De todos los animales que pueblan la Tierra, es probable que la serpiente sea una de las especies más controvertidas, al menos desde el punto de vista del ser humano. Este reptil ha tenido, desde hace siglos, una connotación negativa evidente que llega incluso a calar en la religión.
La forma en que Satanás se presenta a Eva en el paraíso no es casualidad. La serpiente es un animal peligroso, desde luego, pero no más que otras especies que conviven con nosotros. Solo que hay una diferencia. Su sibilino acercamiento a sus víctimas, que le permite cazar sin ser vista ni oída, y su implacable veneno.
Tal vez por ello, el ser humano ha perdido la batalla frente a este animal en aquellos lugares donde la especie nos supera en número. Y hay una pequeña isla en Brasil que ejemplifica esto a la perfección.
A unos kilómetros de la costa del estado de São Paulo, nos encontramos con la Isla de Queimada Grande, también conocida como Isla de las Cobras.
El sobrenombre ya lo dice todo: este es el territorio de una especie de serpiente autóctona cuyo letal veneno la convierte en una de las más peligrosas del mundo. Por eso casi nadie se atreve a entrar en esta isla, ya que el riesgo de no salir de allí es muy alto.
Isla de Queimada Grande, un lugar del que casi nadie puede escapar
La isla de Queimada Grande es un insólito ejemplo de cómo la naturaleza puede, todavía a día de hoy, ganarle la partida a la desmedida ambición del ser humano.
Situada a poca distancia de São Paulo, una de las ciudades más grandes de Sudamérica, la isla siempre ha estado habitada por una especie muy concreta de víbora, autóctona de la zona.
De hecho, es el único espacio del mundo donde se puede encontrar esta serpiente, lo que ha hecho que esté protegida de forma extrema desde hace unas décadas. Sin embargo, la especie ya había demostrado su capacidad de defender su territorio desde mucho antes, lo que imposibilitaba que el ser humano pudiera quedarse en la isla.
Hubo intentos, desde luego. El propio nombre del lugar hace referencia a una “gran quemada“, posiblemente un incendio provocado para arrasar con los árboles que impedían preparar la tierra para la agricultura.
Sin embargo, la naturaleza terminó abriéndose camino y la existencia de estas serpientes supuso un peligro tan letal para el ser humano que, al final, dieron por perdida la isla.
Se conserva un faro, que ayuda a llegar a las costas de São Paulo y que estuvo habitado y mantenido por un farero hasta hace un siglo. Desde entonces funciona de forma automática y las serpientes se han hecho con la isla por completo.
La isla de Queimada Grande terminó convirtiéndose en la isla de las cobras y, ahora, ya sin la presencia del ser humano, la especie se expandió, llegó a reproducirse y conquistó todo el territorio.
Esto ha supuesto un claro peligro para cualquiera que se acerque a la isla. De hecho, desde hace unos años la Marina de Brasil ha prohibido la visita a la Isla de Queimada Grande, por lo que los turistas no pueden acercarse a ella a menos que cuenten con un permiso especial.
Esta concesión solo suele otorgarse a algunos grupos de científicos que llegan a la isla interesados en el hábitat de las serpientes, para estudiarlas en su territorio.
La isla ha terminado por convertirse en un santuario para estos reptiles y fue declarada lugar natural protegido en 1985.
El peligro de la bothrops insularis
La víbora autóctona de la isla lleva su nombre, serpiente de la Isla Queimada o, en su denominación oficial, la bothrops insularis.
Se trata de una víbora de cabeza de lanza dorada, que puede superar el metro y vive exclusivamente en este lugar. No es la única serpiente de la isla, por supuesto, pero sí es la más llamativa, por ser endémica del territorio y también por su veneno, uno de los más letales del planeta. De hecho, ese veneno es lo que ha hecho que la isla sea conocida como la más peligrosa del mundo.
Irónicamente, la especie está en grave peligro de extinción desde hace unos años. Su expansión en la isla ha provocado que no cuente con depredador natural, pero también ha expulsado a casi todos los animales que le sirven de alimento.
La serpiente disfruta colgándose de los árboles o acechando a sus víctimas entre las hojas de los arbustos. La vegetación, sin embargo, se está perdiendo en la isla y las serpientes están viviendo el colapso de su hábitat natural.
A esto se le suma el mal de la endogamia, que está produciendo ya especímenes incapaces de reproducirse, por ser un grupo tan cerrado.
Al vivir exclusivamente en este pequeño espacio de 43 kilómetros cuadrados, la especie no puede crecer demasiado, por lo que su riesgo de extinción es constante. Aun así, los lugareños afirman que hay más de cinco serpientes por metro cuadrado en la Isla de Queimada, aunque, por supuesto, no todas tienen por qué ser de este tipo de víbora.
En la actualidad, los científicos y biólogos se afanan por estudiar y proteger a estos animales, aunque el Gobierno de Brasil prefiere mantenerlos a raya para evitar que su letal veneno cause estragos. Esta serpiente ha hecho de Isla Queimada un lugar inhóspito al que casi nadie quiere llegar y del que resulta muy difícil salir indemne.
