Micrografía electrónica de barrido del virus del Ébola. Fuente: CC/BY-SA 2.0

El origen del ébola: cómo un maestro rural y un termo de sangre cambiaron la historia de la medicina

El ébola no llegó de la selva. Llegó de un hospital de monjas belgas con cinco jeringas compartidas.
01.06.2026
Publi
Publi

El origen del virus del ébola se remonta a agosto de 1976, cuando Mabalo Lokela regresó de un viaje al norte del Zaire con fiebre.

Era maestro, tenía 44 años y dirigía la escuela de la misión de Yambuku, un poblado situado a más de mil kilómetros de Kinshasa, sin electricidad ni agua corriente.

Las enfermeras del hospital local le diagnosticaron malaria y le inyectaron quinina. Era el tratamiento habitual. Era también el comienzo de algo que nadie en ese rincón de África central podía imaginar.

La fiebre bajó. Luego volvió. El 1 de septiembre, Lokela regresó al hospital con temperatura alta y un estado de agitación creciente.

Publi

Cuatro días después sangraba por todos los orificios del cuerpo. El 8 de septiembre murió, apenas 14 días después de los primeros síntomas.

Lo que nadie sabía aún era que en ese hospital de monjas belgas, con cinco jeringas que se reutilizaban sin esterilizar entre paciente y paciente, el virus ya se había abierto paso.

Un paquete llegó a Amberes

A miles de kilómetros de Yambuku, en el Instituto de Medicina Tropical de Amberes, un piloto de la aerolínea belga Sabena entregó un termo azul brillante.

Publi

Dentro había una muestra de sangre de una monja belga que había contraído una misteriosa dolencia en Yambuku. Un médico de Kinshasa pedía que la analizaran.

Peter Piot, un joven científico de 27 años, recién graduado, recibió el paquete. Uno de los dos frascos se había roto durante el traslado y la sangre se mezcló con el agua del deshielo.

La sospecha inicial era fiebre amarilla. Pero lo que Piot encontró bajo el microscopio electrónico era otra cosa: un filamento largo, retorcido, de morfología nunca vista. Un virus nuevo.

Publi

Lo que ocurrió en Yambuku

El Hospital Misión de Yambuku era un centro católico remoto que no contaba con médicos ni instalaciones de laboratorio.

Los tratamientos estaban a cargo de cuatro monjas belgas, un cura, una enfermera y siete zaireños. El hospital atendía cientos de pacientes por semana en una región donde la malaria, la fiebre tifoidea y otras infecciones eran constantes.

La conclusión a la que llegó Piot después de investigar sobre el terreno fue incómoda.

La epidemia había sido causada inadvertidamente por las propias hermanas del hospital, quienes habían administrado inyecciones de vitaminas a mujeres embarazadas sin esterilizar las agujas y jeringas.

Publi

El virus que había llegado con Lokela se propagó por las manos que intentaban curar.

El brote produjo 318 afectados y 280 fallecidos, una tasa de mortalidad del 88%.

Dos brotes, el mismo mes

Lo que singulariza el origen del ébola es que ese agosto de 1976 hubo dos brotes simultáneos.

Publi

Uno ocurrió en Nzara, en el actual Sudán del Sur, y el otro en Yambuku, en la actual República Democrática del Congo.

Eran variantes distintas del mismo patógeno. Es uno de los datos que todavía desconciertan a los epidemiólogos: que dos cepas diferentes emergieran al mismo tiempo en regiones separadas.

La coincidencia reforzó la hipótesis de que el virus no era nuevo en la selva, sino que llevaba circulando entre animales durante mucho tiempo, esperando el momento en que el ser humano lo cruzara.

Publi

El nombre que eligieron de madrugada

Con el brote controlado y el virus identificado, quedaba pendiente bautizarlo.

El equipo no quiso usar el nombre de Yambuku porque eso habría estigmatizado la aldea para siempre.

