Cada noche, cuando la oscuridad cubre con su manto nuestro mundo, los seres humanos caemos en un estado cuanto menos curioso: el sueño.
Esta capacidad —más que una necesidad fisiológica, como ahora sabemos— nos ha fascinado desde que tenemos conciencia de nuestra propia especie. Porque dormir no es simplemente cerrar los ojos y despertar horas más tarde. También significa soñar.
Todos, sin excepción, soñamos cada noche entre cuatro y seis veces. Sin embargo, la mayoría piensa que no sueña porque no recuerda nada de ese mundo onírico. Eso no significa que las ensoñaciones no se estén desarrollando mientras dormimos. Lo que ocurre es que solo cuando despertamos en medio del sueño somos capaces de recordarlo, porque es en ese preciso instante cuando nuestra conciencia también se enciende, buscando una explicación a esas imágenes aparentemente arbitrarias que pasan por nuestro cerebro.
Al menos, así es para la mayoría. Porque también hay algunos privilegiados que son conscientes en todo momento de que están soñando. Es más, estas personas pueden incluso controlar sus propias ensoñaciones y viajar entre las de otras personas. Parece ciencia ficción, pero es totalmente real.
Así son los onironautas.
Sueños lúcidos: el poder de controlar la ensoñación
Habitualmente, las personas solo se dan cuenta de que están soñando cuando ya se han despertado.
En muchos casos, esos pequeños instantes de lucidez dentro del sueño se dan al final, como si, al darnos cuenta del “truco”, toda la magia se destruyese y la ensoñación se esfumase justo cuando estamos despertando.
Darnos cuenta de que estamos dentro de un sueño no es tan raro. Ser capaces de controlar lo que ocurre y manejarnos a nuestro antojo por el territorio onírico, sin despertar en el intento, ya es otra cosa.
Los sueños lúcidos son aquellas ensoñaciones en las que somos plenamente conscientes de nuestro estado de reposo. Sabemos que no estamos despiertos, que lo que nos ocurre no es real. Somos capaces de comprender nuestro estado onírico y, por lo tanto, de actuar en consecuencia.
Dentro de los sueños, las leyes de la física y la lógica no rigen como en el mundo real. Para la mayoría, simplemente es como ver una película desde el punto de vista del protagonista, en primera persona.
Lo sentimos como algo real porque lo estamos “viviendo”, pero no somos capaces de controlarlo. En los sueños lúcidos, esa barrera se rompe y pasamos de ser simples espectadores a verdaderos protagonistas, tomando decisiones que afectan a todo lo que ocurre en el sueño.
Aquellos capaces de controlar los sueños son los llamados onironautas, un término que surge de la combinación de la palabra oniro, que significa ensoñación, con nauta, que significa navegante.
Esto significa que estas personas no solo son capaces de entender que están soñando y de controlar lo que ocurre en ese mundo onírico, sino que también pueden viajar a los sueños de los demás. Algo que parece más propio de películas como “Origen” o “Pesadilla en Elm Street” si la cosa se pone fea, pero que es totalmente real.
De hecho, la ciencia lleva décadas investigando a estos onironautas. Y las conclusiones, por ahora, son increíbles.
Nos vemos en tu sueño
El estudio del sueño es una ciencia relativamente nueva. De hecho, hasta hace apenas un siglo ni siquiera éramos conscientes de lo que ocurre en nuestro cerebro mientras dormimos.
Gracias a los primeros estudios, se descubrió que el cerebro sigue activo durante el sueño, especialmente en la fase REM, aquella en la que hay más actividad neuronal, e incluso nuestros ojos realizan movimientos rápidos.
Poco a poco hemos podido entender mucho más acerca de los sueños, su función reparadora y su esencialidad para la memoria a largo plazo, e incluso se han desarrollado teorías que apuntan a que soñar es una especie de “pista de entrenamiento” para que enfrentemos emociones como la angustia o el miedo de forma controlada antes de vivirlas en el mundo real.
Los sueños lúcidos también han sido ampliamente investigados en las últimas décadas. Se ha estudiado en profundidad a personas que afirmaban ser capaces de controlar lo que soñaban, de forma habitual y con bastante maestría incluso.
Estas personas destacan por tener lucidez dentro de la ensoñación, como si estuvieran despiertas en ese mundo onírico. Así pues, ¿se puede mantener contacto con ellas, en tanto que están plenamente conscientes de su situación?
Varias investigaciones han demostrado que parece existir una comunicación bidireccional durante los sueños lúcidos. Los científicos enviaban ciertos estímulos, como preguntas, a la persona que soñaba en ese momento. Lo más sorprendente es que recibían respuestas cerebrales que se correspondían con lo que esa persona haría, a nivel neuronal, para responder a dichos estímulos.
Pero vamos más allá. En los años 70, un grupo de estudiantes de biología de Newcastle realizó uno de los estudios más avanzados sobre el sueño lúcido de los que se tiene constancia hasta hoy.
Los jóvenes tenían sueños lúcidos e incluso aprendieron a manejarse mejor en el mundo onírico, con mucha práctica. Lo más sorprendente es que buscaban la manera de viajar entre sus propios sueños, apareciendo en los de sus compañeros, pero no como meros personajes, sino plenamente conscientes y con capacidad de actuar. Compartir una ensoñación con un amigo y poder controlar todo lo que ocurre a nuestro alrededor en un mundo sin reglas. ¿No es fascinante?
A pesar de todo, los sueños lúcidos siguen siendo un campo todavía bastante inexplorado. La ciencia apenas ha podido corroborar esa manifestación de supuesta intencionalidad a la hora de responder a estímulos externos desde un sueño.
Muchos explican esto de los “sueños compartidos” como simples alucinaciones o, directamente, como relatos de una realidad adornada.
El ser humano sigue mirando a las estrellas, buscando nuevos lugares a los que viajar, cuando en realidad es posible que tengamos mucho más que recorrer en nuestros propios sueños.
