Qué hacer en las Islas Feroe: los 10 imprescindibles del archipiélago danés

¿Sabías que existe un lugar en el mundo donde la población de ovejas supera a la de humanos? Se trata de las Islas Feroe, un rincón remoto que aún se mantiene al margen del turismo masivo.
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¿Sabías que existe un lugar en el mundo donde la población de ovejas supera a la de humanos? Se trata de las Islas Feroe, un rincón remoto que aún se mantiene al margen del turismo masivo.

Este archipiélago enclavado en el Atlántico Norte, entre Islandia y Noruega y por encima de Escocia, es uno de esos destinos donde la naturaleza y el silencio acompañan en todo momento.

Aquí te compartimos 10 experiencias imperdibles para vivir en las Islas Feroe, de esas que dejan huella tanto en la memoria como en el corazón.

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Islas Feroe, el único lugar del planeta donde viven más ovejas que personas

10 propuestas para descubrir los rincones más icónicos de las Islas Feroe

Es difícil hablar de los puntos más icónicos del archipiélago de las Feroe, ya que todas sus islas valen absolutamente la pena.

Ciudades pequeñas, pueblos coloridos, granjas y praderas tapizadas de verde, cascadas enormes, rebaños de ovejas por donde mires y templos que resisten al paso del tiempo, le dan a las Feroe un carácter único. Una identidad que, por cierto, es de las más cautivadoras del viejo continente.

Las Islas Feroe son un territorio autónomo dentro del Reino de Dinamarca. Esto significa que, aunque dependen del país nórdico, cuentan con autonomía en muchos aspectos de gobierno. El archipiélago está formado por 18 islas e islotes, algunos habitados y otros no, separados por fiordos y estrechos que esculpen un paisaje abrupto y fascinante.

Aunque no es un territorio extenso, explorarlo a fondo requiere de varios días (al menos una semana) y una buena planificación. Ahora bien, si tu tiempo es más acotado, saber de antemano cuáles son los imprescindibles de las Islas Feroe te ayudará a no perderte lo esencial. Toma nota, aquí tienes 10 planes para disfrutar de este destino único.

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1. Conocer el pasado vikingo de Tórshavn, la capital de las Islas Feroe (isla de Streymoy)

Dueña de uno de los parlamentos más pequeños del mundo, la capital menos poblada de Europa es un punto de visita obligado de las Islas Feroe.

Fundada sobre un antiguo asentamiento vikingo, Tórshavn se desarrolla en torno a la península de Tinganes, el corazón histórico y gubernamental del archipiélago.

El barrio homónimo, el puerto colorido y los mercados tradicionales definen parte de la identidad de Tórshavn, aunque también lo hacen las 20.000 personas que viven allí, aisladas de las grandes urbes europeas, pero en un entorno que garantiza tranquilidad y calidad de vida.

No dejes de fotografiar sus casas de madera negra con techos de turba, muchas de ellas construidas en la Edad Media.

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También llaman la atención los edificios rojos de Tinganes, donde los vikingos establecieron su parlamento allá por el siglo IX; la sencilla catedral, la segunda más antigua de las islas; y el fuerte Skansin, del cual no queda mucho, pero vale la pena por las vistas.

A la hora de comer, el paseo marítimo es el lugar ideal: allí se concentra la mayor oferta de restaurantes, cafés y bares. Y si quieres profundizar en la historia local, no dejes de visitar el Museo Nacional, que recorre el pasado vikingo y la vida tradicional feroesa.

2. Explorar Vágar, con sus cascadas, lagos y pueblos

La isla de Vágar acoge al aeropuerto internacional de las Islas Feroe y es dueña de verdaderos encantos que irás descubriendo a medida que explores su territorio.

Como en todo el archipiélago, aquí la naturaleza es la gran protagonista. Si no lo crees, espera estar frente a Mulafossur, una cascada que cae desde los acantilados directamente al mar, o el lago Sørvágsvatn, conocido por el efecto óptico que lo hace parecer suspendido sobre el océano.

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Los pueblos de Bøur y Gásadalur son otras joyas de Vágar, perfectos para descubrir el lado más tradicional de la vida en las islas. El primero impresiona con su belleza, otorgada en gran medida por las casitas de madera con césped en los tejados, aunque las vistas al fiordo de Sørvágsfjørður y los islotes de Tindhólmur y Drangarnir también hacen lo suyo.

