Isafjordur, la capital de los Fiordos del Oeste, viven apenas unas 3.000 personas, mientras que otras tantas habitan los pequeños pueblos pesqueros a orillas del mar.
Isafjordur se encuentra a unas cinco o seis horas por carretera de Reikiavik, la capital y ciudad más poblada de Islandia. La distancia entre ambos puntos no es tan grande (unos 400 km), pero las curvas cerradas, pasos de montaña y algunos tramos de ripio, enlentecen la conducción. Aunque, claro, el viaje en coche entre ambos destinos es, en sí mismo, una aventura.
Para llegar a Ísafjörður desde Reikiavik tienes que tomar la Ring Road (Ruta 1 o Circunvalación) en dirección norte, pasar por Borgarnes y continuar hasta el desvío hacia la Ruta 60.
Una vez allí, sigue por esta carretera que atraviesa montañas, valles y cruza el paso Þröskuldar, hasta conectar con la Ruta 61, que bordea varios fiordos y llega finalmente a Ísafjörður.
También se puede volar desde Reikiavik a Ísafjörður, aunque la experiencia no es la misma. Como alternativa, el ferry Baldur conecta Stykkishólmur (en la península de Snæfellsnes, a 170 km de Reikiavik) con Brjánslækur, ya en los Fiordos del Oeste. El trayecto completo combina tramos por tierra y mar y dura unas seis horas.
Ísafjörður se ubica en uno de los fiordos centrales y es la base más utilizada para explorar la región. En este antiguo puerto ballenero se conservan las típicas casas de madera coloridas, muchas de ellas convertidas en cafés y restaurantes donde los viajeros hacen una pausa antes de salir de expedición.
Incluso, algunos se llenan de energía para navegar en kayak hacia la isla de Vigur, situada en la mitad del fiordo Ísafjarðardjúp.
Allí nos esperan el faro más antiguo de Islandia (construido en 1937), grandes colonias de aves marinas, focas y hasta alguna ballena jorobada si se viaja en época de avistamiento.
¿Qué secretos esconden los Fiordos del Oeste?
La isla de Vigur podría ser una especie de preámbulo de todas las maravillas naturales que nos esperan a medida que recorremos los Fiordos del Oeste. Porque este es solo el comienzo de la aventura y es momento de subirse al coche (un todoterreno, como condición sine qua non si vas fuera del verano) y comenzar a desandar la región.
Aunque tal vez lo segundo que quieras hacer es tomar alguno de los ferris semanales que parten desde el muelle de Ísafjörður rumbo a Hesteyri, en la cara sur de la Reserva Natural de Hornstrandir. Situado en la parte más septentrional de la península, Hornstrandir es el rincón más salvaje de Islandia y el hogar del zorro ártico, el único mamífero autóctono del país.

Aquí no llega el tráfico rodado, por lo que la reserva es accesible únicamente por vía marítima, lo que significa que para moverte por esta área protegida desde 1975, tendrás que valerte de tus piernas.
De hecho, es una de las mecas del senderismo europeo, con rutas que atraviesan paisajes de tundra, precipicios, glaciares y, por supuesto, fiordos. La caminata más exigente dura cinco días y solo se recomienda para los senderistas experimentados (o quizás aventureros), capaces de hacer frente a las duras condiciones climáticas de la región.
El resto del territorio podrás recorrerlo en coche (de hecho, es la mejor forma de explorar la región de los Fiordos del Oeste). Una ruta circular desde la capital (para hacer en tres días) podría comenzar por Bolungarvík, un pueblo de alma marinera a solo 15 minutos de Ísafjörður, y visitar su Museo Marítimo.
Luego, desvíate hacia la playa aislada de Skálavík para sentir los rugidos del Atlántico, y tras tomar un par de fotografías, sigue camino a Súðavík, donde podrás aprender todo sobre el zorro ártico en el Arctic Fox Center.
El segundo día puedes conducir hasta Þingeyri, un pequeño pueblo situado frente al fiordo Dýrafjörður. Allí sugerimos hacer una parada técnica en la cafetería Simbahöllin, ubicada en una casa de madera de color verde, para probar sus gofres belgas. Tras llenarte de energía, llévate la mejor postal subiendo al mirador del monte Sandafell (la caminata dura alrededor de una hora y media entre ida y vuelta).
La siguiente parada es la gran estrella del oeste: la cascada Dynjandi. Considerada la más bella de Islandia, se compone de siete saltos que en total acumulan 100 metros de altura. El agua cae de forma escalonada por paredes volcánicas hasta la bahía de Borgarfjordur, creando un espectáculo natural digno de admirar.

