La figura del vampiro es casi tan antigua como la del hombre y, aunque ha cambiado con el paso del tiempo, sus rasgos más reconocibles se han mantenido.
Estos muertos vivientes sedientos de sangre se convirtieron en una maldición en la Europa de la peste, asolada por el pavor a esa sombría epidemia, que se llevó por delante a buena parte de la población.
Los antiguos miedos atávicos se fundieron con la ansiedad ante el enemigo invisible y mortal, y la creencia en los revenants se hizo más fuerte que nunca.
Hoy en día, el vampiro es visto por la mayoría como un conde noble, casi apuesto, que engatusa a sus víctimas con su encanto y no como una bestia salvaje o un muerto que regresa de la tumba.
Desde Carmilla de Sheridan Le Fanu o el Drácula de Bram Stoker, la imagen del vampiro ha cambiado para siempre. Convertido hoy en una estrella de rock, como así representó Anne Rice a su Lestat en “La Reina de los Condenados”, cuesta ya encontrar signos de aquel mito primigenio, el del siniestro renacido que se alimentaba de la energía vital del resto.
Por eso hoy vamos a recorrer las huellas del primer vampiro registrado de la historia, Jure Grando, por una tierra extraña a medio camino entre Croacia e Italia.
Jure Grando, ¿un vampiro real?
Para conocer a Jure Grando debemos viajar atrás en el tiempo, hasta mediados del siglo XVII.
Estamos en Istria, una península del mar Adriático que en aquel momento pertenecía al reino de Venecia. La población, sin embargo, comenzaba a ser mayoritariamente eslava, proveniente del este de Europa y asentada aquí siglos antes.
Esto también explicaría cómo su cultura y su folclore se consolidaban de forma definitiva en la mentalidad de los habitantes de la zona cuando murió Jure Grando.
Grando era un campesino normal y corriente, uno más en la aldea de Kringa, donde vivió toda su vida, casándose y teniendo un par de hijos con su mujer.
En el año 1656, Jure Grando murió a causa de una enfermedad, posiblemente infecciosa. El cadáver del hombre fue velado y posteriormente enterrado, como era habitual en la época. Hasta aquí la historia oficial.
Lo extraño es que hay registros de que durante los 16 años siguientes Jure Grando seguía levantándose de la tumba para aterrorizar a quienes habían sido sus vecinos. Era un strigoi, una palabra eslava que significaba “vampiro” o “no muerto”.
No se trata de una leyenda más. Si ha llegado hasta nuestros días, es porque un científico llamado Janez Vajkard Valvasor se hizo eco de ella en su momento y la registró en uno de sus libros. Así, Grando se convertía en el primer vampiro documentado de la historia.
En su libro, Valvasor recogía los testimonios de los propios lugareños, quienes afirmaban que, tras su muerte, Jure se paseaba todas las noches por la aldea, provocando terror.
A veces se paraba frente a una puerta durante horas y, justo antes del amanecer, llamaba a ella con sus nudillos, para desvanecerse y volver a su tumba antes de la salida del sol. Era un mal presagio, ya que se decía que en los días posteriores, una persona de esa casa terminaría falleciendo.
Jure también visitó a su propia viuda, a quien supuestamente atacó en su dormitorio.
Estos hechos se repitieron durante años, con los aldeanos intentando deshacerse del vampiro de mil formas distintas, sin conseguirlo.
Finalmente, la leyenda de Jure Grando terminó cuando uno de los aldeanos lo decapitó mientras dormía de día.
La paz regresó a Istria, que durante años siguió temerosa de que Jure pudiera regresar.
Kringa abraza su leyenda
Actualmente, la ciudad de Kringa pertenece a Croacia, como la mayor parte de la península de Istria, salvo una porción del norte, que es posesión de Eslovenia, y un diminuto territorio al sur de Trieste, que sigue en manos de Italia.
La región es visitada por miles de turistas, ya que Croacia se ha convertido en un destino de moda en Europa. Sin embargo, Kringa no es la capital de la región y debe conformarse con su condición de pequeña aldea, en la parte central de la península. La leyenda de Grando, sin embargo, les ha permitido destacarse frente al resto de destinos turísticos de la zona, y ahora ven con buenos ojos su condición de “casa del vampiro“.
Si bien el nombre de Jure Grando provocó terror en el siglo XVII en esta pequeña aldea croata, actualmente la leyenda ha servido para atraer a los turistas, que llegan hasta Kringa de paso, pero se quedan fascinados por cómo el pueblo ha aceptado la oscura historia de su vecino más popular.
Hay un pequeño museo dedicado a Jure Grando, así como una ruta que muestra las casas donde supuestamente atacaba el vampiro, e incluso el lugar donde estaba enterrado.
Los bares y restaurantes de la zona también se han tematizado con menús especiales de temática vampírica para atraer la atención de los visitantes.
En nuestro siglo XXI, donde las supersticiones han quedado ya muy atrás, el vampiro es más un personaje de novela romántica que un monstruo. Sin embargo, la fascinación que suscita su figura sigue más vigente que nunca y en Kringa han sabido aprovechar la fama del primer strigoi documentado de toda Europa para hablar no solo de su historia, sino también de sus miedos y de su evolución.