“La tierra de las rocas en pie”: así es Chiricahua, el parque nacional número 64 de EE. UU.

Una erupción de hace 27 millones de años dio origen a este bosque de piedra que acaba de convertirse en parque nacional.
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El 20 de octubre de 2026, un monumento nacional del sureste de Arizona cambió de nombre y de categoría.

Chiricahua, un laberinto de columnas y rocas en equilibrio que se eleva entre desiertos, se convirtió en el parque nacional número 64 de Estados Unidos.

Para quienes viajan al suroeste del país, es un nuevo motivo para desviarse del camino clásico del Gran Cañón.

Qué se oficializó

Ese día, el presidente Donald Trump firmó la ley que convierte el Monumento Nacional Chiricahua en parque nacional.

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El proyecto, impulsado en la Cámara de Representantes por el congresista Juan Ciscomani, era fruto de más de una década de gestiones de legisladores y vecinos de la zona. La Cámara lo aprobó en marzo y el Senado, en septiembre, por unanimidad.

Con esto, Arizona suma su cuarto parque nacional, junto al Gran Cañón, el Bosque Petrificado y Saguaro. El Servicio de Parques Nacionales (NPS, por sus siglas en inglés) aclaró que el área se protege desde hace más de un siglo y que lo único que cambia es la categoría.

Qué cambia (y qué no)

Para quien visita el lugar, casi nada. La ley no modifica los límites del área, que siguen siendo los del antiguo monumento: unas 4900 hectáreas (alrededor de 12 000 acres). Tampoco cambia sustancialmente la forma de gestionarla ni trae fondos nuevos de manera automática.

Lo que sí se espera es más visibilidad. El Departamento del Interior informó que en 2025 visitaron Chiricahua unas 70 000 personas, y el alcalde de Willcox, la ciudad más cercana, anticipó que habrá más turismo y nuevas oportunidades para los comercios locales.

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Según la información publicada por el NPS, la entrada al parque es gratuita y el cambio de categoría no implica el cobro de una tarifa. No obstante, conviene confirmarlo antes de viajar.

Un paisaje que nació de una explosión

Las formas que hoy atraen a los visitantes se originaron hace unos 27 millones de años, cuando el volcán Turkey Creek entró en erupción con una fuerza más de mil veces superior a la de la erupción del monte Santa Helena en 1980.

Cubrió de ceniza una región de unos 3100 kilómetros cuadrados y, al vaciarse, su cámara magmática se hundió y formó una caldera de unos 19 kilómetros de ancho.

La ceniza se fusionó hasta formar una capa de riolita de casi 600 metros de espesor. Después, millones de años de viento, agua y hielo hicieron el resto: esculpieron esa roca hasta convertirla en torres, pilares y bloques —algunos de cientos de toneladas— que se mantienen en equilibrio sobre bases mínimas.

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Muchas de esas columnas son bastante jóvenes a escala geológica: tienen menos de tres millones de años.

Una historia humana igual de rica

Los apaches chiricahuas, que consideraban estas montañas su territorio, llamaban al lugar “la tierra de las rocas en pie”. Los colonos que llegaron después lo rebautizaron “el país de las maravillas de piedra”.

Desde el mirador de Massai Point se alcanzan a ver, a lo lejos, las montañas Dragoon, donde Cochise Stronghold, un enclave rocoso, sirvió de refugio a varios grupos apaches durante los conflictos con el Ejército estadounidense.

En el valle está también el Faraway Ranch, un rancho de fines del siglo XIX que fundaron los inmigrantes suecos Neil y Emma Erickson. Con el tiempo, pasó a recibir huéspedes y hoy se pueden recorrer su casa, sus establos y sus construcciones auxiliares.

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Una isla del cielo

El parque ocupa lo que los biólogos llaman una “isla del cielo”: una cadena de montañas aislada que se eleva sobre un mar de pastizales y desiertos.

En estas montañas confluyen cuatro regiones —el desierto de Chihuahua, el de Sonora, las Montañas Rocosas del sur y la Sierra Madre mexicana—, de ahí su enorme biodiversidad. A medida que se sube, el paisaje pasa de pastizales a robles, enebros, cipreses, pinos y abetos.

Entre los animales que se pueden ver están el coatí, un pariente tropical del mapache que suele merodear por el Faraway Ranch, y el pecarí.

Los observadores de aves buscan especies poco comunes en Estados Unidos, como el trogón elegante y el carbonero mexicano. También se han registrado pumas y ocelotes, aunque es poco probable cruzarse con ellos. Y hay una ardilla propia de la región, la ardilla zorro de Chiricahua.

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Cómo visitarlo

El parque está en el sureste de Arizona, cerca de Willcox, a unas dos horas en auto de Tucson, cuyo aeropuerto es el más cercano; los vuelos internacionales llegan sobre todo a Phoenix, a unas tres horas y media. Se llega por una carretera que atraviesa pastizales.

La forma más sencilla de recorrerlo es la Bonita Canyon Drive, un camino pavimentado de 13 kilómetros que sube hasta Massai Point, a unos 2100 metros de altitud, con vistas de 360 grados. El recorrido lleva entre 60 y 90 minutos.

Para quienes quieran caminar, el parque ofrece unos 27 kilómetros de senderos. Entre los más populares están el circuito de Echo Canyon, que se adentra entre paredes de roca, y el de Heart of Rocks, un recorrido de unos 11 kilómetros de ida y vuelta para excursionistas con experiencia, con algunas de las formaciones más curiosas.

Quienes busquen algo más tranquilo pueden tomar el sendero de Bonita Creek, que lleva hasta el Faraway Ranch. En tres senderos se permiten perros con correa: Silver Spur Meadow, Faraway Ranch y Bonita Creek.

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Para pasar la noche, el parque cuenta con un área de acampada, Bonita Canyon Campground, que requiere reserva. Es un buen lugar para observar el cielo: la zona es conocida por la oscuridad de sus noches, y en las despejadas se distingue la Vía Láctea. Una advertencia práctica: pasado el Faraway Ranch no hay espacio para que den la vuelta los vehículos largos, por lo que los remolques deben dejarse en su estacionamiento.

Una nueva etapa

El cambio de categoría no agrega ni un metro al parque, pero sí lo pone bajo los focos.

Como ocurrió con otros destinos que obtuvieron esa categoría, el desafío será ver cómo gestiona un lugar pequeño la llegada de más visitantes. Por ahora, su mayor atractivo sigue intacto: un bosque de piedra nacido de una explosión y tallado por el tiempo, donde todavía es posible caminar casi en silencio.

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