Las Catacumbas de los Capuchinos, en Palermo, surgieron de un hallazgo que nadie buscaba.
En 1599, los frailes capuchinos ampliaban el cementerio bajo su convento cuando se toparon con unos cuarenta cuerpos que, en lugar de descomponerse, se habían conservado casi intactos.
Lo atribuyeron a las corrientes de aire de la cueva y a la composición del terreno calizo.
Ese accidente geológico dio origen a uno de los cementerios más singulares del mundo, con cerca de 8.000 cuerpos distribuidos en sus corredores subterráneos.
De un hallazgo casual a un cementerio de élite
Los frailes capuchinos se instalaron en Palermo en 1534, junto al convento de Santa Maria della Pace. Como era costumbre en la orden, enterraban a sus hermanos fallecidos en una fosa común, envueltos en una sábana y bajados con cuerdas.
Hacia 1597, esa fosa ya no daba abasto, así que decidieron excavar un cementerio subterráneo nuevo, detrás del altar mayor de la iglesia.
El giro decisivo llegó dos años después. En 1599, al trasladar los restos desde la vieja fosa común hacia el nuevo espacio, los frailes descubrieron con sorpresa que 45 cuerpos se habían conservado casi intactos, sin haber sido sometidos a ningún tratamiento previo.
Interpretaron el hallazgo como una señal de benevolencia divina, y en lugar de volver a enterrarlos, decidieron exhibirlos de pie dentro de nichos excavados en las paredes del primer corredor.
El primero en ocupar formalmente ese nuevo cementerio fue el hermano lego Silvestro da Gubbio, el 16 de octubre de 1599, cuya momia todavía puede verse hoy con un cartel que recuerda la fecha.
La fama del hallazgo se extendió rápido por la ciudad, y el convento empezó a recibir cada vez más solicitudes de sepultura.
En 1783, los frailes formalizaron lo que hasta entonces era una excepción: abrieron el cementerio a cualquier laico cuya familia pudiera costear el proceso de embalsamamiento.
A partir de ahí, ser sepultado en las catacumbas se convirtió en un símbolo de estatus entre las familias adineradas de Palermo, que dejaban instrucciones detalladas en sus testamentos sobre la ropa con la que querían ser vestidos, e incluso pedían que sus parientes volvieran periódicamente a cambiarles el atuendo.
El siglo XX no fue benévolo con el recinto.
Muchas momias conservaban originalmente ojos de vidrio, que las tropas estadounidenses saquearon como recuerdos tras el desembarco aliado en Sicilia, durante la Segunda Guerra Mundial.
El 11 de marzo de 1943, un bombardeo sobre Palermo alcanzó de lleno el corredor de las mujeres, y en 1966 un incendio destruyó buena parte de los ataúdes que habían sobrevivido hasta ese momento.
El proceso detrás de la conservación
La técnica capuchina de conservación de los cuerpos no se parecía en nada al embalsamamiento egipcio, que retiraba los órganos internos.
Aquí el método era más artesanal.
Los cadáveres se colocaban sobre parrillas de tubos de terracota, dentro de una cámara seca conocida como colatoio. Allí permanecían durante unos ocho meses, tiempo suficiente para que el cuerpo perdiera casi toda su humedad de forma natural.
Después se lavaban con vinagre y se vestían con sus mejores prendas antes de ubicarlos en su posición final, de pie, recostados o dentro de ataúdes sin tapa.
Un mapa subterráneo dividido por categorías
El recorrido actual se organiza en corredores que agrupan a los muertos según su condición.
Las secciones incluyen frailes con su hábito y cordón de penitencia, sacerdotes con vestiduras eclesiásticas, comerciantes con su mejor traje dominical, oficiales del ejército en uniforme de gala, mujeres jóvenes solteras vestidas de novia, familias completas dispuestas juntas sobre repisas altas y una sección dedicada exclusivamente a los niños.
De los cerca de 8.000 cuerpos que alberga el recinto, se estima que unos 850 son momias propiamente dichas, mientras que el resto corresponde a restos óseos.
Hasta hoy, ninguno de ellos se ha inventariado formalmente.
El misterio resuelto de la “Bella Durmiente”
Los entierros formales en las catacumbas se prohibieron hacia 1880, pero el lugar tuvo dos excepciones posteriores.
La última, y la más famosa, fue Rosalia Lombardo, una niña palermitana nacida el 13 de diciembre de 1918. Murió de neumonía apenas dos años después, el 6 de diciembre de 1920.
Su padre encargó el embalsamamiento a Alfredo Salafia, el mismo especialista que había tratado el cuerpo del primer ministro italiano Francesco Crispi.
El resultado fue tan asombroso —pestañas largas, mejillas sonrosadas y rizos dorados intactos— que durante décadas se convirtió en un misterio científico sin resolver. Nadie sabía con certeza qué fórmula había usado Salafia.
Solo en 2009 un equipo de investigadores encontró un manuscrito propio del embalsamador con la mezcla exacta.
Los compuestos utilizados incluían formalina para eliminar bacterias, alcohol para deshidratar los tejidos, glicerina para evitar un secado excesivo, ácido salicílico y sales de zinc.
Desde entonces, Rosalia es conocida popularmente como “la Bella Durmiente de Palermo”.
Una leyenda local sostiene que sus ojos parecen abrirse y cerrarse según cambia la luz o la humedad del ambiente, algo que la ciencia atribuye a un simple efecto óptico.
Guía práctica para visitarlas
Las Catacumbas de los Capuchinos están en Piazza Cappuccini 1, a unos 26 minutos a pie del Teatro Massimo y a poco más de media hora de la estación central de Palermo.
La parada de metro más cercana es Palazzo Reale-Orléans, seguida de un tramo corto a pie. También llegan varias líneas de autobús urbano.
Precios:
- Entrada general: 5€
- Entrada reducida: 3€ (estudiantes, jubilados, grupos; gratuita o reducida para menores).
Importante: las entradas NO se venden por internet. La gestión oficial solo permite la compra presencial en la taquilla del recinto, el mismo día de la visita. No existe venta online oficial.
Horarios: normalmente todos los días de 9:00 a 12:30 y de 15:00 a 18:00. En verano suele ampliarse (de 9:00 a 17:30, última entrada 17:10). Entre finales de octubre y principios de marzo suelen cerrar por las tardes, así que conviene verificar en la web oficial antes de ir.
Sitios web oficiales (solo para consultar horarios y avisos, no para comprar): https://www.palermocatacombs.com
¿Cómo es la visita?
El recorrido por las Catacumbas de los Capuchinos no incluye guía, sino que se hace de forma autónoma. El tiempo no suele extenderse más de una hora.
Un dato que sorprende a muchos visitantes primerizos es que está terminantemente prohibido tomar fotografías o filmar dentro de las galerías. Esta norma se controla de cerca y conviene respetarla antes de sacar el móvil por reflejo.
Se trata, ante todo, de un espacio que pide silencio y cierta solemnidad.
Los cuerpos expuestos pertenecieron a personas reales, con nombre, historia y una familia que alguna vez decidió que la memoria de esos hermanos, madres o hijos merecía sobrevivir, aunque fuera de una forma tan poco convencional, al paso de los siglos.
MUY INTERESANTE ALGUNA PAGINA O CORREO PARA VISITAR EL MUSEO
Muchas gracias por leernos y por tu comentario! Las entradas se pueden adquirir aquí: https://www.palermocatacombs.com/
Añadiremos la información al artículo.
__
Pablo Ortega
Fundador LYXPLANET
instagram.com/paullenk