Desde lo alto del Monte de los Olivos, Jerusalén se vislumbra como una ciudad con una historia viva debajo de cada piedra.
Un vistazo hacia la eternidad
En el Valle de Cedrón, ubicado al este de la Ciudad Vieja, el Monte de los Olivos es uno de los mejores puntos panorámicos para observar Jerusalén. Es increíble durante todo el día, pero tiene la cualidad de, además, ofrecer unos atardeceres únicos.
Como un testigo vivo de la historia de la ciudad y también su telón de fondo, el Monte de los Olivos ha protagonizado varios pasajes bíblicos, ha visto guerras y sufrido las consecuencias de las mismas, y ha sido el sitio elegido por decenas de miles de judíos para descansar en paz cuando fallecen.
Desde su cima se puede ver la Explanada de las Mezquitas, el Muro de los Lamentos, la Cúpula de la Roca y la Iglesia del Santo Sepulcro.
La imagen parece detenida en el tiempo.
Esta colina también es uno de los lugares más sagrados del mundo. En la tradición judía, se cree que desde aquí Dios comenzará a redimir a los muertos al final de los tiempos.
Por eso, hay miles de tumbas cubriendo sus laderas, formando un manto blanco de piedra y de silencio en un cementerio que alberga el rastro de numerosas figuras históricas. Su visita es una experiencia imperdible.
El monte se encuentra frente a la Puerta Dorada: la única de las ocho puertas de la ciudad vieja que está tapiada. Por aquí, se dice que, cuando llegue, entrará el mesías.
Un cruce de caminos espirituales
El Monte de los Olivos es importante para judíos, cristianos y musulmanes. En este punto de la ciudad, según el Nuevo Testamento, está la Iglesia de todas las Naciones, donde se dice que Jesús solía orar, y donde se encontraba orando antes de que lo arrestaran.
Más arriba, la Capilla de la Ascensión recuerda el lugar desde donde Jesús ascendió al cielo.

Para el islam, el monte es parte del paisaje sagrado que rodea Al-Quds (el nombre árabe para Jerusalén) y algunas leyendas lo asocian al Día del Juicio.
En la biblia, el olivo simboliza la paz, la espiritualidad y la alianza divina. El monte toma de esas premisas y renace de las cenizas de la historia para devenir hogar de la confluencia religiosa.
Así, en una misma colina se cruzan tiempos, lenguas, escrituras y creencias. Un entrecruzamiento cultural y religioso, condensado en un paisaje imponente de piedras y techos de oro.
El silencio del monte es, en realidad, una gran conversación inaudible. Pero, si se presta atención, se puede adivinar un poco de eso.
Jerusalén intensa
Más allá del Monte, Jerusalén vibra con una intensidad difícil de describir. En sus calles, las religiones y los tiempos se entremezclan con la vida cotidiana.
Peregrinos, comerciantes, turistas, soldados, estudiantes: todos caminan entre muros que vieron pasar imperios y profecías.
En la canción Jerusalén de oro, de Nomi Shemer, Jerusalén es descrita con justicia como una ciudad de oro, de bronce y de luz. Escucharla antes de hacer el viaje y escucharla allí le da una profundidad romántica a la experiencia que es imperdible: “tu nombre quema mis labios / como un beso angelical, / si te olvidare, / Jerusalén, ciudad de oro toda”.
La Ciudad Vieja, dividida en cuatro barrios (judío, cristiano, musulmán y armenio), concentra algunos de los lugares más emblemáticos de la historia religiosa del mundo, pero también mercados, aromas, discusiones, rezos y contradicciones.
Vista desde lo alto, Jerusalén parece una postal eterna. Cuando se camina por sus calles, se siente una sensacióm profundamente viva.
No son solo las personas que caminan y conversan y hacen compras: es también el aroma de las piedras viejas, las tradiciones vigentes, la sensación de pisar un suelo histórico que sigue recogiendo las huellas del presente.
Una experiencia que deja huella
Desde lo alto del Monte de los Olivos se observa un paisaje imponente.
No importa si uno llega por motivos religiosos, históricos o emocionales: algo pasa. Se siente en el cuerpo como un vértigo y es parecido a ver una montaña imponente o la furia de una catarata que rompe contra el caudal de agua sin pausa.
Quizá sea ver la ciudad en escala, o la historia que se acumula allí entre piedras y mezquitas. El ligero aroma a olivos cuando el viento acompaña. Quizá sea la cercanía entre la belleza y el conflicto que late, entre lo humano y lo trascendente.
Pero lo cierto es que, desde allí, Jerusalén se graba en la memoria con una fuerza difícil de borrar.
Como una foto inolvidable.
Es hermoso. Los paisajes, lugares que realmente tal vez no podremos conocer en físico Pero a través de estos reportajes es maravilloso. Muchas gracias!!
Es una increíble forma de conocer lugares y aprender tantas maravillas que hay en nuestro planeta, gracias por brindarme tan increíble información