El volcán Etna podría ser el primer y único volcán petit-spot terrestre del mundo.
Durante décadas, los geólogos han tenido al Etna en la mira sin poder explicar del todo cómo se formó. Es el volcán más activo de Europa, entra en erupción varias veces al año y se eleva más de 3.000 metros sobre el nivel del mar en la costa oriental de Sicilia. Sin embargo, ninguno de los modelos geológicos disponibles encajaba con su origen.
Un nuevo estudio, firmado por investigadores de la Universidad de Lausana en colaboración con el Istituto Nazionale di Geofisica e Vulcanologia (INGV) de Catania, plantea por primera vez una hipótesis que podría cerrar ese vacío.
El volcán que no encajaba en ninguna categoría
La vulcanología clasifica los volcanes terrestres en tres grandes grupos.
- Los que se forman en zonas de subducción, donde una placa tectónica se hunde bajo otra y genera erupciones generalmente explosivas, como el monte Fuji.
- Los que emergen sobre puntos calientes, donde material del manto asciende a mayor temperatura que el entorno, como ocurre en Hawái o La Reunión.
- Los vinculados a dorsales oceánicas, donde las placas se separan.
El Etna no encaja en ninguna de estas tres categorías. Está ubicado cerca de una zona de subducción, pero su composición química se asemeja a la de los volcanes de punto caliente, aunque no existe ningún punto caliente en sus proximidades. Esa contradicción ha sido una anomalía sin resolver durante años.
Para buscar una respuesta, el equipo liderado por el profesor Sébastien Pilet analizó muestras de lava recogidas a lo largo de la historia eruptiva del Etna. El objetivo era rastrear la composición química del material emitido desde que el volcán comenzó su actividad, hace aproximadamente 500.000 años.
Los datos revelaron algo inesperado: la composición del material emitido se ha mantenido prácticamente inalterada a lo largo del tiempo, a pesar de la evolución del régimen tectónico en la región.
Eso apuntaba a una fuente muy estable y profunda. Los datos confirmaron que el Etna se alimenta de bolsas de magma antiguo ya presentes en el manto superior, a unos 80 kilómetros por debajo de la superficie. A medida que las placas africana y euroasiática colisionan, la litosfera se flexiona y fractura, y esas bolsas de magma son forzadas hacia la superficie.
Una cuarta categoría volcánica, descubierta en el mar en 2006
El Etna podría pertenecer a una categoría poco conocida llamada volcanes petit-spot, identificada por primera vez en 2006 por geólogos japoneses. Su característica definitoria es que se alimentan de magma procedente de bolsas en el manto superior.
Hasta ahora, estos volcanes solo se habían documentado en el fondo oceánico, con alturas de apenas unos cientos de metros. La gran diferencia es la escala. El Etna sería el primer caso de un volcán petit-spot de gran tamaño documentado en tierra firme. Y esto, nadie se lo esperaba.
Para Sarah Lambart, especialista en petrología de la Universidad de Utah, citada por el portal científico Live Science, el hallazgo apunta a “un nuevo tipo de volcanismo” que pone de relieve interacciones entre la litosfera y el manto que la ciencia había subestimado.
Pero más allá de la reclasificación del Etna, el estudio tiene implicaciones prácticas. El hallazgo abre nuevas perspectivas para comprender cómo otros sistemas volcánicos con características similares podrían existir en otras partes del mundo, muchos de ellos quizás aún sin identificar o mal clasificados.
En términos de riesgo, entender con mayor precisión el origen del magma del Etna permite a los investigadores del INGV modelar mejor el comportamiento futuro del volcán, cuyas erupciones, aunque frecuentes, han sido históricamente menos destructivas que las de otros volcanes de su tamaño.
El Etna lleva medio millón de años activo. Que todavía guarde sorpresas para la geología dice mucho sobre cuánto le queda al planeta por revelar.
