Hay lugares que parecen guardar secretos que nadie debería intentar desvelar. Rincones en los que las energías oscuras se concentran, como si fueran atraídas hacia esa ubicación de manera irrefrenable.
Los expertos en fenómenos anómalos suelen recurrir a la explicación de que allí donde ha habido un gran dolor, esa energía se mantiene, como un remanente de toda la angustia y la rabia que esas paredes han visto. Tal vez así se pueda explicar lo que ocurre en el famoso Palacio Negro de Lecumberri.
El edificio, muy conocido en la Ciudad de México por su imponente estructura y su curioso color oscuro, sirvió durante sus primeras décadas como prisión. De hecho, fue una de las más importantes de todo el país, planeada a finales del siglo XIX, para albergar a todo tipo de presos.
Actualmente, el edificio pertenece al Archivo General de la Nación y en su interior trabajan centenares de funcionarios. No son pocos los que han asegurado haber sentido presencias extrañas en el antiguo palacio: voces, sombras e incluso gritos en medio de la noche.
¿A qué se deben estos fenómenos? ¿De dónde surge la leyenda negra del Palacio de Lecumberri?
El penal más moderno de toda América Latina
El Palacio de Lecumberri, llamado así por el apellido de un terrateniente de origen español que era dueño de las tierras donde se edificó, fue planeado como un penal gigantesco y muy moderno, allá por finales del siglo XIX.
Fue, de hecho, uno de los primeros en contar con un diseño panóptico, en el que las galerías de celdas se extendían como tentáculos desde una rotonda central, donde se ubicaba una torre de 35 metros que vigilaba todo lo que ocurría en la cárcel.
Lecumberri podía albergar más de 1.000 presos, entre varones, mujeres e incluso menores de edad. Fue inaugurado en 1900 por Porfirio Díaz y durante años se le consideró toda una maravilla de la arquitectura.
Sin embargo, detrás de los muros, las torturas y los malos tratos llenaban el lugar de gritos y desesperación. En el recinto llegaron a estar encerrados muchos nombres importantes de la política mexicana, como Pancho Villa o Ramón Mercader, asesino de Leon Trotsky, e incluso autores como William Burroughs.
Con el paso de las décadas, las condiciones en el penal se volvieron extremadamente duras. Era habitual que estuviera superpoblado, con muchos más presos de los que su capacidad admitía, y esto no tardó en traducirse en problemas como la pésima atención a los encarcelados, las revueltas y los conatos de fuga.
Finalmente, el penal fue clausurado en 1976 y, en 1980, pasó a manos del Archivo General de la Nación. Nunca más se volvió a encarcelar a nadie en Lecumberri, pero el palacio ya había visto suficiente en los años anteriores. Y todo eso quedó impregnado en sus rincones.
No es el caso de otras cárceles históricas, como la antigua prisión de Nara, que se han reconvertido en hoteles.
Los espectros del Palacio Negro
Desde fuera, la antigua penitenciaría destaca por el carácter sobrio de su fachada, de un color oscuro que resulta hoy por hoy elegante.
Sin embargo, el apelativo de Palacio Negro no se debe a su color, sino a todo lo que ocurría en su interior. Muchos de los encarcelados eran personas que vivían en la propia Ciudad de México. Al ser liberados (si es que lo eran), contaban a sus familias el horror que habían visto y vivido en las celdas de la prisión.
Así, el Palacio de Lecumberri pronto acogió su nuevo apelativo de “Negro” y el horror se fue extendiendo más allá de sus ásperos muros.
Al cerrarse la prisión, todo pareció cambiar. El lugar se modernizó para albergar el Archivo General de la Nación, donde se custodian algunos de los documentos más importantes de México.
Sin embargo, durante estas cuatro décadas y media, muchos trabajadores del lugar han asegurado que no se sienten cómodos entre los muros del palacio.
Son incontables las historias que hablan de sensaciones extrañas, ráfagas imposibles en estancias cerradas, e incluso sonidos que parecen venir de lugares o tiempos muy lejanos.
Como ocurre en muchos otros casos, en Lecumberri también hay historias de fantasmas muy concretas. El de Jacinto es uno de los más populares.

Se trata de un hombre que fue injustamente encarcelado y murió en el penal a mediados del siglo XX. Según se cuenta, su mujer Amelia le prometió que iría a visitarle en la cárcel, pero jamás cumplió su promesa. Hoy día, el espíritu de Jacinto todavía se presenta ante los guardias de seguridad, repitiendo una y otra vez, con voz pesada, “hoy tampoco vino mi mujer”.
Otra de las figuras importantes que suele hacer acto de presencia en los pasillos del antiguo penal al caer la noche es el Charro Negro. Este fantasma es muy popular en todo México, contando con leyendas a lo largo y ancho del país.
Vestido con sus mejores galas, este supuesto asesino en serie se aparece en las galerías del ahora archivo, precedido por unos gritos sobrenaturales y un olor a putrefacción que resulta inexplicable.
Un lugar que sigue marcado por el horror
El caso del Palacio Negro de Lecumberri no es, ni mucho menos, el único en el que se relaciona un antiguo penal con sucesos inexplicables.
La propia prisión de Alcatraz, seguramente una de las más conocidas de Estados Unidos, también cuenta con sus propias historias de fantasmas. Lo mismo ocurre en las cárceles de Alemania, España y el resto de Europa.
Aquí, en otro tiempo, se cometieron crímenes y torturas atroces. No es extraño pensar que todavía a día de hoy nos puedan llegar algunos ecos de todo ese sufrimiento, tal vez en forma de sombra que se pasea inconsciente por un lugar que ya no es el suyo, o tal vez como el eco de unos gritos que siguen sin encontrar consuelo. Si te apasiona descubrir monumentos imperiales asediados por la naturaleza y la historia, te invitamos a explorar las imponentes ruinas del Palacio de Sans-Souci.