Tindhólmur y Drangarnir, los islotes más famosos de las Islas Feroe

Gásadalur, por su parte, tiene como principal atracción otra cascada que cae al mar desde el río Dala. Desde este diminuto poblado parte además una ruta de senderismo que, en dos días, conecta con las aldeas abandonadas de Víkar, ideales para quienes buscan aventura y soledad en plena naturaleza.

Un tip para tu viaje: si bien desde Bøur se obtiene una vista magnífica de Tindhólmur y Drangarnir, verlos de cerca (o incluso pasar por debajo en barco) requiere contratar una excursión marítima que no es precisamente económica. Eso sí, permite también apreciar Múlafossur desde el mar, lo cual suma puntos. Si tienes el presupuesto, no lo dudes: la experiencia vale cada corona.

3. Ver frailecillos en la isla de Mykines

Conocida como la “isla de los pájaros”, es uno de los puntos más famosos de las Islas Feroe para la observación de aves. Aquí, los verdaderos protagonistas son los frailecillos, esas pequeñas aves de pico colorido que anidan en los acantilados y que, con su andar torpe y su vuelo ágil, se roban todas las miradas. Pero no están solos, los alcatraces planean con elegancia sobre el mar y aportan aún más vida a un entorno.

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Myknes es una de las islas más remotas de las Feroe. Aquí el paisaje es agreste y salvaje, los acantilados son escarpados y los prados verdes se extienden más allá de lo que da la vista. No hay carreteras ni coches, solo senderos que conectan el diminuto pueblo con el resto de la isla y que invitan a caminar con calma.

Uno de los íconos de Mykines es su faro, ubicado en el islote de Mykineshólmur, al que se accede cruzando un puente sobre el abismo. Solitario, azotado por el viento y rodeado de aves, el faro bien podría competir con el del fin del mundo en Ushuaia por su ubicación poética y aislada.

4. Admirar los Acantilados de Vestmanna desde el mar

Paredes de 700 metros de altura definen a estos acantilados de vértigo que, sin duda, son uno de los puntos más fotografiados de las Islas Feroe.

Aquí, las grandes praderas de pasto se interrumpen abruptamente y la tierra se desploma hacia el mar, creando un paisaje que quita el aliento. Frailecillos, gaviotas y otras aves marinas que sobrevuelan el acantilado completan una escena digna de un documental de naturaleza.

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La actividad turística por excelencia es navegar para apreciar los acantilados desde otra perspectiva. El punto de partida es el pequeño pueblo de Vestmanna, desde cuyo puerto salen los barcos que demoran una hora en llegar a estas paredes rocosas. La travesía en sí ya merece la pena: cuevas marinas, pasadizos angostos y arcos de piedra moldeados por siglos de viento y agua, la convierten en una auténtica experiencia de navegación.

5. Fotografiar la casa de madera más antigua de las Islas Feroe (Streymoy)

Ya sabes que la naturaleza es la reina absoluta de las Islas Feroe, pero hay construcciones que solo por su historia son dignas merecedoras de una visita.

Una de ellas se encuentra en Kirkjubøur, un pequeño pueblo a solo media hora de caminata desde Tórshavn, que en la Edad Media fue el principal centro religioso y cultural del archipiélago.

Aquí te esperan dos joyas arquitectónicas: la Catedral de Magnus, un templo gótico del año 1.300 del cual solo se conservan algunas ruinas, y Roykstovan Farmhouse, del año 1.100. Esta última es la casa de madera habitada más antigua de Europa, una verdadera reliquia que ha sobrevivido estoica al paso del tiempo.

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Fotografiarla no es solo capturar una postal antigua: es contemplar un fragmento vivo de la historia feroesa, un testimonio de resistencia frente al tiempo, el clima y el aislamiento.

6. Conocer Saksun y su playa de arena negra

En la isla de Streymoy se encuentra una de las carreteras panorámicas más bonitas de todas las Islas Feroe: Hvalvíksvegur (o número 53), que serpentea entre valles verdes y montañas escarpadas, uniendo el pueblo de Hvalvík con el aislado valle de Saksun.

Una vez allí, podrás dejar el coche y hacer una ruta de senderismo de 4 km que no tiene demasiada dificultad y atraviesa bancos de arena basáltica y hermosas cascadas que caen de las montañas.

