Hay animales que poseen capacidades tan sorprendentes que uno no puede dejar de pensar que son prácticamente sobrenaturales. Cualquier persona que haya convivido con un gato, por ejemplo, sabrá que estos felinos son capaces de ver, o al menos intuir, cosas que el ser humano se pierde.
Ocurre también así con otros tantos animales salvajes, que suelen estar aún en contacto con la naturaleza, como si ese vínculo les permitiera ir más allá. Y el búho es un representante inmejorable de esta teoría, ya que parece un animal sacado de una historia de fantasía.
Por sus dotes naturales, por su propia presencia y por la vinculación que siempre ha tenido con la magia y lo sobrenatural, el búho mantiene actualmente ese halo misterioso que lo hace tan especial.
No en vano, sigue siendo un animal de poder en muchas culturas, que lo consideran prácticamente un ser con capacidades supranaturales.
Los búhos y sus capacidades naturales
Tomar ahora al búho como un animal prácticamente mágico puede sonar casi a delirio. Pero imagínate vivir en el siglo XII, por ejemplo, y descubrir a este animal ululando en cualquier bosque.
Ese propio sonido, que antecede a su visión, es una invitación a sumergirnos en un mundo sobrenatural. Como si el búho fuera capaz de llevarnos a un estado de hipnosis solo con su canto nocturno. Y este es otro punto importantísimo a la hora de analizar a estas aves. Son nocturnas.
Dadas sus características, el búho tuvo que adaptarse para ver en la oscuridad y cazar cuando todo estaba envuelto en la negrura. Por eso, sus ojos son tan grandes que incluso pueden girar dentro de sus órbitas.
Por si fuera poco, es uno de los pocos vertebrados capaces de girar la cabeza 270 grados, manteniendo su tronco en la misma posición.
Ahora piensa en cómo se sentiría una persona de la Edad Media al ver, en la rama de un árbol, a un pájaro de cabeza gigantesca y enormes ojos brillantes, mirándola fijamente con su rostro en su espalda.
Sin lugar a dudas, la sensación aterradora del búho marcó su vinculación con el mundo de la noche, pero esto ya viene de lejos.
Antes de ser el “amigo” de las brujas y los hechiceros, el búho ya formaba parte de muchas culturas paganas como uno de los animales más poderosos. Su majestuoso vuelo, casi imperceptible, le convertía en el rey de la noche, capaz de ver allá donde otros son incapaces, de escuchar aquello que pasa desapercibido para el resto. No es de extrañar que en muchas culturas se le haya considerado un enviado del “más allá”, como sus primos, los córvidos, pero con un aura mucho más tranquila y serena.
Entre el mal augurio y la sabiduría
La dualidad con la que se ha considerado siempre a los búhos como reyes de la oscuridad pero también dadores de luz es sorprendente. Y de hecho, ancla sus raíces en la antigua Grecia, donde este animal ya estaba vinculado a la figura de Atenea, diosa de la sabiduría.
El búho era considerado un animal mágico capaz de aportar erudición y conocimiento, hasta el punto de convertirse casi en símbolo del aprendizaje.
Esta visión también era común en otros lugares del planeta, entre las tribus nativas de Estados Unidos y México. La majestuosidad del animal le permitía ocupar un sitio predilecto en el panteón de bestias sagradas de muchas culturas.
Sin embargo, otras culturas consideraban a los búhos mensajeros del terror, adalides del mal agüero. En este sentido, su vinculación con la noche permitía, como con tantos otros animales, considerarlo como un siervo demoníaco.
Así lo podemos comprobar en varias zonas de África, incluido Egipto, donde se han encontrado jeroglíficos que apuntan a este animal como un esbirro terrible del mal.
Esta visión se afianzó posteriormente, con la expansión del cristianismo por Europa, al mantener su vinculación con el mundo natural.
Ahora, el búho es visto como un ser temido, cuando hasta hace unos siglos se mantenía como aliado de quienes buscaban el poder y la sabiduría.
Podría parecer un detalle menor, pero esa superstición ha marcado a la especie, hasta el punto de que en muchos lugares está en peligro de extinción por culpa de la caza furtiva.
En los dos últimos siglos, la vinculación de los búhos con lo sobrenatural se ha vuelto mucho más palpable en las obras de ficción, ya sea en la literatura, en el cine o incluso en los videojuegos.
Su presencia sigue fascinando y atemorizando a partes iguales, porque a estas alturas está claro que no hablamos de un animal común y corriente.