La mejor forma de terminar la jornada es en Flókalundur, donde podrás regalarte un baño al atardecer en Hellulaug, una piscina termal frente al mar. Ten en cuenta que es la más concurrida de todas las fuentes termales de la región, aunque la ubicación y las vistas que regala compensan el hecho de tener que compartir el lugar.
Para tu último día de esta ruta en coche por los Fiordos del Oeste te esperan playas solitarias, aves y acantilados en la parte sur de los fiordos, donde los paisajes se vuelven incluso más cinematográficos.
La primera parada puede ser Rauðasandur. Su nombre difícil de pronunciar no es lo que define a esta playa, sino su color rojo pálido, bastante peculiar, y, claro, su belleza marciana. Si la marea está baja, podrás caminar hasta una laguna interior desde la que parte una senda que comunica la playa con los acantilados de Látrabjarg, la siguiente parada de tu ruta.
Los acantilados de Látrabjarg se elevan a más de 400 metros y son los más altos de Islandia. Allí habitan cientos de aves marinas que anidan en verano. Las más fotografiadas son los frailecillos del Atlántico, que llegan a la zona entre mayo y septiembre.
Y al final de la jornada, en Patreksfjörður, puedes sentarte a mirar el fiordo con una taza caliente entre las manos y entender por qué este rincón del mundo es tan difícil de olvidar.

Cuándo viajar a los Fiordos del Oeste
Como podrás imaginar, adentrarse en estas tierras remotas requiere planificación. El solo hecho de viajar a Islandia lo demanda, pero más aún si planeas explorar los Fiordos del Oeste.
Uno de los puntos clave tiene que ver con el momento del año en que decidas ir. El verano es la mejor época, ya que durante el invierno muchas de las carreteras que bordean los fiordos se vuelven intransitables por la nieve y el hielo. Esto hace que la conducción, además de difícil, se vuelva peligrosa.
Otro factor que influye es la oscuridad. En los meses de invierno, la luz del sol apenas toca este rincón de Islandia. Como contracara, aparecen las auroras boreales, pero hay otros puntos del globo donde puedes apreciar este fenómeno sin correr riesgo. Si no puedes viajar en otro momento del año, aprovecha para recorrer el sur del país y deja tu aventura por los Fiordos del Oeste para otro verano.
¿Y cuándo es invierno en Islandia? Diciembre y enero son los meses más fríos del año, aunque las tormentas de nieve pueden comenzar a principios de septiembre y extenderse hasta mayo. Esto hace que junio, julio y agosto sean los meses perfectos para exprimir al máximo todo lo que esta región tiene para ofrecer.
Ahora sí, con una ruta clara y un sueño por delante, puedes comenzar a planificar tu aventura por los Fiordos del Oeste. Esto es una simple guía, una sugerencia de itinerario a la que puedes o no hacer caso. Más bien, sigue tu instinto y déjate guiar por los sentidos, ellos serán quienes te indiquen el camino.
Abre tus ojos, escucha el sonido del viento y del mar y déjate invadir por las sensaciones que solo la tierra del hielo y del fuego puede regalar.

Que lindo!!! Cuanta belleza..