Si planeas la caminata cuando la marea está baja, llegarás a la playa negra de Saksun, una rareza geológica propia de estas islas volcánicas.

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Tras tomar un par de fotos, puedes visitar el pintoresco pueblo de Saksun, famoso por sus casas de piedra con tejados de hierba. La pequeña aldea se alza en las laderas de un fiordo que acaba en una laguna, por lo que su emplazamiento es realmente excepcional.

Iglesia y laguna en el valle de Saksun

La iglesia blanca construida en 1858 desde la cual se aprecia el valle de Saksun es quizá su atractivo más importante. Aunque, como en todas las Islas Feroe, la verdadera magia radica en el entorno.

7. Admirar la cascada más alta de las Islas Feroe (Streymoy)

En un archipiélago donde la naturaleza se roba todas las miradas, las cascadas tienen un lugar especial. Hay una que se lleva un reconocimiento especial: la cascada Fossá.

Con casi 150 metros de altura, Fossá es la más alta de las Islas Feroe. Además de impresionante, es fácil de apreciar, ya que se encuentra junto a la carretera 594, donde hay un pequeño parking en el que puedes dejar el coche.

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Si quieres ver este salto de agua en su máximo esplendor, deberás viajar a las Islas Feroe en junio, cuando los ríos están al máximo de caudal.

8. Visitar Klaksvík, la segunda ciudad más grande de las Islas Feroe

Klaksvík cuenta con apenas unos 5.000 habitantes. Ubicada en un valle estrecho de la isla de Borðoy, Klaksvík se asoma al mar y está rodeada por montañas escarpadas que completan una de las postales más bonitas del norte de las Feroe.

Es el centro económico y cultural de esta zona del archipiélago, con una comunidad pequeña, sí, pero activa y vibrante.

El mirador de Klakkur es uno de los mejores puntos para llevarse una buena panorámica de Klaksvík. También puedes hacer senderismo en sus alrededores, tomar cientos de fotos desde la playa y pasar por la cervecería Føroya Bjór, la más famosa de las Feroe.

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9. Apreciar el fiordo de Funningsfjørður desde distintas perspectivas

Este fiordo es el protagonista de la isla de Eystutory, a la cual se llega fácilmente desde Streymoy gracias a un puente gratuito (en el norte) y un túnel submarino de pago (en el sur).

Una forma de apreciar este fiordo es desde el mirador de Hvithamar. Para llegar a este punto panorámico tendrás que hacer un trekking que parte desde un pequeño apartadero de la carretera que lleva a Gjógv. Deja el coche allí y sigue las indicaciones. Pronto te encontrarás con unas vistas de película del fiordo de Funningsfjørður.

Cuando regreses al coche, sigue la carretera que bordea el fiordo y toma el desvío que lleva a Funningur, un pequeño pueblo feroés que se ubica a la sombra de la montaña más alta de las Islas Feroe, Slættaratindur. Allí se encuentra Funnings Kirkja, una iglesia negra muy pintoresca.

Finalmente, si recorres el fiordo al completo, llegarás a Elduvík, un caserío remoto al que casi nadie visita (y en eso radica, justamente, parte de su encanto).

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10. Hacer la ruta de senderismo hasta el faro de Kalluy, en la isla Kalsoy

El último plan que proponemos para hacer en las Islas Feroe es una ruta de senderismo que lleva a uno de los faros más fotogénicos del archipiélago. Para eso tendrás que viajar a la isla de Kalsoy, posiblemente la más salvaje de las Feroe.

El trekking al faro de Kallur comienza en el pueblo de Trøllanes, en el extremo norte de la isla. La caminata lleva unas dos horas entre la ida y la vuelta y, como la mayoría de las rutas de senderismo del archipiélago, tiene un costo.

A lo largo del trayecto, te acompañarán vistas espectaculares de los acantilados, cascadas que caen directo al mar y bandadas de aves marinas que sobrevuelan la costa. Al llegar, el contraste entre el faro solitario y la inmensidad del océano Atlántico crea una de las postales más inolvidables de las Feroe.

Sin duda, esta es una experiencia pensada para quienes disfrutan de la naturaleza en estado puro y del placer de caminar con el viento como único ruido de fondo.

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Faro de Kallur, uno de los puntos más fotogénicos de las Feroe

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