El verano europeo ha comenzado y una de las novedades más importantes de este 2026 es que la tasa turística de Venecia podría multiplicarse por cinco.
El nuevo alcalde de la ciudad, Simone Venturini, ha propuesto elevar el precio de acceso al casco histórico de los actuales 10 euros a 50 en los días de mayor afluencia.
Esto representaría un aumento del 900% respecto a las tarifas con las que se lanzó el sistema en 2024.
La medida está pendiente de aprobación del gobierno central en Roma, ya que la legislación estatal establece límites que el ayuntamiento no puede superar por cuenta propia.
Venturini, elegido alcalde a finales de mayo, tomó posesión con la promesa de endurecer los controles sobre el turismo de masas y usó su primera reunión pública con el presidente italiano Sergio Mattarella para plantear la necesidad de reformar la financiación especial de la ciudad.
Una tasa que ya existía, pero que no está funcionando como se esperaba
Venecia fue, en 2024, la primera ciudad del mundo en cobrar una entrada por el mero hecho de acceder a su centro histórico durante horas punta.
El sistema arrancó con una tarifa de 5 euros, aplicada durante 29 días en primavera y verano. En 2025 se amplió a 54 días y se estableció una doble tarifa: 5 euros para quienes reservaran con al menos cuatro días de antelación y 10 para quienes no lo hicieran.
Los resultados han sido parciales. Los datos oficiales muestran que el promedio diario de visitantes durante el verano bajó de 16.676 en 2024 a 13.046 en 2025.
Pero el promedio no refleja el problema central. En los días punta (los fines de semana de primavera y los festivos que concentran la mayor afluencia) el número de personas puede llegar a 80.000 en una sola jornada, cifra que ninguna tasa de 10 euros ha logrado reducir de forma significativa.
Menos de la mitad de los turistas que pagaron la tasa lo hicieron por adelantado para acceder al precio más bajo, lo que indica que el diferencial entre ambas tarifas no está modificando el comportamiento de los visitantes.
Un sistema con límites legales y políticos
Venturini ha resumido su posición con una frase directa: “Cuanto más alta sea la tarifa, mejor para nosotros”. El alcalde argumenta que el objetivo no es cerrar la ciudad al turismo, sino redistribuir los flujos.
La propuesta plantea subir la tasa de los actuales 10 euros a 50 en determinados días, con una cifra intermedia de 30 euros como posible escalón adicional.
El concejal de Presupuestos, Michele Zuin, ha confirmado que este será el tercer y último año de pruebas y que tras el verano habrá que tomar decisiones para dar a la medida una forma más definitiva, lo que incluye evaluar si extenderla a más fechas del calendario o incluso al Carnaval.
El principal obstáculo para el aumento de la tasa turística en Venecia no es técnico sino jurídico.
Expertos jurídicos advierten que Venturini carece de autoridad para elevar la tasa por encima de los límites actuales sin una modificación de la legislación estatal. Por ello, cualquier movimiento depende de negociaciones con Roma.
A eso se suma la oposición interna. El exalcalde Massimo Cacciari ha calificado la medida de “bárbara” y advierte que podría convertir a Venecia en un destino accesible solo para quienes puedan gastar mucho dinero.
Dentro del sector turístico, la lectura es más matizada. El director de la Asociación de Hoteleros de Venecia ha apoyado la propuesta y ha señalado que 50 euros no son excesivos si se comparan con la entrada a algunos sitios arqueológicos de referencia mundial.
30 millones de turistas, menos de 50.000 residentes
El trasfondo del debate es una ciudad que lleva décadas vaciándose.
El número de residentes en el casco antiguo se desplomó a un mínimo histórico, hoy por debajo de las 50.000 personas, mientras que el número de plazas turísticas ya supera al de habitantes.
Venecia recibe alrededor de 30 millones de turistas al año, una presión que se concentra sobre todo en un puñado de puntos: la Plaza de San Marcos, el Puente de Rialto y el Palacio Ducal.
Los visitantes que pernoctaron en la ciudad el año pasado fueron 4,6 millones, un 16% menos que antes de la pandemia.
Eso significa que la inmensa mayoría de los turistas llega, recorre los mismos tres kilómetros y se marcha el mismo día, sin apenas contribuir a la economía local pero sí al deterioro de la infraestructura.
La recogida de basuras, el mantenimiento de los canales y los servicios básicos tienen un coste desproporcionado en una ciudad construida sobre el agua.
La tasa recaudó más de dos millones de euros durante el periodo de prueba de 2024. Una cifra que las autoridades describen como útil, pero que resulta marginal frente a los más de 100 millones de euros anuales que cuesta mantener la ciudad en funcionamiento.
La pregunta que Venecia no ha respondido todavía
El sistema de tasa de acceso ha abierto un camino que otras ciudades europeas observan con atención.
Pero los propios responsables del ayuntamiento admiten que cobrar la entrada no resuelve el problema de fondo: por qué Venecia sigue siendo tan barata de visitar en términos relativos, y por qué el turismo de excursionistas (el menos rentable y el más dañino) sigue siendo el modelo dominante.
El ayuntamiento ha aclarado que la propuesta de 50 euros se aplicaría solo en días punta y de forma condicionada al volumen de reservas anticipadas, lo que introduce cierta flexibilidad en el sistema.
Si Roma aprueba el cambio, Venecia se convertiría en el primer lugar del mundo en cobrar 50 euros solo por cruzar un puente. Si prefieres otro destino, tienes alternativas como las Termas de Saturnia.



