El Museo Británico y las piezas históricas reclamadas por sus países de origen

Egipto, Grecia, Nigeria o Rapa Nui reclaman piezas clave de su patrimonio que se encuentran en Londres.
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Hace poco leía la novela Huaco Retrato de la escritora peruana Gabriela Wiener. En las primeras páginas de la novela, la protagonista recorre los pasillos de la colección de arte Wiener, es decir, las piezas que uno de sus antepasados, un alemán con afán de descubrir el nuevo mundo, había robado a las antiguas civilizaciones del Perú. Esto es el germen de un rechazo de la protagonista hacia sus raíces, pues están contaminadas por el abuso, la violencia y el robo. Pero ¿no están todas las civilizaciones, al final, marcadas por una u otra cara de la colonización?

El Museo Británico es uno de los museos más importantes del mundo y custodia más de ocho millones de objetos de todos los continentes. Y aunque también alberga un rico patrimonio nacional, no deja de sorprender la cantidad de obras de arte procedentes de otros países que se recogen entre sus paredes.

De hecho, la sección del Antiguo Egipto es la más importante del mundo después de la del Museo Egipcio de El Cairo, albergando más de 100.000 piezas. ¿Cómo es posible que haya un museo sobre el Antiguo Egipto casi tan importante como el que hay en el mismísimo Egipto?

En relación con esto, cabe decir que una de las piezas más simbólicas del museo es la Piedra Rosetta, que está escrita en tres idiomas antiguos y data del 196 a.C.

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Esta piedra fue hallada por Napoleón a finales del siglo XVIII y más tarde fue entregada a los ingleses. Se trata de una reliquia, ya que fue a partir de ella que se pudieron descifrar los jeroglíficos.

Por ello, hoy tanto el gobierno de Egipto como muchos arqueólogos e historiadores reclaman que la Piedra Rosetta vuelva a su país de origen. Sin embargo, el Museo Británico se niega aludiendo a que es una pieza demasiado importante en su museo.

Pero esto no queda aquí. Otro de los casos más reseñables es el de Grecia.

En el Museo Británico se encuentran piezas de mármol extraídas del Partenón en 1805: los mármoles de Elgin.

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En esta época, el Imperio Otomano aún gobernaba y buscaba entablar una relación cordial con el Imperio Británico, por lo que entregó al embajador británico en Grecia algunas piezas.

Sin embargo, una vez que Grecia obtuvo su independencia, comenzó a reclamar lo que pertenecía a su territorio. La situación roza lo surrealista con figuras que tienen la cabeza en Londres y el cuerpo en Atenas.

Grecia lleva desde los años ochenta reclamando la repatriación de su patrimonio y, en 2009, abrió un museo para tratar de forzar esta devolución, pero aún así, el país no lo ha logrado.

Otra de las grandes reliquias que alberga el Museo Británico son los bronces de Benín, sustraídos en 1897 del reino de Benín, actual Nigeria.

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En aquel momento, los británicos ya habían comenzado la colonización del continente africano y en este reino empezaron a sentirse cada vez más molestos por la presencia británica y por su implicación en asuntos internos del país.

Acabaron matando a un grupo de británicos, pero estos respondieron con venganza: derrocaron la monarquía y arrasaron su cultura.

Fue así como se llevaron estas placas de bronce, del siglo XIV, en las que se relata toda la historia del reino de Benín. Desde que en los años sesenta nació Nigeria, han estado tratando de conseguir recuperar estas piezas y el museo ha accedido a “prestárselas”, aludiendo a que únicamente en sus instalaciones pueden estar seguras.

Un caso similar es el de la Isla de Pascua, actualmente parte de Chile. A mediados del siglo XIX, los británicos llegaron a esta isla, entonces conocida como Rapa Nui, y decidieron llevarse uno de los moais, una escultura impresionante con más de cinco siglos de antigüedad.

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Se lo regalaron a la reina Victoria y ella, después, lo donó al museo.

Los habitantes de la isla están reclamando su escultura, aludiendo además a que esa concretamente tiene un significado muy importante en la historia de su pueblo. Desde el museo aluden a que allí la escultura no estaría tan bien conservada.

En todos los casos, el Museo Británico se ha negado a devolver las piezas a sus lugares de procedencia y se ampara en una ley de 1963 que prohíbe ceder o vender cualquier objeto del museo, salvo cuando no le sea posible proteger la pieza dentro de sus instalaciones.

¿Hay alguna esperanza de que los otros países puedan recuperar las piezas arqueológicas? La crítica cada vez es más fuerte y el museo de Londres Horniman ya ha comenzado con esta labor, siendo el primer museo británico que repatria algunas de sus obras a sus lugares de procedencia.

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