El hombre de Tollund: la momia de 2.400 años que parece dormida

Lo hallaron en un pantano de Dinamarca en 1950 y creyeron que se trataba de un crimen reciente. Llevaba 2.400 años enterrado y casi intacto.
Publi
Publi

Los dos hermanos que cortaban turba (el material vegetal de los pantanos que se usa como combustible) para calentar su casa creyeron que habían encontrado a la víctima de un crimen reciente. El rostro era tan nítido, la piel tan lisa y la barba incipiente tan visible que nadie imaginó que tuviera siglos.

Pero el hombre de Tollund llevaba unos 2.400 años bajo tierra.

Un hallazgo en una turbera danesa

Ocurrió en mayo de 1950, en la turbera de Bjældskovdal, en Jutlandia, a unos diez kilómetros al oeste de la ciudad de Silkeborg.

Los hermanos Viggo y Emil Højgaard, junto a la esposa de Viggo, Grethe, cavaban turba cuando apareció el cuerpo. Estaba a dos metros y medio de profundidad.

Publi

El 8 de mayo, la policía de Silkeborg recibió el aviso. Los agentes notaron que el cuerpo se encontraba a gran profundidad y que no había señales de excavaciones recientes. Además, ya sabían de otros cuerpos hallados en la misma turbera, en 1927 y en 1938. Así que avisaron al museo de Silkeborg. Poco después llegaron los arqueólogos, entre ellos el profesor Peter Vilhelm Glob.

La datación por radiocarbono lo sitúa entre el 405 y el 380 a. C., en la Edad del Hierro. Murió entre los 30 y los 40 años.

El hombre yacía de lado, encogido, como si durmiera, con los ojos y la boca cerrados. Tenía barba corta, como de un día sin afeitar. Llevaba un gorro puntiagudo de piel de oveja, atado bajo el mentón con tiras de cuero, y un cinturón de cuero de unos 77 centímetros. Por lo demás, estaba desnudo. Solo tenía una soga.

La soga era una trenza de cuero, ajustada alrededor del cuello. Los forenses no tuvieron dudas: había muerto ahorcado. Según los investigadores, poco después alguien lo bajó, le cerró los ojos y la boca, y lo depositó con cuidado en la turba.

Publi

Por qué se conservó tan bien

La turbera se encargó de todo. El agua era ácida, fría y casi sin oxígeno, y el musgo Sphagnum que domina esos terrenos detiene la descomposición. Con el tiempo, la piel y las uñas se curtieron y se oscurecieron, y así el cuerpo quedó momificado de forma natural.

El hombre de Tollund es uno de los ejemplos más famosos de los llamados cuerpos de turbera, es decir, cadáveres que se momifican solos en los suelos turbosos del norte de Europa.

Esos terrenos funcionan como una cápsula del tiempo. Allí, las bacterias que normalmente descomponen un cuerpo apenas pueden actuar. Así, la piel, el cabello y buena parte de los tejidos blandos pueden durar milenios. Otros cuerpos, como los de las catacumbas de Palermo, se conservaron en cambio por desecación.

Con los huesos ocurre algo curioso, casi lo contrario de lo habitual. En un entierro común, los tejidos blandos desaparecen primero y los huesos permanecen. En una turbera, en cambio, la acidez puede disolver los minerales del hueso, y en muchos cuerpos los huesos acaban reblandecidos o muy deteriorados. El grado varía de un caso a otro.

Publi

En el hombre de Tollund, lo que llamó la atención desde el primer momento fue otra cosa: el rostro. Se distinguían la barba incipiente, los pliegues de la piel y la expresión serena, con tal precisión que asombró a quienes lo vieron entonces.

Pero hay un dato menos conocido: el cuerpo que se ve hoy no es el original. Los científicos daneses de 1950 nunca habían tenido que conservar un cuerpo de turbera, por lo que decidieron preservar solo la cabeza, con un proceso que se prolongó hasta finales de 1951.

Primero la sumergieron en alcohol para reemplazar el agua de la turbera que llenaba las células. Después usaron tolueno y, más tarde, parafina líquida. Por último, la cabeza pasó seis meses en cera de abejas fundida, hasta justo antes de Navidad de 1951. Se conservó con todas las facciones intactas, aunque más pequeña: se había encogido un 12 %.

El resto del cuerpo, en cambio, se dejó secar y quedó poco más que huesos. Solo se salvaron los pies y un pulgar. Por eso el museo reconstruyó el cuerpo más tarde para mostrarlo tal como apareció.

Publi

La última comida

Los análisis del contenido de su estómago e intestinos revelaron cuál fue la última comida del hombre de Tollund: una papilla de cebada, lino y semillas silvestres, como las de pensamiento de campo y centinodia. Un estudio de 2021 añadió pescado a la lista. También se hallaron huevos de parásitos intestinales.

La comida no tenía nada de especial. Los investigadores calculan que la ingirió entre 12 y 24 horas antes de morir. Y la composición de la papilla, sin frutos frescos ni carne, apunta a que murió en invierno o a comienzos de la primavera.

¿Por qué murió?

Es la pregunta sin respuesta. No hay textos de la época en esa región y el cuerpo no mostraba heridas defensivas. Las hipótesis son varias: un castigo, un suicidio o un sacrificio a los dioses.

La más aceptada es la del sacrificio. La respaldan varios indicios: el cuidado con que lo enterraron, los ojos y la boca cerrados y la época del año. Muchos arqueólogos creen que pudo ser una ofrenda para pedir el regreso de la primavera. Pero el propio museo advierte con prudencia: no se sabe a qué dios, ni siquiera si fue así.

Publi

El poeta irlandés Seamus Heaney le dedicó el poema “The Tollund Man” (1972), y la historia inspiró libros, documentales y exposiciones. Pero lo que más atrae es su rostro: sereno, como el de alguien que duerme, no el de quien tuvo una muerte violenta.

Dónde ver al hombre de Tollund

El hombre de Tollund se exhibe en el Museo de Silkeborg, en el edificio Hovedgården (Hovedgårdsvej 7, 8600 Silkeborg), en el centro de Jutlandia.

Está allí desde 1952. En la misma exposición se muestra a la mujer de Elling, otro cuerpo de turbera. Fue hallada en 1938 a unos 80 metros del lugar donde apareció el hombre de Tollund.

El museo abre de martes a domingo, de 11:00 a 16:00, pero los horarios varían según la temporada, por lo que conviene consultarlos en la web oficial. La entrada para adultos cuesta 100 coronas danesas (unos 13 euros). Hay descuentos para grupos, y los menores de 18 años entran gratis.

Publi

Contemplar de cerca al hombre de Tollund es una experiencia singular. La cabeza descansa sobre un cuerpo reconstruido y la expresión de calma sorprende. Es, en palabras del museo, “un encuentro cara a cara con el pasado”.

El newsletter de LYXPLANET

¿Disfrutando del viaje?

Historias como esta, cada semana, en tu email.

Continúa explorando

El mundo tiene más de lo que te han contado

Lugares remotos, historias enterradas, experiencias que las guías no mencionan. Únete a más de 10.000 exploradores curiosos y recibe nuestras mejores historias cada semana.

Comentarios

¿Has estado aquí? Cuéntanos tu experiencia.

Comentarios

Recibir notificaciones cuando me respondan
Selecciona tu notificación:
guest

0 Comentarios
Los más antiguos
Los más recientes Los más votados

Lo + leído