Hay objetos antiguos cuyo misterio se resolvió hace tiempo y otros que llevan casi tres siglos desconcertando a arqueólogos e historiadores por igual.
El dodecaedro romano pertenece a esta segunda categoría.
Los romanos fabricaron y usaron este pequeño objeto de bronce, con doce caras pentagonales y un agujero circular de distinto tamaño en cada una, pero no dejaron ninguna pista escrita sobre su función.
Casi 300 años de preguntas sin respuesta
El primer dodecaedro documentado se descubrió en 1739, en Aston, Inglaterra, y desde entonces se han identificado alrededor de 130 ejemplares más.
La mayoría se ha hallado en antiguas provincias romanas del norte y el centro de Europa: Gran Bretaña, Francia, Alemania, Bélgica, Suiza, Hungría, Luxemburgo, Países Bajos y Austria.
Ninguno se ha encontrado en Italia (el corazón del Imperio) ni en el Mediterráneo oriental, lo que ya de por sí resulta llamativo.
Los objetos varían en tamaño (entre 4 y 11 centímetros) y en peso, y suelen tener pequeñas esferas o remates decorativos en cada uno de sus veinte vértices.
Están fechados, según el hallazgo, entre los siglos I y IV después de Cristo. Lo más desconcertante es que no llevan ninguna inscripción, cifra ni letra grabada en la superficie. Tampoco aparecen en la abundante literatura romana, que sí describió con detalle otros objetos cotidianos de la época.
Para una civilización que llevaba registros meticulosos de casi todo, ese silencio resulta particularmente extraño.
Las teorías, de lo razonable a lo abiertamente extravagante
A lo largo de casi tres siglos se han propuesto decenas de hipótesis sobre la función del dodecaedro romano.
Entre las más debatidas por los especialistas figuran las que lo interpretan como un instrumento de agrimensura o de cálculo de distancias, un molde para fabricar anillos de distintos diámetros, una herramienta para tejer guantes, un candelabro portátil, una pieza de juego o incluso un objeto puramente ritual, vinculado a prácticas religiosas o funerarias.
Esta hipótesis ha cobrado fuerza en los últimos años por el contexto en el que suelen aparecer los dodecaedros.
Cuando se conoce el lugar exacto del hallazgo, suele tratarse de yacimientos funerarios o militares, termas, teatros, ocultaciones de monedas o incluso el lecho de un río, contextos que la arqueología romana vincula a depósitos rituales más que al uso doméstico.
El hallazgo que reavivó el misterio: Norton Disney, 2023
En junio de 2023, voluntarios del Norton Disney History and Archaeology Group, un grupo de arqueología comunitaria del condado inglés de Lincolnshire, encontraron un dodecaedro casi al final de una excavación de dos semanas. Estaba en un pozo que había sido una cantera de arena y que, en época romana, se usó como vertedero.
Se convirtió en el ejemplar número 33 hallado en Britania y el primero descubierto en la región de los Midlands.
Lo particular de este hallazgo no fue solo el objeto en sí, sino su estado. A diferencia de la mayoría de los ejemplares anteriores, encontrados dañados o fragmentados, este apareció completo y sin signos de desgaste ni de uso. Tiene aproximadamente el tamaño de un pomelo y está hecho de una aleación de cobre, estaño y plomo.
Ese hallazgo, sumado a su exhibición en distintos museos del Reino Unido y a un episodio del programa de la BBC Digging for Britain, devolvió el dodecaedro al centro de la conversación, esta vez amplificada por vídeos virales en redes sociales que multiplicaron (y en muchos casos distorsionaron) las teorías existentes.
La pista que lleva hasta el sudeste asiático
En distintos yacimientos arqueológicos del sudeste asiático se han encontrado objetos con una forma similar a la del dodecaedro europeo.
El arqueólogo francés Louis Malleret documentó ejemplares en Óc Eo, antiguo puerto comercial del reino de Funán, en el sur de Vietnam, y también se han identificado piezas decorativas (algunas de oro) en yacimientos de Birmania (los antiguos estados pyus) y de Tailandia, en Khao Sam Kaeo.
Lo más probable es que estos hallazgos asiáticos no sean el mismo objeto ritual europeo trasladado a miles de kilómetros, sino una prueba indirecta del alcance de las rutas comerciales entre el Mediterráneo romano y el sudeste asiático en la Antigüedad, en un período en el que ya se sabe que circulaban monedas y productos romanos por esa región.
Es un capítulo interesante, aunque paralelo: no resuelve para qué servía el dodecaedro, pero sí ayuda a calibrar hasta dónde llegaba la influencia comercial de Roma.
Dónde se puede ver uno hoy
Para quienes quieran ver alguno de estos objetos de cerca, varios museos europeos conservan ejemplares en sus colecciones permanentes, como el Rheinisches Landesmuseum de Bonn, en Alemania, que exhibe dos dodecaedros y un icosaedro relacionado, o el Museo Británico, en Londres.
El dodecaedro de Norton Disney, por su parte, se ha convertido en una pieza itinerante desde su hallazgo. Ha pasado por el Lincoln Museum, el National Civil War Centre de Newark y el Museo de la Universidad de Nottingham en Lakeside Arts, entre otras sedes del Reino Unido, así que antes de planear una visita puntual conviene confirmar en qué museo se exhibe en cada momento.
Con casi tres siglos de estudio, 130 ejemplares catalogados y ni una sola línea romana que lo explique, el dodecaedro sigue siendo uno de los pocos objetos de la Antigüedad clásica sobre los que la arqueología todavía no tiene una respuesta cerrada.