Gante es una preciosa ciudad belga situada a apenas una hora en coche de Bruselas. A medio camino entre la capital del país y la reconocida ciudad de Brujas, en Gante vamos a encontrar uno de los centros históricos mejor conservados de esta zona de Europa, con edificios que merecen la visita a la ciudad por sí solos.
Su ubicación, entre dos pequeños ríos, la convirtió ya en su momento en una ciudad-estado importante. Hoy en día se la conoce sobre todo como centro cultural y como ciudad universitaria, lo que atrae a gran parte de la juventud.
El símbolo de la ciudad de Gante es, sin duda, la Torre Belfort, construida en el siglo XIV, que sirvió en su momento como torre de vigilancia gracias a sus más de 90 metros de altura. La torre es patrimonio de la UNESCO y ofrece unas excepcionales vistas desde su legendario campanario. Una subida que, sin duda, vale la pena para disfrutar de la panorámica de la Plaza del Mercado, un lugar de ebullición del arte y la cultura de la ciudad.
Y justo al lado de esta torre, en un edificio más pequeño y menos llamativo, encontramos una escultura que nos parecerá imposible: una mujer amamantando a un anciano. ¿Qué significado puede tener esta pieza escultórica en un lugar como este?
La Torre Belfort y el Dragón que vigila la ciudad
Cuando llegamos a la Grote Markt o Plaza del Mercado, ahora conocida como Plaza Mayor, quedamos deslumbrados por todo lo que hay a nuestro alrededor. En este inmenso espacio abierto encontramos todo tipo de restaurantes, bares y tiendas, pero también es usual toparnos con artistas callejeros que cantan, bailan o hacen malabares. La plaza es el corazón mismo de la ciudad y a su alrededor se han ido construyendo los edificios más históricos de la misma, como la iglesia de San Nicolás o la catedral.
En medio de ambas, erigiéndose orgullosa por encima del resto de los edificios, se alza la Torre Belfort.
Esta inmensa torre medieval de 91 metros de altura fue construida en el siglo XIV como medida defensiva. Gracias a su imponente altura, que todavía a día de hoy la hace destacar, los ganteses podían avistar a sus enemigos desde muy lejos y prepararse para defender la ciudad.
También ha servido como torre de vigilancia para detectar incendios y, posteriormente, como archivo y tesorería de la ciudad.
Los bienes de Gante eran vigilados por el imponente Dragón Dorado, que hace las veces de veleta en la torre y observa la ciudad desde 1377.
Actualmente, el campanario municipal es un lugar de visita obligada para los turistas y también alberga un espectacular carillón que “interpreta” diversas melodías y canciones populares a lo largo del día.
La torre del campanario municipal se ha convertido en todo un símbolo de Gante, no solo por su imponente altura, sino también por su gran valor histórico.
A su alrededor, la Lonja del Paño fue construyéndose hasta ser terminada en 1907. Uno de los edificios que acogía esta construcción, aledaña al campanario, era la casa del carcelero, sobre cuya puerta podemos contemplar actualmente una de las esculturas más llamativas de la ciudad: el Mammelokker.
La leyenda de la mujer que amamantó a su propio padre
El término Mammelokker se traduce literalmente como “el que amamanta” o “el que succiona el pecho”. Es usualmente utilizado para niños pequeños, pero parece que, en el caso que nos concierne, las tornas cambiaron.
La leyenda cuenta que Cimón, un hombre ya anciano, fue condenado a morir en la prisión sin recibir ningún alimento. Su destino era perecer de inanición, algo bastante cruel si tenemos en cuenta su avanzada edad. Su hija Pera, la única familia que le quedaba en el mundo, pidió a las autoridades que le permitieran visitar a su padre cada día en la cárcel. Y su deseo le fue concedido.
Las autoridades confiaban en que el pobre Cimón no duraría demasiado sin poder comer, pero para sorpresa de todos, el anciano aguantaba días y días, en un estado de salud precario, pero sin dejarse vencer.
Extrañados, decidieron seguir a Pera en una de sus habituales visitas, solo para encontrar que la joven le estaba dando el pecho a su propio padre a través de las rejas de la celda. Al ser descubierta, la mujer se arrodilló ante el alguacil y pidió clemencia, ya que solo lo había hecho confiando en Dios. El juez, al conocer el caso y verlo de primera mano en la cárcel, decidió indultar a Cimón y perdonarle la vida.
Esta leyenda, muy popular en la ciudad, tiene su origen en la clásica historia de la “Caridad Romana”, recogida ya en el siglo I por Valerio Máximo. Los nombres de los protagonistas son los mismos que los que aparecen en dicha historia, que en su momento se popularizó mucho en la pintura y el arte, gracias a obras de Caravaggio.
Se decidió incluir dicha escena en la parte superior de la puerta del carcelero, en este edificio tan especial de Gante, con un relieve que muestra a la propia mujer dando el pecho a su padre con las rejas de por medio. Un detalle que a veces se les escapa a la atención de los turistas, embelesados ante tantos estímulos en esta Plaza Mayor de Gante.
