Sligo es una preciosa región al noroeste de la isla de Irlanda. Un condado que ha visto nacer a artistas y celebridades tan importantes como el poeta William Butler Yeats o varios integrantes de la banda de pop Westlife.
Entre cascadas, grandes valles y montañas, Sligo también guarda secretos legendarios de un pasado heroico, siendo el baluarte de las viejas historias irlandesas.
Una de esas historias antiguas nos lleva al Lough na Suil, el “lago del ojo“, muy cerca de la localidad de Geevagh.
Se trata de una zona encantadora, pero muy poco conocida, ya que queda fuera de los habituales tours por la Isla Esmeralda. Sin embargo, cualquiera que se atreva a acercarse a estos dominios disfrutará de los bucólicos paisajes de praderas verdes, así como de la leyenda de un lago muy peculiar, que suele desaparecer cada cierto tiempo, y en el que se cuenta que se oculta la cabeza de un diabólico gigante que sembró el terror siglos atrás en la zona.
Esta es la historia de Balor y el lago del ojo.
Balor, rey de los Fomoré
Los Fomoré eran, según el folklore irlandés, los antiguos dioses de la muerte, la oscuridad y la destrucción. Habitaban en las aguas del océano Atlántico, más allá de todo territorio conocido en esa época, y se decía de ellos que eran seres monstruosos y con habilidades sobrenaturales. Bien conocidos son los nombres de Morrigan, la diosa de la Muerte, o de Tethra, el Rey de los Muertos, que fue antepasado directo del protagonista de nuestra historia, Balor.
Las leyendas hablan de Balor como un chico curioso que, al igual que tantos otros protagonistas legendarios, sufrió una maldición por no saber controlar esa curiosidad. Siendo aún joven, en una de sus muchas jornadas de exploración por las cercanías de la fortaleza de su padre, el rey Buarainech, Balor descubrió a un grupo de druidas que estaban realizando ritos misteriosos en torno a un caldero.
Sin ser visto, el fomoriano se acercó tanto que, por desgracia, recibió un golpe de viento con parte del vapor del caldero maldito que preparaban los druidas. Esto provocó que, en los días posteriores, uno de sus ojos comenzara a arder, provocándole un inmenso dolor.
Hay historias que cuentan cómo, en ese momento, el rostro de Balor se transformó. Perdió uno de sus ojos naturales, pero ganó otro ojo en su nuca, que estaba maldito. Cada vez que lo abría, un rayo mortal golpeaba a quien estuviera delante (o detrás, según se mire).
Balor convirtió la maldición en oportunidad, y sembró el terror gracias a su potente habilidad, al punto que llegó incluso a derrocar a su padre para llegar al trono de los Fomoré.
Bajo su reinado, el pueblo de dioses oscuros conquistó la isla de Irlanda, sin que nadie pudiera hacer frente al ojo maligno de Balor.
Hasta que llegó Lugh, un valeroso guerrero del clan de Tuatha Dé Danann, que estaba llamado a derrocar al cíclope monstruoso.
Una profecía cumplida y una cabeza en el fondo del lago
Balor se sentía invencible y seguía sembrando el caos y el terror por toda la isla. Pero como suele ocurrir en estos casos, una profecía amenazaba con terminar con su reinado del terror.
Se decía que Balor sería derrocado por uno de sus descendientes, tal y como él hizo con su propio padre. Sabedor de dicha profecía, el gigante decidió encerrar a su hija, Ethnea, en una torre inexpugnable. Sin embargo, uno de los campeones del clan Tuatha Dé Danann, valerosos guerreros irlandeses, consiguió llegar hasta ella gracias a la ayuda de una druida.
Cyan, que así se llamaba el guerrero, logró enamorar a Ethnea, y de su idilio nacieron meses después tres pequeños bebés.
Al enterarse, Balor los arrojó al mar para terminar con cualquier posibilidad de que la profecía se cumpliera. Dos de ellos perecieron en las embravecidas aguas, pero uno se salvó. Su nombre era Lugh.
Lugh, apodado posteriormente como el del Brazo Largo, sería criado por el clan Tuatha Dé Danann, convirtiéndose en un poderoso guerrero.
Cuando su clan se enfrentó por fin a Balor, el gigante logró asesinar con su ojo maldito a Nuada, el líder de su tribu. Lleno de ira, el joven Lugh decidió vengar a su líder y utilizando su fuerza e ingenio, lanzó una potente piedra con su honda, que destrozó el ojo maligno de Balor, atravesando luego su cráneo.
El gigante cayó en la llanura de Mag Tuired, donde se llevó a cabo el combate que decidiría el futuro de Irlanda.
La profecía se había cumplido. La cabeza de Balor fue cortada y lanzada a un lago, que se conocería desde entonces como el Lough Na Suil, o el Lago del Ojo.
Desde entonces, la cabeza maldita del gigante fomoré parece ocultarse en lo más profundo del lago irlandés. Cada año, miles de curiosos se acercan a la zona, algunos sin saber siquiera el origen de esta historia, y contemplan la belleza de la llanura y las aguas del lago.
Irlanda es una nación con un folklore profundo y muy amplio, desarrollado a través de leyendas y mitos capaces de explicar la creación de montañas, lagos y túmulos en la isla.
Sin embargo, estos mitos no son exclusivos de las antiguas tradiciones celtas. Podemos encontrar fácilmente trazos de otras historias, tanto anteriores como posteriores, en lo contado sobre Balor y Lugh. Desde el nieto (o hijo) que se rebela contra su padre hasta la profecía que se cumple de forma irremediable, por no hablar del guerrero matando al gigante con una piedra, algo que viene directamente de David y Goliat.
Sea como fuere, vale mucho la pena acercarse al condado de Sligo para conocer de primera mano no solo sus leyendas e historias, sino también todo lo que esta zona del norte de Irlanda tiene que ofrecer en sus paisajes, cultura y patrimonio.
