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ToggleBeer Sheva fue un cruce de rutas de agua y caravanas y hoy es una de las capitales de la investigación en sustentabilidad y desertificación.
Un pozo, una promesa
El nombre de Beer Sheva proviene de la Biblia: su significado se interpreta como un juego de palabras en hebreo, que significa tanto “pozo del juramento” como “pozo de los siete”.
Remite a la escena bíblica en la que Abraham y Abimelec sellan un pacto de paz. En esa escena se incluye la entrega de siete ovejas. También es el séptimo pozo de los que fueron excavados.
El siete y los juramentos se entrelazan y todas las historias desembocan en el mismo nombre que se usa hasta el día de hoy. En la actualidad, el pozo se puede visitar yendo al Abraham’s Well International Visitor Center.
En la ciudad de Beer Sheva hay vestigios de aljibes antiguos, canales, cisternas y sistemas hidráulicos que dan cuenta de una ingeniería temprana para sostener la vida en condiciones extremas.
Desde esos tiempos muy remotos, el agua subterránea ha sido clave para la vida en este punto del desierto.
Escasa y valiosa, el agua determinó las rutas comerciales, los asentamientos y los intercambios culturales de la región.
Parque Nacional Tel Be’er Sheva
Tel Beer Sheva, el lugar en el que se encuentra la ciudad original de los relatos bíblicos, ha sido conservada al oeste de la ciudad moderna.

Durante las últimas décadas del siglo pasado, la Universidad de Tel Aviv llevó adelante una excavación del yacimiento dedicada al descubrimiento de la ciudad antigua fortificada.
Actualmente, es posible visitar la ciudad excavada gracias a la apertura al público del Parque Nacional Tel Beer Sheva.
Mercados y tormentas de arena
Durante siglos, Beer Sheva fue un punto estratégico para las caravanas que cruzaban el Néguev. El ‘Shuk’ o mercado, solía ser un lugar de intercambio entre beduinos, comerciantes y viajeros.
Especias, lana, cerámica, animales y noticias circulaban entre el polvo del desierto. Se puede visitar, a unos 20 km de la ciudad, el Museo de la Cultura Beduina.
La historia de Beer Sheva es una historia de destrucción y reconstrucción. Renacida, ha encontrado su lugar en el mundo en una mixtura que es el encuentro entre los tiempos.
Aunque la ciudad moderna creció hasta convertirse en la más grande del desierto del Néguev y también su centro administrativo, cultural e industrial, todavía se respira esa mezcla entre tradición nómada y urbe activa.
Hay mercados al aire libre, cafés con arquitectura otomana, y relatos que se cruzan entre los callejones antiguos.
En el verano se suelen producir tormentas de arena, que llevan a días de aislamiento para una población que debe cuidarse de su furia.
Ciencia en el desierto
Al día de hoy, Beer Sheva es una ciudad universitaria: alberga la Universidad Ben-Gurion del Néguev, una de las casas de estudio más prestigiosas de Israel. Allí se investigan sistemas de cultivo en zonas áridas, tratamiento de aguas, energía solar y biotecnología.
En medio del desierto, florecen laboratorios que intentan resolver los grandes desafíos del siglo XXI.
También hay centros de tecnología militar y empresas de ciberseguridad, que le han dado un nuevo perfil a la ciudad.
Una ciudad entre mundos
Beer Sheva es una ciudad puente entre el pasado bíblico y la innovación moderna, entre la cultura beduina y la investigación científica, entre la arena y el silicio.
Según los hallazgos arqueológicos, la ciudad está habitada por humanos desde hace más de 5000 años. Los antepasados vivían en cuevas, elaboraban herramientas, criaban ganado. Todo eso, que ya no está, todavía puede adivinarse en su paisaje.
También en sus atractivos turísticos se puede ver esta dualidad: está el Midbarium, por ejemplo, que es un zoológico innovador, ya que permite al visitante aprender sobre los movimientos y los comportamientos de un animal en su hábitat, pero también evoca una sensación arcaica si nos basamos en su estética arenosa y sus réplicas de paisajes, como la Sabana o el Cañón.
También está el Lunada Children’s Museum: un museo de experiencias para los niños, que son la encarnación verdadera del futuro.
Caminar por las calles de Beer Sheva es ver una superposición de tiempos. Y en el aire, siempre, el polvo del desierto y una sensación de promesa.
La ciudad parece encarnar el conocimiento de que conservar el pasado es también una forma de armar las bases para construir un futuro.

En principio me parece interesante el objeto de los contenidos.
Muy buenas interesante me llama mucho la atención que no sabemos mucho sobre el desarrollo de varias culturas y sus avances que son desconocidos