La declaración de Aruba como reserva de la biosfera se produjo el 5 de junio de 2026, cuando la UNESCO aprobó el ingreso de la isla en la Red Mundial de Reservas de Biosfera durante la 38.ª sesión del Consejo Internacional de Coordinación del Programa sobre el Hombre y la Biosfera (MAB, por sus siglas en inglés), celebrada en Hernandarias, Paraguay.
La designación cubre el 100 % del territorio de la isla, lo que convierte a Aruba en una de las dos únicas naciones insulares del planeta (junto con Santo Tomé y Príncipe) que alcanzan ese nivel de protección integral.
Qué es exactamente una reserva de la biosfera
El programa MAB nació en 1971 con el objetivo de estudiar y promover una relación sostenible entre las personas y el entorno natural.
A diferencia de otras figuras de protección de la UNESCO, una reserva de la biosfera no funciona como un área intangible, sino como lo que la propia organización describe como un “laboratorio vivo”, un territorio donde se ponen a prueba modelos que concilian la conservación con el desarrollo económico y social.
Para lograrlo, cada reserva se organiza en tres tipos de zonas complementarias.
La zona núcleo concentra la protección más estricta y suele coincidir con parques nacionales u otras áreas donde no se permiten actividades extractivas.
Luego se encuentra la zona de amortiguación, que rodea al núcleo y permite usos compatibles con la conservación, como el turismo de naturaleza, la investigación o la educación ambiental.
La zona de transición, la más extensa y habitada, es donde se concentra la mayor parte de la población y se promueven actividades económicas sostenibles.
Estas tres zonas deben trabajar de forma articulada para cumplir con las tres funciones exigidas por la UNESCO: conservación de la biodiversidad, desarrollo socioeconómico sostenible y apoyo logístico a la investigación y la educación ambiental.
En el caso de Aruba, la reserva cubre unas 19.300 hectáreas de superficie terrestre y suma además una zona económica exclusiva (ZEE) de casi 3 millones de hectáreas marinas, con una población de aproximadamente 108.000 habitantes dentro de sus límites.
Las cualidades naturales que sostuvieron la candidatura
Detrás del reconocimiento hay un territorio de contrastes marcados.
El paisaje semiárido de Aruba, dominado por cactus columnares y una vegetación adaptada a la escasez de agua, alberga más de treinta especies vegetales endémicas y funciona como refugio reproductivo para diez de las dieciséis especies de charrán que existen en el mundo.
Una cuarta parte de la superficie de la isla corresponde al Parque Nacional Arikok, que además de su fauna y flora desérticas conserva cuevas con pinturas rupestres de las comunidades originarias de la isla.
En la costa, el paisaje cambia por completo: manglares y praderas marinas funcionan como criaderos esenciales para peces e invertebrados, mientras que los arrecifes de coral sostienen buena parte de la vida submarina del litoral.
Estos ecosistemas costeros cumplen además una función defensiva, al amortiguar el impacto de tormentas y fenómenos climáticos extremos sobre una isla de escasa elevación.
Una designación construida desde las políticas locales
La incorporación de Aruba a la red de la UNESCO no partió de cero.
Buena parte de las áreas que hoy funcionan como zona núcleo ya estaban protegidas por la Aruba Conservation Foundation (ACF), antes llamada Fundación Parque Nacional Aruba, cuya gestión venía cumpliendo desde antes con los estándares técnicos exigidos para ese tipo de zonificación
Sobre esa base, el proceso de nominación reunió a la ACF, el Ministerio de Asuntos Generales, la Universidad de Aruba, la Fundación Museo y la Autoridad de Turismo de Aruba, con asistencia técnica de la Oficina Regional de la UNESCO para el Caribe
Antes de esta designación, la región del Caribe de habla inglesa y neerlandesa contaba apenas con dos reservas de la biosfera: la de Saint Mary’s, en San Cristóbal y Nieves, y la del noreste de Tobago, en Trinidad y Tobago.
Con la incorporación de Aruba, la Red Mundial de Reservas de Biosfera alcanzó los 784 sitios distribuidos en 142 países, y la región reforzó su presencia dentro de una red donde hasta ahora tenía un peso menor.
Eric Falt, director regional de la UNESCO para el Caribe, señaló que el concepto de reserva de la biosfera se adapta especialmente bien a la realidad de los pequeños Estados insulares en desarrollo, y expresó su expectativa de que el caso de Aruba sirva de referencia para que otros países de la región se sumen a la red.
Qué cambia para la isla a partir de ahora
La designación no crea nuevas restricciones legales sobre las actividades económicas existentes. Funciona, en cambio, como un sello de calidad ambiental que Aruba puede capitalizar en su estrategia de turismo sostenible.
En la práctica, la isla queda habilitada para intercambiar conocimientos y buenas prácticas con otras reservas del Caribe y de la cuenca más amplia, incluidas las de Cuba, República Dominicana y Haití, en áreas como la adaptación al cambio climático, la conservación costera y el manejo de especies endémicas.
Fuera del terreno técnico, Aruba sigue siendo uno de los destinos más visitados del Caribe por viajeros latinoamericanos.
Situada a tan solo 25 kilómetros de la costa de Sudamérica, la isla se encuentra fuera del cinturón de huracanes, con un promedio de temperaturas que ronda los 28 grados Celsius (°C) durante todo el año.
Más allá de la franja hotelera, la isla conserva playas de aguas transparentes y una población en la que buena parte de sus habitantes se comunica en al menos cuatro idiomas.
Con la nueva designación, ese mismo paisaje que atrae a los turistas pasa a formar parte de una red internacional dedicada a demostrar que la conservación y el desarrollo pueden sostenerse mutuamente, en lugar de competir entre sí.
