Una pista sobre un acantilado, una playa donde los aviones pasan a 25 metros de las cabezas y un altipuerto alpino con una pendiente del 18,6%: cinco aeropuertos donde cada aterrizaje exige una destreza especial.
Saba, en el Caribe, puede presumir de tener la pista comercial más corta del mundo, con solo 400 metros de longitud. Sin embargo, su verdadero orgullo es que es una de las pistas más seguras de la aviación comercial: nunca se ha producido en ella un solo accidente aéreo. Para aterrizar en este aeropuerto, llamado Juancho E. Yrausquin, los pilotos deben superar una prueba especial que les autoriza a despegar y aterrizar en esta hermosa isla del Caribe holandés. La pista está construida sobre un acantilado en esta montañosa isla de apenas 13 kilómetros cuadrados, un imán para los amantes de los deportes acuáticos y el senderismo.
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Princess Juliana, en Sint Maarten, también en el Caribe y parte del Reino de los Países Bajos. Aquí los aviones sobrevuelan la playa a apenas 25 metros de altura. Multitudes de curiosos acuden para sentir la emoción de ver pasar aviones de todo tipo justo por encima de sus cabezas, y la calma de las aguas turquesas se ve rota por el rugido constante del tráfico aéreo. Conviene cerrar los ojos en el momento en que aterriza un avión, ya que la arena que levanta hacia la playa puede dañar los ojos de los bañistas. El aeropuerto se ha convertido en una sensación en las redes sociales, un auténtico fenómeno viral, pero el espectáculo entraña un riesgo real: en julio de 2017, una turista neozelandesa de 57 años murió tras ser arrastrada por el chorro de un reactor en el despegue desde la valla de la pista a la que se aferraba.
Courchevel, en los Alpes franceses, desde donde despegaba James Bond en «El mañana nunca muere», tiene una pista de 537 metros con una pendiente del 18,6 %, situada a 2.008 metros de altitud. Eso convierte a este pequeño aeropuerto en uno de los más peligrosos del mundo. La nieve, por supuesto, no pone la tarea nada fácil a los pilotos. Llegar a zonas de gran altitud con condiciones meteorológicas complejas supone un reto incluso para los más expertos.
El aeropuerto de Toncontín, en la capital de Honduras, Tegucigalpa, tiene una pista de 1.863 metros de longitud, algo escasa para muchos tipos de aviones. Cuenta en su historial con dos accidentes aéreos graves. De hecho, tras el accidente de 2008, que dejó cinco víctimas mortales, el presidente del país anunció que Toncontín dejaría de operar vuelos internacionales, por razones más que obvias. En aquel accidente, el piloto se pasó de pista y el avión aplastó varios coches de la carretera hasta detenerse por completo. Dos de las víctimas ni siquiera viajaban en el avión. Desde octubre de 2021, los vuelos internacionales a la capital utilizan el nuevo aeropuerto internacional de Palmerola, en Comayagua, y Toncontín solo opera vuelos nacionales y regionales.
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El aeropuerto de Gibraltar se construyó durante la Segunda Guerra Mundial en el istmo que une España con el territorio británico. Tensiones entre ambos países aparte, lo que lo hizo famoso es que su pista cruzaba de lado a lado Winston Churchill Avenue, la carretera de cuatro carriles de acceso a Gibraltar. Durante décadas, todo el tráfico debía detenerse y «congelarse» cada vez que un avión necesitaba pasar, y saltarse un semáforo en rojo o ignorar las advertencias podía haber sido desastroso. Aun así, nunca se registraron accidentes graves. En 2006, un vuelo perdió de vista la pista y se saltó el protocolo al intentar un segundo aterrizaje, poniendo en peligro a los conductores, aunque no hubo víctimas. En febrero de 2017, la policía de Gibraltar detuvo el despegue de un vuelo para arrestar a un pasajero condenado por acoso sexual, lo que paralizó el tráfico de la carretera durante dos horas. Desde marzo de 2023, los coches utilizan un nuevo túnel bajo el extremo oriental de la pista; solo peatones y ciclistas siguen cruzando el asfalto.