Había un mapa en la pared y el jefe del equipo sugirió que buscaran el río más cercano. Era el Ébola. A las tres o cuatro de la madrugada, ya tenían el nombre.

El mapa era pequeño y poco preciso. Solo después supieron que el río más cercano al lugar era, en realidad, un río diferente.

Publi

Pero el nombre quedó. Ébola. Sonoro y extraño. Un río en el norte del Congo que la mayoría del mundo nunca habría conocido de no ser por lo que ocurrió ese agosto.

La pregunta que sigue abierta

Casi medio siglo después, la pregunta más básica sobre el ébola permanece sin respuesta definitiva: ¿de dónde procede exactamente?

La hipótesis más aceptada es que el reservorio natural son murciélagos frugívoros de la familia Pteropodidae.

Publi

Algunos estudios sugieren que ciertas especies pueden albergar el virus sin mostrar signos clínicos de enfermedad. Sin embargo, no hay ninguna especie en la que esté probada con certeza una función de reservorio.

Lo que sí está documentado es el patrón de contagio entre animales y humanos.

El virus se introduce en las poblaciones humanas a través del contacto con animales silvestres infectados, asociado a la caza, la recogida de animales enfermos o muertos y la manipulación de carne de animales silvestres sin cocinar.

Mabalo Lokela, según algunas versiones, compró carne ahumada de antílope y de mono en un puesto de carretera durante su viaje al norte del Zaire.

Publi

Más de 30 brotes después

Desde 1976 se han registrado más de 30 brotes, principalmente en África.

El más devastador llegó en 2014, cuando la epidemia de ébola en África Occidental superó todos los límites geográficos conocidos y produjo más de 11.000 muertos en Guinea, Sierra Leona y Liberia.

En mayo de 2026, la Organización Mundial de la Salud declaró una nueva emergencia por un brote de la cepa Bundibugyo en la República Democrática del Congo, Uganda y Sudán del Sur, la misma región donde Peter Piot libró su primera batalla contra este virus hace casi cincuenta años.

Publi

La ciencia, sin embargo, no llegó con las manos vacías.

Hoy existen dos vacunas aprobadas contra el ébola: Ervebo, desarrollada por Merck, y la combinación Zabdeno/Mvabea, de Janssen. Ambas son eficaces frente a la cepa Zaire, la más común y letal.

Los datos muestran que la mortalidad entre pacientes no vacunados ronda el 56%, frente al 25% entre quienes recibieron la vacuna.

El problema es que solo existe tratamiento aprobado para uno de los tres virus causantes de grandes brotes. Para las cepas de Sudán y Bundibugyo, los productos siguen en fase de desarrollo.

Publi

Esta limitación cobra peso en el brote activo de 2026, causado precisamente por la cepa Bundibugyo, para la que no hay vacuna disponible.

Yambuku sigue siendo un pueblo remoto. Sin grandes infraestructuras sanitarias, sin el reconocimiento que se le daría a cualquier lugar donde ocurrió algo que cambió la historia de la medicina.

El río Ébola corre al norte, entre la selva. Y el virus que lleva su nombre, aquel filamento retorcido que un joven científico belga vio por primera vez en un microscopio en 1976, sigue siendo uno de los patógenos más letales que existen.

A día de hoy, la ciencia aún no ha podido resolver el misterio más elemental: dónde vive cuando no mata.

Publi

Continúa explorando

El mundo tiene más de lo que te han contado

Lugares remotos, historias enterradas, experiencias que las guías no mencionan. Únete a más de 10.000 exploradores curiosos y recibe nuestras mejores historias cada semana.

Comentarios

Recibir notificaciones cuando me respondan
Selecciona tu notificación:
guest

0 Comentarios
Los más antiguos
Los más recientes Los más votados

LO + LEÍDO

Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing
El mundo más allá de los viajes

El mundo tiene más de lo que te han contado

Lugares remotos, historias enterradas, experiencias que las guías no mencionan. Únete a más de 10.000 exploradores curiosos y recibe nuestras mejores historias cada semana.