Hay hoteles a los que se llega en auto, en taxi o a pie. Al Taj Lake Palace solo se llega en barco.
Ese detalle, que podría parecer un simple capricho logístico, es en realidad la clave de todo lo que hace especial a este hotel.
Está construido sobre una isla propia en medio del lago Pichola, en Udaipur, y cruzar el agua para llegar hasta ahí es, según cuentan quienes ya se hospedaron, una de las bienvenidas más cinematográficas que existen en la hotelería de lujo.
De residencia de verano a hotel palacio
El edificio original, conocido como Jag Niwas, fue construido entre 1743 y 1746 por orden del maharana Jagat Singh II, el sexagésimo segundo custodio de la casa de Mewar, como refugio de verano para la familia real.
Durante más de dos siglos funcionó exclusivamente como residencia privada de la dinastía, hasta que en 1963 el maharana Bhagwat Singh Mewar decidió convertirlo en un hotel de lujo y emprendió una minuciosa restauración que buscó conservar cada detalle de su diseño original.
Hoy el Taj Lake Palace cuenta con 65 habitaciones y 18 suites, distribuidas en torno a patios interiores, fuentes y jardines.
La estética del lugar reproduce la arquitectura típica de los palacios de Mewar: cúpulas, balcones tallados o jharokas, y el característico trabajo de thikri, una técnica decorativa propia de Rajastán que consiste en incrustar pequeños fragmentos de espejo en los muros.
Todo el conjunto está realizado en mármol blanco, lo que, junto con su ubicación sobre el agua, explica la sensación de “palacio flotante” que le dio fama internacional.

Una experiencia pensada para sentirse parte de la realeza
Más allá de la arquitectura, el hotel basó buena parte de su identidad en recrear el estilo de vida de la aristocracia de Mewar.
Esa puesta en escena empieza antes incluso de subir al bote. El hotel puede coordinar, a pedido, un traslado en autos de época desde el aeropuerto hasta el embarcadero, de manera que la sensación de estar viviendo una postal de otra era arranca apenas se pisa Udaipur y no recién al cruzar el lago.
La oferta gastronómica, por su parte, se reparte en tres restaurantes con identidades bien diferenciadas: Neel Kamal, especializado en cocina rajastaní e india; Bhairo, de impronta europea; y Jharokha, un espacio de cocina internacional abierto las 24 horas.
A ello se suman el bar Amrit Sagar, con sus cócteles de la casa, y una propuesta difícil de encontrar en otro lugar: cenas a la luz de la luna a bordo de la Gangaur, la barcaza real que en el pasado se usaba para los desplazamientos de la familia gobernante por el lago.
Para el descanso, el hotel dispone del spa J Wellness Circle, con terapias indias e internacionales que combinan técnicas ayurvédicas y modernas, además de una piscina exterior climatizada y clases de yoga.
Un dato para tener en cuenta antes de viajar
Vale la pena saber que el lago Pichola, que nunca fue especialmente profundo, viene registrando fluctuaciones notables en su nivel en los últimos años, con episodios de sequía que llegaron a dejar buena parte del entorno del palacio convertida en pastizal seco en lugar de espejo de agua.
Se trata de un fenómeno estacional ligado a las lluvias del monzón, así que conviene consultar el nivel del lago antes de viajar para saber qué paisaje esperar. Esta circunstancia, en cualquier caso, no resta valor a la experiencia.
Cómo llegar y qué otros lugares visitar desde ahí
A Udaipur se llega por el Aeropuerto Maharana Pratap, a unos 50 minutos en auto del embarcadero desde el que sale el barco hacia el hotel.
Una vez instalados, los viajeros encuentran en el hotel, en pleno lago Pichola, una base ideal para recorrer los principales atractivos de la ciudad.
Entre ellos se encuentran el City Palace, la residencia real más grande de Rajastán, visible desde varias de las habitaciones del hotel; y el Jagmandir, otro palacio isla dentro del mismo lago. A ellos se suman el Gangaur Ghat, uno de los embarcaderos más fotografiados de Udaipur, y el Sajjangarh, conocido como el Palacio del Monzón, construido sobre una colina con vistas panorámicas de toda la ciudad y del propio lago.
Entre su historia real, su arquitectura de mármol y esa llegada en barco que ya forma parte del recuerdo de cualquier estadía, el Taj Lake Palace sigue siendo, casi tres siglos después de haber sido concebido como refugio de verano, uno de los hoteles más reconocibles (y más fotografiados) de toda la India.