Alejada del turismo de Instagram y de los resorts con conexión, la selva de Costa Rica permite vivir experiencias transformadoras con comunidades indígenas.
Para llegar al poblado bribri, escondido en las profundidades de la selva costarricense, es necesario bajar el ritmo y despojarse de cualquier prejuicio.
Así lo hizo la escritora Bárbara Gil en un viaje que le sirvió para inspirarse en su novela “La leyenda del Volcán” (Plaza & Janés).
“Pasé varios días conviviendo con esta comunidad en la reserva de Yorkín”. Situada en la frontera natural con Panamá, esta reserva ofrece la experiencia de sumergirse de lleno en la naturaleza. “No se puede llegar por carretera”, cuenta la escritora. “Hay que remontar el río Yorkín mientras ves cómo la jungla te va atrapando”.
Las vivencias de sus días allí han quedado reflejadas en su libro, inspirando a los lectores a recorrer este fascinante enclave.
Más allá del mapa
La tradición bribri se transmite de forma oral y conectada con los ritmos naturales.
“Me hace pensar en lo que hemos perdido en otras culturas”.
El tiempo se mide por las cosechas o las lluvias, conectado a la tierra, al respecto y en pleno presente.
Uno de los momentos más memorables de la estancia de Bárbara en la comunidad fue cuando, guiada por Marixa, una mujer bribri, se aventuró a buscar un manantial sagrado.
“Nadie había transitado por esos caminos en meses y Marixa tuvo que abrirse paso a machetazo limpio”. Después de perderse consiguieron encontrarlo. “Me bañé en soledad, rodeada de toda esa naturaleza impresionante, y fue un instante de esos de recordar siempre”.
Este tipo de vivencias no figura en los típicos folletos de viaje ni en las listas de imprescindibles de influencers, pero es toda una lección de cómo el país centroamericano puede sorprender con su turismo sostenible.
Los visitantes pueden realizar caminatas por la selva, talleres de plantas medicinales, elaboración artesanal de productos o participar en rituales. Una propuesta que va más allá de lo experiencial y puede convertirse en una promesa de transformación personal.
¿El componente más importante? Los ticos. Porque, además de sus parques nacionales, Costa Rica guarda la riqueza de su gente, más difícil de encontrar. Las comunidades indígenas ofrecen una ventana a otros modos de vida donde ser partícipe de la extremada generosidad hospitalidad de los ticos.

Comparto explorar las culturas y forma de vivir de nuestros hermanos, sus familias y costumbres, que estamos perdiendo de alguna manera hoy en día, y que tanta falta nos hace, en lugares tan sagrados…
Me gusta conocer todos los entornos.