El calendario de eventos astronómicos de junio de 2026 no traerá eclipses ni lluvias de meteoros especialmente intensas.
Pero sí algo más accesible y, en algunos aspectos, más llamativo: una sucesión de fenómenos celestes visibles a simple vista, sin telescopio ni conocimientos previos.
Solo hace falta un horizonte despejado y saber cuándo mirar. El mes arranca con el fenómeno más esperado del periodo.
La conjunción de Venus y Júpiter, el 8 y el 9 de junio
Entre el 8 y el 9 de junio, Venus y Júpiter se aproximarán visualmente a menos de un grado de distancia en el cielo, formando una conjunción brillante visible al atardecer hacia el horizonte oeste-noroeste.
Al tratarse de los dos planetas más luminosos del cielo nocturno, el espectáculo resultará evidente incluso desde zonas con algo de contaminación lumínica.
Lo que ocurre en estas conjunciones es un efecto de perspectiva: los planetas no se acercan realmente entre sí, sino que desde la Tierra parecen alinearse en el cielo a pesar de encontrarse a distancias muy distintas en el espacio.
Venus estará considerablemente más cerca de la Tierra que Júpiter, pero ambos coincidirán en el mismo tramo del firmamento al caer la noche.
El 9 de junio es la noche clave. La separación entre ambos planetas se reducirá a aproximadamente 1 grado con 36 minutos, el equivalente a unas tres veces el diámetro aparente de la Luna llena.
Unos binoculares permitirán encuadrarlos juntos en el mismo campo visual.
El solsticio del 21 de junio
El verano de 2026 comenzará en el hemisferio norte el 21 de junio a las 9 horas y 24 minutos, hora peninsular española, según los cálculos del Observatorio Astronómico Nacional.
En ese instante, el Sol alcanzará su mayor declinación norte del año y el hemisferio norte registrará el día con más horas de luz.
La palabra “solsticio” viene del latín solstitium, formado por sol (sol) y sistere (detenerse), que, en conjunto, significan “el Sol se detiene”. En los días previos y posteriores al solsticio, la posición del Sol en el cielo a la misma hora apenas varía, como si se detuviera antes de retroceder.
Para el hemisferio sur, el 21 de junio supone el solsticio de invierno: la noche más larga del año y el punto desde el cual los días comenzarán a alargarse de nuevo.
La alineación de Mercurio, Venus y Júpiter
A lo largo de las primeras semanas del mes, Mercurio, Júpiter y Venus formarán una alineación visible después de la puesta del Sol sobre el horizonte occidental.
La presencia de los tres planetas en la misma franja del cielo vespertino, combinada en algunos días con una Luna creciente, generará postales celestes de considerable atractivo visual.
El 10 de junio también se registrará el máximo de actividad de las Ariétidas diurnas, lluvia de meteoros que podría alcanzar los 50 meteoros por hora.
Sin embargo, su nombre ya anticipa la dificultad: al producirse durante el día, con el radiante cerca del Sol, la observación queda limitada a las horas previas al amanecer mirando hacia el este.
La Luna de Fresa del 29 de junio
El último fenómeno destacado del mes llega el 29 de junio, cuando la Luna llena se producirá a las 23:57 GMT, brillando en la constelación de Sagitario, cerca del asterismo conocido como la Tetera.
Este fenómeno recibe el nombre de Luna de Fresa, aunque el término no tiene relación con su color.
El apelativo proviene de las tribus algonquinas de América del Norte, que llamaban así a la luna de junio porque coincidía con la temporada de cosecha de fresas silvestres en el noreste del continente.
En Europa, la misma luna recibía nombres como “luna de rosa” o “luna de hidromiel“, cada uno vinculado a los ciclos agrícolas locales.
Esa noche, la Luna llena brillará en Sagitario tan cerca del asterismo de la Tetera que, desde algunas regiones, parecerá estar dentro de él.
La luna puede verse anaranjada o rojiza al asomarse por el horizonte.
El efecto es puramente atmosférico y no tiene nada de extraordinario desde el punto de vista astronómico, pero no deja de ser uno de los espectáculos más limpios que ofrece el cielo.
Sin equipos sofisticados ni desplazamientos complicados, junio de 2026 plantea varias citas celestes que no hay que perderse.
La única condición real es salir, mirar hacia arriba y dejar que los ojos se acostumbren a la oscuridad.