Costa Rica es una nación de Centroamérica que destaca por sus imponentes y singulares paisajes naturales. Este estrecho pasillo separa el Atlántico Norte del Pacífico, por lo que el país tiene costas en ambos lados y cuenta con una exuberante jungla en su parte central.
Además, el país posee también más de un centenar de islas, algunas más cercanas y otras algo más alejadas, especialmente en la parte del Pacífico, que aportan un extra de biodiversidad al patrimonio, convirtiéndose en todo un reclamo turístico.
Entre estas islas, podemos destacar la famosa Isla Tortuga o Isla de Caño, ubicada en la costa atlántica.
Sin embargo, hay otro pequeño islote, mucho más alejado en el interior de las aguas del Pacífico Norte, que también se ha ganado su fama por derecho propio. Se trata de la Isla de Coco, hoy por hoy, un paraje natural protegido y rodeado de aguas cristalinas, muy apreciadas por los amantes del buceo.
Sin embargo, la isla ha recibido muchos visitantes durante todo el siglo XX por una razón muy distinta: se cree que es la verdadera isla del tesoro, aquella de la que hablaba el escritor Robert Louis Stevenson en su inmortal novela de piratas.
Una novela de ficción basada en muchos hechos reales
Robert Louis Stevenson nació en Edimburgo en el año 1850 y formó parte de esa formidable estirpe de escritores escoceses que, a finales del siglo XIX, revolucionó por completo la ficción histórica y de aventuras.
Junto con Walter Scott, Stevenson destacó al sentar las bases de la literatura moderna de aventuras, especialmente con su novela más reconocida, con el permiso de “El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde”. Hablamos, por supuesto, de “La Isla del Tesoro”, posiblemente la obra definitiva sobre piratas y uno de los relatos más influyentes de la literatura de aquella época.
Stevenson creó la novela casi en colaboración con su hijastro, Lloyd Osbourne, que por aquel entonces contaba con tan solo 12 años. La aportación del niño fue definitiva para encender la chispa en la mente creativa del escritor, ya que suyo fue el primer esbozo del mapa en el que aparecía la Isla del Esqueleto, el lugar donde unos carismáticos piratas habían enterrado el tesoro más grande que uno podría imaginar.
Stevenson comenzó a desarrollar la obra capítulo a capítulo y compartía sus avances con su hijastro, quien incluso aportó algunas ideas a la trama o a los nombres de los personajes.
El escocés no era ajeno al mundo de los piratas, figuras que en el Reino Unido provocaron tanto terror como fascinación apenas un siglo antes. Tomó algunas de las historias más conocidas sobre piratas populares, como la de Barbanegra, para incorporarlas a su relato y darle veracidad.
¿Y qué hay de la verdadera isla del tesoro? En tiempos de Stevenson ya se contaban innumerables leyendas sobre cofres repletos de oro enterrados en algún lugar recóndito de las islas caribeñas.
El propio autor escocés se basó también en algunas islas de Samoa o de las Islas Vírgenes, en el Pacífico y el Índico, gracias a los relatos de un viejo tío suyo que había sido marinero en su tiempo.
Las propias islas escocesas sirvieron de inspiración al escritor edimburgués, al menos a la hora de crear la geografía de los territorios ficticios de su relato.
Pero, ¿y si existiera realmente una isla del tesoro? ¿Y si hubiera un lugar que escondiera un auténtico botín pirata, con miles de joyas y monedas de oro? Ese lugar bien podría ser la Isla de Coco de Costa Rica.
Isla de Coco: buceo, belleza natural y el tesoro más buscado
La Isla de Coco es un singular paraje ubicado a casi 600 kilómetros al suroeste de Costa Rica, en pleno océano Pacífico. Un lugar pequeño, repleto de naturaleza, que hoy en día es un destacado parque natural protegido por el gobierno costarricense.
La isla puede visitarse en excursiones guiadas y es un lugar muy apreciado para practicar buceo y submarinismo.
Su pequeña extensión la hace, además, perfecta para visitarla en solo unas horas y disfrutar de su exuberante entorno natural y de sus playas paradisíacas. Unas playas que ocultan, según algunas leyendas, algunos de los tesoros más grandes jamás conocidos.
La Isla de Coco ha sido mencionada con frecuencia en muchas historias sobre tesoros perdidos, como el de Lima, uno de los más importantes de los que se tiene constancia.
Ante un inminente ataque, el virrey español en Perú decide sacar sus mayores riquezas de Lima en un barco que confía a un capitán llamado Thompson. La avaricia, sin embargo, puede con el inglés, que mata a los españoles a bordo y se hace con el control del barco junto con su tripulación, convertidos ahora en piratas.
La historia cuenta que fueron perseguidos por otro navío español, pero lograron arribar a esta pequeña isla costarricense y enterrar el inmenso tesoro, formado por varios cofres repletos de oro y diamantes, antes de ser detenidos.
El tesoro sigue supuestamente en la isla y no son pocos los que han intentado dar con él, con más de 500 expediciones en algo más de un siglo. Ninguna ha tenido éxito, al menos hasta ahora.
La Isla de Coco no aparece directamente nombrada en el relato de Stevenson, pero son muchos los que apuntan a que el escocés seguramente había oído hablar de esta historia y la usó como base para su novela.
En este pequeño islote también se encontrarían otros tesoros, bien ocultos en sus cavernas subterráneas, dejados aquí por otros piratas ingleses que habían dado con esta isla y la consideraban perfecta para guardar su botín.
De hecho, algunos han valorado en más de 1.000 millones de dólares las riquezas que oculta la Isla de Coco.
¿Tesoro real o simple leyenda? El misterio, por ahora, permanece sellado.