Valle de las Momias de Oro: la necrópolis egipcia con 10.000 momias

Un burro perdido en el desierto condujo al mayor cementerio del mundo antiguo: 10.000 momias cubiertas de oro.
30.04.2026
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Cómo se construía la eternidad


Desliza entre las cinco etapas del proceso. Alterna entre los entierros de élite y los humildes para descubrir cómo el estatus social marcaba el tránsito a la otra vida.

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Sacerdote con máscara de Anubis y asistente realizando el ritual de evisceración junto a cuatro vasos canopos
Entierro de élite Evisceración Sacerdotes especialistas extraen todos los órganos salvo el corazón —sede del alma— a través de una incisión en el costado izquierdo. El hígado, los pulmones, el estómago y los intestinos se conservan por separado en cuatro vasos canopos, custodiados cada uno por uno de los hijos de Horus. El cerebro se extrae por las fosas nasales con un instrumento ganchudo y se descarta.
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En 1999 y coincidiendo con el estreno mundial de la película “La Momia”, el gobierno de Egipto dio a conocer una de las mayores necrópolis halladas hasta el momento: el Valle de las Momias de Oro.

A 15 minutos de la ciudad de El Bawiti, a 400 km de El Cairo y en pleno oasis de Bahariya, las galerías de este importante yacimiento arqueológico albergan, según se estima, más de 10.000 momias de época grecorromana.

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Si bien el número es realmente impresionante, lo que más llamó la atención de los exploradores que hallaron el lugar fue el oro que cubría las momias, lo que, de hecho, le valió su nombre: Valle de las Momias de Oro.

Para la egiptología, esta impresionante metrópolis es uno de los yacimientos más importantes del período grecorromano en Egipto.

Para los pobladores de Bahariya, representó un cambio en sus vidas, ya que muchas de sus viviendas debieron ser demolidas para acceder a ciertas tumbas. A cambio, recibieron una compensación económica del gobierno egipcio.

Para el mundo entero, es una muestra más de los grandes misterios del Antiguo Egipto.

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Misterios que, a día de hoy, siguen saliendo a la luz. La egiptología no descansa y, cada cierto tiempo, se hacen descubrimientos que rinden honor a una de las mayores civilizaciones del mundo.


La historia del hallazgo del Valle de las Momias

El Valle de las Momias de Oro fue descubierto por casualidad en marzo de 1996, aunque fue anunciado oficialmente al mundo en 1999.

Por aquel entonces, Zahi Hawass, secretario general del Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto, recibió un llamado de su asistente, Mansour Boraik, sobre un hallazgo asombroso en el oasis de Bahariya.

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Según la versión más difundida, un cuidador local se encontraba buscando a su burro perdido en las inmediaciones del oasis cuando, de pronto, escuchó unos rebuznos procedentes de una depresión del terreno.

Curioso, se acercó hasta dar con una cavidad de la cual emergía un brillo inusual. Desde su posición en lo alto, creyó que el animal estaba atrapado entre piedras doradas, pero al inspeccionar más de cerca, descubrió que se trataba de sarcófagos y momias recubiertas de oro.

Otra versión también involucra a un burro, aunque con variaciones. Se dice que uno de los guardias del templo de Alejandro Magno atravesaba el desierto a lomo de su burro, cuando de repente el animal hundió una pata en la arena.

Al intentar liberarlo, notó que habían quedado al descubierto unas formas extrañas. El vigilante, que tenía conocimientos en arqueología, se dio cuenta de que podría tratarse de un hallazgo importante, por lo que dio aviso a las autoridades.

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Sea cual sea la versión más cercana a la realidad, lo cierto es que tras la excavación inicial, los arqueólogos dieron con una tumba comunal que contenía 105 momias, muchas de ellas con máscaras doradas, ojos incrustados y detalles en relieve increíblemente bien conservados.

A día de hoy, las excavaciones continúan y se estima que el yacimiento podría contener entre 10.000 y 15.000 momias, la mayoría correspondientes a la época grecorromana (siglos I a.C. - III d.C.).

Una fusión entre mundos: griegos, egipcios y el misterio dorado de Bahariya

Las momias halladas en el Valle de las Momias de Oro no solo revelan secretos de la muerte, sino que también narran una historia de mezcla cultural.

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La mayoría corresponde al período grecorromano, entre los siglos IV a.C. y IV d.C., cuando el oasis de Bahariya florecía como centro exportador de vino hacia el Nilo.

En aquella época, artesanos, comerciantes y familias enteras fueron sepultados en panteones familiares que, con el paso del tiempo, dieron forma a esta necrópolis monumental.

El rito de la momificación seguía la tradición egipcia instaurada por el dios Anubis. Pero el período grecorromano introdujo nuevas formas, priorizando el aspecto externo del cuerpo.

El proceso era el siguiente: primero se vaciaba el cadáver, luego se reforzaba con juncos o palos y se cubría con resina. Finalmente, se envolvía con vendajes de lino decorados con complejos patrones geométricos que le daban una apariencia escultórica.

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A las momias de alto estatus social se les aplicaba una máscara de cartonaje modelada con yeso pintado y, en muchos casos, recubierta con finas capas de oro. De ahí el nombre del lugar.

Las clases más humildes, en cambio, eran momificadas de forma rudimentaria, sin sarcófago y con los cuerpos mal conservados, lo que sugiere una marcada diferencia social incluso después de la muerte.

Pero quizás lo más fascinante del Valle de las Momias de Oro es la fusión entre lo griego y lo egipcio.

Mientras que las máscaras funerarias representaban a los dioses tradicionales como Isis, Anubis y Horus, los peinados, atuendos e incluso los rasgos faciales reproducían modelos grecorromanos.

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Es como si la eternidad no fuera ni egipcia ni griega, sino un puente entre ambos mundos.

Las tumbas también hablaban. En su mayoría, presentaban la misma estructura: unos escalones daban acceso a una sala de recepción, seguida de un pasillo con nichos laterales donde se depositaban los cuerpos.

Algunas se asemejaban a catacumbas donde las momias eran apiladas, mientras que otras estaban decoradas con escenas del juicio final: Anubis pesando el corazón del difunto frente a Osiris y la pluma de Maat.

Junto a los cuerpos aparecieron ajuares funerarios con estatuillas de plañideras, el dios Bes (protector del hogar), vasijas con restos de vino, joyas de bronce, plata, cobre y marfil, e incluso monedas del reinado de Cleopatra VII.

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Entre los hallazgos más destacados figura el sarcófago de piedra caliza del gobernador de Bahariya, perteneciente a la dinastía XXVI, junto con las momias de su esposa, Nesa II, su hermano y su padre.

Por todo esto, podemos decir que el Valle de las Momias de Oro no es solo un hallazgo arqueológico; es una ventana a una época que fusionó dioses, lenguas y costumbres.

Con cada nuevo descubrimiento, la historia de Egipto vuelve a reescribirse, recordándonos que incluso lo que parece enterrado para siempre puede, algún día, volver a respirar.

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