El lago que se convirtió en desierto: lo que queda del mar de Aral

En 1960 era el cuarto lago más grande del mundo; hoy sus barcos se oxidan en mitad del desierto.
15.10.2026
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En la frontera entre Kazajistán y Uzbekistán, el desierto de Aralkum cubre una superficie donde hace poco más de medio siglo navegaban barcos pesqueros y funcionaban puertos comerciales.

En 1960, el mar de Aral ocupaba 68 000 kilómetros cuadrados, una extensión similar a la de Irlanda. Era el cuarto lago más grande del planeta.

Hoy, más del 90 % de su volumen de agua se ha evaporado.

Las embarcaciones oxidadas descansan sobre un lecho salino y seco, convertidas en el testimonio visible de un desastre ambiental causado por el ser humano durante la segunda mitad del siglo XX.

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El plan de irrigación que cortó el flujo de los ríos

La transformación del territorio comenzó en la década de 1950, cuando las autoridades de la Unión Soviética diseñaron un proyecto agrícola para convertir las estepas de Asia Central en el mayor centro de producción de algodón del mundo.

Para abastecer los campos de cultivo en las repúblicas soviéticas de Uzbekistán, Turkmenistán y Kazajistán, el Gobierno soviético construyó una red de canales de irrigación de miles de kilómetros.

El proyecto desvió las aguas de los dos ríos principales que alimentaban la cuenca del lago: el Amu Daria, proveniente del sur, y el Sir Daria, proveniente del norte.

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La infraestructura de canalización se construyó sin una impermeabilización adecuada, lo que provocó que hasta un 70 % del agua extraída se filtrara en la arena o se evaporara antes de llegar a los cultivos.

Sin la aportación constante de estos dos ríos, el nivel del agua comenzó a descender a un ritmo de entre 20 y 90 centímetros anuales. La evaporación natural, acelerada por la escasa profundidad del lago, superó con creces la entrada de agua dulce.

De una economía pesquera a la división del lago en 1989

El descenso del nivel alteró la composición química del agua en menos de tres décadas. Hacia 1980, la salinidad había pasado de 10 a más de 30 gramos por litro, un nivel similar al del agua de mar.

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Las veinte especies de peces autóctonas que sustentaban la economía de la región desaparecieron paulatinamente al no tolerar el incremento de la concentración salina.

La actividad pesquera comercial, que empleaba a más de 60 000 personas en ciudades puerto como Muynak, en Uzbekistán, y Aralsk, en Kazajistán, colapsó a mediados de los años ochenta. Los barcos quedaron varados a decenas de kilómetros de la línea de costa a medida que el agua se retiraba.

En 1989, la contracción de la superficie dividió la masa de agua en dos lagos independientes: el Pequeño Aral, en el norte (Kazajistán), y el Gran Aral, en el sur (Uzbekistán).

A principios del siglo XXI, el lago sur volvió a fragmentarse en dos cuencas, la oriental y la occidental. En el verano de 2014, imágenes por satélite de la NASA documentaron que la cuenca oriental del Gran Aral se había secado por completo.

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Barco oxidado en la zona del mar de Aral que supo estar cubierta de agua. Foto: Pexels

Tormentas de sal tóxica y el impacto en la salud de la población

La desecación del lecho expuso un suelo saturado de sales minerales, plaguicidas y fertilizantes químicos arrastrados por los ríos durante décadas de agricultura intensiva. Los vientos del desierto de Aralkum levantan anualmente más de 75 millones de toneladas de este polvo contaminado.

Las tormentas de polvo salino se extienden cientos de kilómetros a la redonda y alcanzan zonas habitadas. Según datos de la Organización Mundial de la Salud, en la república autónoma de Karakalpakistán se han registrado incrementos significativos de enfermedades respiratorias, cáncer de esófago, afecciones renales y anemia.

La desecación del lago alteró también el clima de la región. Sin la masa de agua que funcionaba como regulador térmico natural, los veranos en la zona se volvieron más cálidos y secos, mientras que los inviernos registraron temperaturas más bajas y precipitaciones más escasas.

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La presa de Kokaral y la recuperación parcial en la zona norte

La evolución del territorio siguió caminos distintos a un lado y al otro lado de la frontera.

En 2005, Kazajistán completó la construcción de la presa de Kokaral, un dique de 13 kilómetros cofinanciado por el Banco Mundial para retener el agua del río Sir Daria en el sector norte.

La presa elevó unos 4 metros el nivel del Pequeño Aral en sus primeros años de funcionamiento y lo estabilizó. La salinidad disminuyó a niveles tolerables para la fauna acuática, lo que permitió la reintroducción de especies como la perca y la reactivación de la pesca artesanal en la localidad de Aralsk.

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En el sector sur, la recuperación de la masa de agua no figuró entre las prioridades del Gobierno uzbeko. La cuenca seca del Gran Aral se ha destinado a la exploración de yacimientos y a la extracción de gas natural y petróleo bajo el lecho marino expuesto.

De ese modo, el mar de Aral permanece hoy dividido entre un sector norte que ha logrado recuperar parte de su vida acuática y una cuenca sur donde un desierto salino ha sustituido al mar.

Las ruinas de las instalaciones pesqueras y los barcos varados son el registro físico de lo que ocurre cuando se desvían los cursos de agua.

La cuenca del mar de Aral es una de las muchas pruebas del impacto de la explotación de recursos a gran escala, pero, sobre todo, de la fragilidad de los grandes ecosistemas de Asia Central.

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