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ToggleExiste un rincón del planeta donde la población de osos polares supera a la de las personas. Un lugar donde, según la leyenda, Dios habría arrojado las últimas piedras cuando terminó de crear nuestro planeta. Ese punto en el mapa lleva el nombre de las islas Svalbard, un archipiélago tan remoto como fascinante.
¿Sabías que en las islas Svalbard está “prohibido morir”? ¿O que aquí se encuentra el mayor seguro de vida de la biodiversidad agrícola mundial?
Repasamos, uno por uno, aquellos datos que hacen de este archipiélago noruego, un lugar excepcional.
Un archipiélago de anomalías: lo que hace únicas a las islas Svalbard, en Noruega

Ubicar este sitio en el mapa ayuda a entender por qué aquí las normas de convivencia no las dicta solo el gobierno, sino también la propia naturaleza. Después de todo, habitar los confines del mundo es un ejercicio de adaptación constante.
Las islas Svalbard son la región poblada más septentrional (más al norte) del mundo. Concretamente, se ubican a mitad de camino entre la Noruega continental y el Polo Norte, entre los paralelos 74° y 81°.
Esta posición lo convierte en un sitio vital para estudiar el Ártico, fundamentalmente el impacto del cambio climático. Pero también reviste interés turístico.
Sí, cada vez más personas se acercan a observar con ojos curiosos cómo transcurre la vida a estas latitudes.
Aquí, la cotidianidad se mueve entre la supervivencia y el asombro. Si no lo crees, estos datos te ayudarán.

1. Infraestructuras en el límite
A principios de la década de 1990, Longyearbyen, el mayor asentamiento de las islas, era un campamento base que alojaba una pequeña comunidad minera.
Hoy en día, su tamaño sigue siendo reducido, pero el número de personas que viven allí ha aumentado considerablemente. Su sello de “la ciudad más septentrional del planeta” hace que, por ejemplo, allí se encuentre una oficina de correos desde la cual se puede enviar una postal con el sello del fin del mundo.
También cuenta con un hospital preparado para emergencias árticas y hoteles que ofrecen confort térmico mientras, afuera, el viento polar ruge a temperaturas de congelación.
Un dato llamativo es que la población de Svalbard es bastante joven, con una edad media de 38 años.
No encontrarás muchas residencias de ancianos, pero sí un par de jardines maternales y un instituto a los que asisten los niños que viven en las islas.
2. El reino de los 3000 osos
En este rincón del Ártico, los humanos son, en papel, una minoría. Se estima que el número de osos polares en la región supera los 3000. Es decir, hay unos 300 osos más que personas.
Esta realidad biológica define, en gran medida, la jerarquía del archipiélago. El Ursus maritimus es el verdadero soberano y los residentes son meros invitados que deben conocer bien las reglas de etiqueta de su anfitrión.
Además de los osos polares, en Svalbard vive una especie de reno única (que lleva justamente el nombre del archipiélago).
No te sorprendas si los ves caminando por las calles de Longyearbyen, es parte del día a día. Son también sus pobladores más antiguos: llevan unos 5000 años habitando estas tierras.
Los distinguirá por sus patas cortas y su pelaje claro.
3. El rifle como equipaje obligatorio
A diferencia de cualquier otra parte del mundo donde ver a alguien armado generaría pánico, en las afueras de Longyearbyen es una señal de prudencia.
Es obligatorio portar un arma de fuego (generalmente un rifle de calibre pesado) siempre que se salgan de los límites de seguridad del asentamiento.
No te alarmes, porque no hay intención de caza. El objetivo es la disuasión.
Los guías de expedición cargan sus rifles al hombro con la misma naturalidad con la que una persona que trabaja en una oficina porta un maletín, siempre atentos a cualquier mancha blanca que se mueva en el horizonte.
4. El lugar donde la muerte no tiene permiso
La ley más famosa de Svalbard prohíbe, técnicamente, morir. La razón es geológica: el permafrost.
Al ser un suelo perpetuamente congelado, los cuerpos enterrados no se descomponen, lo que supone un riesgo sanitario masivo (como ocurrió con los virus de la gripe de 1918 preservados en el hielo).
Por ello, cuando alguien entra en una fase terminal o sufre un accidente grave, es evacuado de urgencia al continente para pasar sus últimos momentos en suelo noruego continental.
5. La prohibición de nacer
La logística de la vida es tan compleja como la de la muerte.
