El 19 de septiembre de 1991, dos alpinistas alemanes encontraron un cuerpo emergiendo del hielo en los Alpes tiroleses, en la frontera entre Italia y Austria.
Lo que en un primer momento pareció el cadáver de un montañero resultó ser la momia natural más antigua de Europa.
Este hombre de la Edad del Cobre que murió hace 5.300 años con una flecha clavada en el hombro izquierdo fue bautizado como Ötzi (por el nombre del valle de Ötztal donde fue hallado), y desde entonces no ha dejado de deparar sorpresas a la ciencia.
La última es quizás una de las más sorprendentes: su cuerpo alberga levaduras vivas con las que un equipo de investigadores acaba de hornear pan de masa madre.
El hallazgo, publicado el pasado 3 de junio en la revista Microbiome, es el resultado de un análisis exhaustivo del microbioma de la momia, conservada en el Museo Arqueológico del Tirol del Sur en Bolzano a −6 °C y con una humedad del 99%.
Los investigadores del Instituto para el Estudio de Momias de Eurac Research querían trazar un mapa completo de los microorganismos que habitan en el cuerpo, sobre él y a su alrededor.
El objetivo era determinar cuáles pertenecen a Ötzi, cuáles llegaron después de su muerte y cuáles fueron introducidos durante décadas de trabajo de conservación.
Cuatro levaduras del hielo, activas después de milenios
Para obtener las muestras, el equipo solicitó autorización al museo y descongeló parcialmente la momia en abril de 2019 durante cinco horas, manteniéndola a 4 °C.
Recogieron los fragmentos de hielo que cubrían el cuerpo, el agua de deshielo, hisopos de la superficie externa y muestras de zonas internas. También analizaron sedimentos del lugar del hallazgo original y muestras tomadas en 1992 y 2010.
Entre los resultados, el equipo identificó cuatro cepas de levadura adaptadas al frío, del tipo que suele encontrarse en entornos extremos como los Alpes o la Antártida.
Su presencia en los intestinos, la piel y el agua de deshielo fue inesperada. El análisis genético reveló que los daños en su ADN eran comparables a los de otros microbios autóctonos de los intestinos de Ötzi. Esto último sugiere que los hongos colonizaron el cuerpo poco después de la muerte y han permanecido en él desde entonces.
Al comparar las muestras de 2010 y 2019, los investigadores comprobaron que una de las cepas, Glaciozyma, había proliferado hasta convertirse en la dominante, señal de que el ecosistema microbiano de la momia no es estático.
Hay voces que piden cautela. Algunos investigadores externos al estudio señalan que, sin evidencia de ARN (que indicaría que los genes de las levaduras están activos), no se puede descartar que permanecieran en estado latente o que se activaran durante el proceso de descongelación.
Pero el equipo de Bolzano defiende que el cambio en la composición entre ambas muestras apunta a actividad metabólica real.
Tres meses de intentos para conseguir una masa madre “muy buena”
Una vez aisladas las levaduras, la pregunta era evidente: ¿se podían usar para fermentar?
Los investigadores las reprodujeron en un frigorífico y comenzaron a trabajar con ellas en la cocina.
Al principio no funcionó. Después de tres meses de ensayos, lograron producir lo que describieron como una masa madre “realmente muy, muy buena”.
El resultado tiene un valor más allá del anecdótico.
Las levaduras que fermentan a temperaturas bajas (en nevera o incluso durante el transporte refrigerado) podrían reducir el consumo energético en la industria alimentaria, al eliminar la necesidad de calentar los productos para activar la fermentación.
El siguiente experimento previsto por el equipo es otro alimento popular que se obtiene a partir de levaduras: la cerveza.
El estudio también dejó otro hallazgo de interés. Cuando la momia fue descubierta, los primeros equipos de rescate aplicaron fenol para impedir el crecimiento de hongos.
Las levaduras encontradas demostraron ser capaces de degradar ese compuesto químico, lo que abre una posible aplicación en la descontaminación de entornos afectados por esta sustancia.
Un ecosistema, no una cápsula de tiempo
El microbioma de Ötzi resultó ser más complejo de lo que se esperaba.
Junto a los microbios que vivieron con él en vida, el análisis detectó organismos más modernos, algunos introducidos por el propio proceso de conservación.
El agua pulverizada que se usa para mantener húmeda la momia ha modificado su microbioma externo de un modo que hasta ahora no se había documentado.
También apareció una bacteria intestinal prácticamente ausente en las poblaciones industrializadas actuales, pero presente en algunas comunidades de África y América del Sur, y en heces antiguas recuperadas de una mina de sal en Hallstatt, Austria.
El dato refuerza la imagen de Ötzi como una ventana directa hacia la biología humana de hace cinco milenios.
La conclusión del estudio es clara: Ötzi no es una reliquia estática. Es un sistema biológico en movimiento, que cambia, que interactúa con su entorno y que, aparentemente, todavía fermenta.

Es genial! Descubrir cómo la Naturaleza 🍄🟫 puede generar y conservar por tanto tiempo algo tan valioso como la levadura.👏
Siempre andamos descubriendo nuevos datos fascinantes de la naturaleza 🙂