Abadía de Thelema: la casa de Crowley que acabó en muerte

El día en que Sicilia fue testigo del culto más perturbador del siglo XX.
21.10.2025
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La imponente isla de Sicilia ha vivido siempre envuelta en leyendas, habladurías y hasta sonrojantes comparaciones.

Si Italia es una bota, Sicilia sería ese balón, más de rugby que de fútbol, al que patea el país desde tiempos inmemoriales. La isla se ha convertido en uno de los destinos turísticos favoritos de aquellos que buscan ver algo distinto en Italia. Y vaya si lo encuentran. Especialmente cuando suben al norte y se acercan a la misteriosa Abadía de Thelema, hoy abandonada, que guarda una oscura historia ocurrida hace un siglo…

Thelema y la única ley de Aleister Crowley

Para quien no le conozca, Aleister Crowley fue un popular ocultista y místico de principios del siglo XX. Un tipo al que muchos consideran un mesías, y otros, sencillamente, un loco.

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Cierto es que ponerse como sobrenombre La Bestia 666 no ayuda a que te tomen muy en serio. Aun así, Crowley consiguió en su tiempo una gran popularidad, y tras su fallecimiento, incluso llegó a ser influencia en discos de música y películas imprescindibles de la cultura popular. Basta comentar que su cara aparece en la portada del mítico “Sgt. Pepper’s” de The Beatles, por no hablar del clásico “Mr. Crowley” que le dedicó el recientemente fallecido Ozzy Osbourne.

Crowley tuvo una crianza apegada a un férreo cristianismo, pero decidió apartarse de aquel camino, ya que esa fe no le llenaba lo suficiente. Por el contrario, comenzó a desarrollar su propio dogma, rebuscando aquí y allá en diferentes sociedades secretas y lugares de estudios místicos.

Los restos de la Abadía de Thelema.

Finalmente, según cuenta él mismo en sus memorias, tuvo una epifanía en El Cairo, donde durante varias noches, el demonio Aiwass le dictó lo que sería “El Libro de la Ley”, la base de su pensamiento filosófico. Si hubiera que definir ese dogma en una sola frase, sería: “Haz lo que quieras, esa es la única ley”.

A principios de siglo, Crowley ya sentía que empezaba a ganar repercusión entre cierto grupo de acólitos que estaban incluso dispuestos a pagarle por recibir sus enseñanzas. Así que decidió crear un centro de estudios donde todos ellos pudieran recibir la palabra de la Ley y, de paso, dar rienda suelta a sus más libres instintos.

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Cuando llegó a Cefalú, al norte de Sicilia, se enamoró de una pequeña casa de una planta que se ubicaba en la cima de una montaña. La casa no era gran cosa, pero venía con un buen terreno, que serviría para acoger a sus fieles más cercanos. Y así nació la Abadía de Thelema.

Un pasado envuelto en oscuridad

Para atraer a sus acólitos, Crowley volvió a dar rienda suelta a uno de sus grandes dones: inventar una historia que conecte con la gente.

Afirmó que aquel terreno había sido desacralizado siglos atrás, y que incluso se había ejecutado a varias personas acusadas de brujería en los propios terrenos de la abadía. Todo aquello resultaba irresistible para sus seguidores, aunque la promesa de drogas y libertinaje sexual seguramente también ayudaba bastante.

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Sea como fuere, entre 1920 y 1923 Crowley convivió en este lugar del norte de Sicilia con varios fieles, que pagaban religiosamente una cuota para recibir sus enseñanzas. Por la mañana realizaban el saludo al sol, recogían frutos y arreglaban el huerto cercano antes de hacer yoga.

Cuando el sol caía, la comunidad se envolvía en el desenfreno, incluyendo alcohol, drogas y todo el sexo que pudieran imaginar. Una situación idílica, pensarán algunos. Hasta que pasó lo que tenía que pasar.

En 1923, uno de los jóvenes de la comunidad, Frederick Charles Loveday, murió de forma repentina en Thelema. Su pareja acusó a Crowley de haber provocado su muerte por obligarle a beber sangre de un gato al que previamente había sacrificado.

La versión de Crowley —y por una vez, puede que sea la más creíble— es que Loveday contrajo fiebre tifoidea después de beber agua de un manantial cercano, a pesar de las advertencias del mago oscuro. La pareja del fallecido volvió a Inglaterra y contó su historia a cualquier medio sensacionalista que estuviera dispuesto a colocarla en portada.

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Y así, las fiestas lujuriosas y las oscuras celebraciones de Thelema llegaron a oídos de Benito Mussolini, que como “gran amigo de las libertades”, decidió que aquel culto no era precisamente lo que Italia necesitaba en aquel momento.

El dictador echó a Crowley y a sus acólitos de Thelema, y la abadía quedó abandonada desde entonces. En sus paredes, las pinturas obscenas que intentaban imitar la obra de Paul Gauguin fueron ocultadas, y poco a poco, el rastro de Crowley desapareció de Cefalú.

Una figura extrañamente reivindicada

Aleister Crowley fallecería en 1947, alejado ya de esa fama y popularidad que pudo tener en su día.

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A pesar de ello, no pasó demasiado tiempo hasta que varias figuras eminentes de la cultura popular decidieran rescatarle del olvido y comenzar un extraño y casi obsesivo culto a su figura, enalteciéndole como un “liberador” y adalid de la rebeldía, frente a la encorsetada sociedad de mitad del siglo XX.

Kenneth Anger, un cineasta británico que tuvo cierta repercusión por sus películas experimentales y provocadoras, fue seguramente uno de sus más genuinos seguidores. El documentalista llegó incluso a viajar a Cefalú para visitar la ya destartalada abadía de Thelema, y consiguió despejar sus muros para grabar parte de aquellos murales obscenos. De la mano de Anger se subieron al carro de la adoración por Crowley figuras tan reseñables como Mick Jagger o los componentes de The Beatles.

La figura de Crowley tuvo también su lugar entre las influencias de los primeros abanderados del heavy metal. Ya hemos comentado el guiño de Ozzy Osbourne, Príncipe de las Tinieblas y a la vez también cantante de Black Sabbath, que dedicó uno de sus éxitos más inolvidables a la figura de La Bestia 666.

El guitarrista de Led Zeppelin, Jimmy Page, se obsesionó tanto con la historia y las enseñanzas de Crowley que llegó a comprar una de sus pequeñas posesiones en Foyers, a orillas del lago Ness. Dicen que Page se paseaba por el lugar de noche, vestido con una túnica que había pertenecido al propio Crowley, invocándole en la oscuridad. Tiempo después, su banda se vería envuelta en infinidad de desgracias, que les harían ganarse el apelativo de “malditos”. Aunque, obviamente, lo del culto a Crowley no tenía nada que ver.

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A día de hoy, la abadía de Thelema sigue siendo lugar de peregrinación para muchos seguidores de Crowley, que encuentran aquí su propia Meca. Viajar a Sicilia siempre es un acierto, pero recomendamos visitar otros lugares con mucho más que ofrecer, como Taormina o la propia capital, Palermo.

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