Al no contar con una unidad de cuidados intensivos neonatales ni con un hospital con capacidad para partos de alto riesgo, las mujeres embarazadas deben abandonar las islas aproximadamente tres semanas antes de su fecha probable de parto.
Los bebés de Svalbard nacen con el rugido del Ártico en la sangre, pero con el sello de los hospitales de Tromsø u Oslo en sus certificados de nacimiento.
6. Una isla sin gatos
No pierdas el tiempo buscando un felino en Svalbard. Su tenencia está estrictamente prohibida por decreto gubernamental desde los años 90.
No es una cuestión personal contra los gatos, sino una medida para proteger las aves locales.
En este ecosistema extremadamente frágil, especies como la perdiz nival de Svalbard carecen de defensas naturales frente a depredadores introducidos.
Se dice que solo un gato, registrado falsamente como un zorro, logró “burlar” la ley en el asentamiento ruso de Barentsburg hace años. Como imaginarás, se convirtió en una auténtica leyenda local.
7. El Tratado de Svalbard: un mundo sin fronteras
En 1920 se firmó un acuerdo único en la diplomacia internacional. El Tratado de Svalbard reconoce la soberanía de Noruega, pero otorga a los ciudadanos de los países firmantes (más de 40) el mismo derecho a residir, trabajar y explotar recursos comerciales sin necesidad de visado.
Esto ha convertido a Longyearbyen en un destino multicultural donde conviven mineros tailandeses, científicos alemanes y artistas de todo el globo bajo un estatus administrativo excepcional.
Esta multiculturalidad es, sin duda, un dato increíble para una población tan pequeña.
8. El Arca de Noé botánica
Bajo una montaña de piedra arenisca se esconde la Global Seed Vault, la “Bóveda del Juicio Final“.
Este búnker de alta seguridad custodia millones de muestras de semillas de todo el planeta.
¿El objetivo? Asegurar la biodiversidad frente a catástrofes globales. Tras una guerra o un desastre natural devastador, los países pueden reclamar sus semillas a fin de reactivar sus actividades agrícolas.
Se trata del último respaldo de la agricultura mundial, diseñado para resistir terremotos, explosiones nucleares y el paso de los siglos gracias a la refrigeración natural del subsuelo.
9. Sol de medianoche y la oscuridad absoluta
En las islas Svalbard el reloj pierde su sentido tradicional.
Durante el verano, el sol describe un círculo perfecto en el cielo sin llegar a ponerse nunca, lo que permite realizar actividades al aire libre a las tres de la madrugada. Es el famoso Sol de Medianoche.
Por el contrario, la Noche Polar sumerge al archipiélago en una oscuridad total durante meses. Sin embargo, no es un negro absoluto; la nieve refleja la luz de las estrellas, la luna y el baile de las auroras boreales, que pueden verse incluso al mediodía.
10. Barentsburg y Pyramiden: el eco de la URSS
Svalbard alberga cápsulas del tiempo soviéticas.
Barentsburg sigue siendo un asentamiento minero ruso activo, donde el busto de Lenin vigila el puerto y el aire huele a carbón.
Por otro lado, Pyramiden es una ciudad fantasma que fue abandonada casi de la noche a la mañana en 1998. Hoy, sus edificios intactos, sus pianos desafinados y sus estadios deportivos vacíos evocan una atmósfera melancólica y cinematográfica que parece detenida en la Guerra Fría.
Consejos finales si visitas Svalbard
¿Te han dado ganas de conocer este lugar tan remoto como especial? Si lo haces, te alegrará saber que el confort también llega al Ártico. Te recomendamos pasar un par de noches en Funken Lodge, un hotel de lujo cuyo restaurante ofrece vistas increíbles.
Radisson Blu Polar Hotel, el hotel de servicio completo más septentrional del mundo, es otra excelente apuesta.
Matar el frío con una bebida espirituosa también forma parte del ritual. Por eso, cuando visites las islas, no dejes de pasar por el pub Karlsberg. Su colección de whisky es una de las más grandes de Europa. Aunque, claro, no es nada barato y deberás disfrutar al máximo de cada trago.
Podríamos hablar tendido sobre estas islas. Lugares así nos demuestran que el ser humano es capaz de adaptarse a los climas más hostiles, a la lejanía de la “civilización” y, sobre todo, de convertir en su hogar un lugar que pocos elegirían.
Al fin y al cabo, los osos polares no son los únicos que encuentran refugio allí.













