Ruinas de basalto en la antigua ciudad flotante de Nan Madol, Pohnpei, Micronesia.

Nan Madol, la “Venecia de Micronesia” construida sobre un arrecife de coral

La ciudad más misteriosa del Pacífico fue construida directamente sobre el océano y nadie sabe cómo.
16.07.2026
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En la costa sureste de la isla de Pohnpei, en Micronesia, se encuentra uno de los sitios arqueológicos más importantes y antiguos del Pacífico: Nan Madol.

Construida con muros de basalto y rocas de coral, se distribuye a lo largo de un laberinto de 94 islotes artificiales.

Además de ser la única ciudad antigua erigida sobre un arrecife, es un sitio repleto de leyendas y misterios que, a día de hoy, siguen sin resolverse.

¿Cómo se transportaron las enormes piedras de basalto desde la otra punta de la isla, sin poleas ni animales de carga?

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Este es uno de los interrogantes sin respuesta sobre Nan Madol, un rincón del Pacífico que parece desafiar las leyes del tiempo y de la lógica.

El origen de Nan Madol contado a través de leyendas y mitos

Conocido popularmente como la “Venecia de Micronesia“, este sitio arqueológico (hoy Patrimonio de la Humanidad en Peligro de la UNESCO) no nació del fango.

Nan Madol fue esculpida directamente sobre el océano mediante un intrincado sistema de islotes artificiales y una ingeniería antigua que, a día de hoy, sigue desconcertando a los investigadores.

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Las imponentes ruinas de la ciudad arqueológica fueron construidas con más de 750.000 toneladas de columnas de basalto prismático (que parecen cortadas a mano, pero son formaciones volcánicas), trasladadas desde la costa opuesta de Pohnpei.

Y aquí encontramos el primero de sus misterios.

No existen registros de que se hayan utilizado poleas, ruedas ni bueyes. Imagina que hablamos de una densidad de construcción superior a la de las pirámides de Giza. Solo que, en este caso, los cimientos de la ciudad fueron arrecifes de coral vivo que debían soportar el peso de las rocas sin hundirse.

Tanto la ciencia como el folclore local intentaron explicar el misterioso traslado de las rocas desde las lejanas canteras.

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Para los investigadores, una combinación de balsas hechas con troncos de palmeras y la fuerza de las corrientes durante la marea alta permitió mover las pesadas columnas de basalto desde la otra punta de la isla.

También sugieren que se habría utilizado un sistema de palancas para apilar las rocas, como si fueran troncos en una cabaña.

Fue así como se crearon plataformas elevadas, sitios ceremoniales, tumbas, criptas y viviendas que alojaron a los hoy desaparecidos habitantes de Nan Madol. La lógica consistió en basarse en el peso y la posición de cada columna y en rellenar los espacios con coral para mantener la estructura.

Pero a veces, intentar interpretar lo que parece imposible no lleva a ningún puerto. Son las historias orales las que relatan estas hazañas extraordinarias y un sitio como Nan Madol no es ajeno a ello.

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Para los locales, los gemelos fundadores de la ciudad, Olisihpa y Olosohpa, utilizaron sus poderes mágicos para hacer que las piedras “volaran” y se colocaran en su sitio por sí solas.

Según la tradición oral, existe una serie de canales cortados a través de los cuales las anguilas (animales considerados sagrados incluso al día de hoy) ingresaban a la ciudad por el mar.

En la pequeña isla de Idehd, existía un pozo habitado por una anguila que encarnaba a una deidad marina, a quien los sacerdotes alimentaban con las tripas de tortugas.

Lo curioso es que se han encontrado rastros de estos sistemas de canales. Incluso se halló un gran montículo con restos de tortuga en Idehd.

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Entonces, ¿qué hay de mito y de realidad en las antiguas leyendas de Nan Madol?

Estructuras megalíticas y canales de agua en el sitio arqueológico de Nan Madol. Foto de Wikimedia Commons.

El Santuario de los Gigantes: Nandauwas

El islote de Nandauwas es uno de los elementos más enigmáticos de la historia de Nan Madol.

Esta construcción, la más elaborada de toda la ciudad, fue su principal centro ceremonial y la prueba definitiva de una ambición arquitectónica que desafía las leyes de la ciencia.

El recinto estaba protegido por murallas que se elevaban hasta los ocho metros de altura. Allí descansaban los restos del primer rey Saudeleur, de la dinastía que gobernó Nan Madol durante más de un milenio.

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Lo llamativo de Nandauwas es la técnica del cobwork.

Por medio de esta, las columnas de basalto se apilaban de forma alterna y se mantenían en pie por su propio peso y por una precisión de encaje que ha resistido siglos de tifones y el embate constante del Pacífico.

Pero su diseño laberíntico buscaba algo más que la mera defensa física.

Se dice que los pasillos interiores de Nandauwas canalizaban las voces de los ancestros y que los antiguos reyes utilizaban la acústica de las piedras para comunicarse con las deidades del arrecife.

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Se puede imaginar como una catedral de roca volcánica flotando sobre un jardín de coral. Un monumento a un reinado que quiso dejar una huella que ni el océano pudiera borrar.

Cronología de una dinastía que cayó bajo su propio peso

Para quienes necesitan ubicar el origen de Nan Madol en la historia, deben remontarse a los años 900-1200 d.C.

Aunque no se sabe a ciencia cierta cuándo comenzó a construirse la ciudad, se cree que fue en esa ventana de tiempo cuando se levantaron los islotes elevados.

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El primer entierro monumental habría tenido lugar alrededor del 1200 d.C., cuando el jefe Saudeleur fue enterrado en la tumba de coral y roca basáltica mencionada anteriormente.

A eso le siguió un período de construcción megalítica de gran magnitud que se extendió hasta el 1600 d.C.

Los Saudeleur le dieron a Nan Madol un esplendor que también tuvo un lado oscuro. La dinastía gobernó el territorio y también la voluntad de su pueblo.

Lo que comenzó como un sistema de organización centralizada derivó en una tiranía asfixiante en la que el tributo (en forma de alimentos, mano de obra y sacrificios) se volvió insoportable.

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Según la leyenda, los últimos reyes de Nan Madol exigían incluso el control de los sueños y los pensamientos de sus súbditos. De esa forma, marcaron el inicio de un resentimiento que terminaría por socavar los cimientos de basalto de la ciudad.

Además de esto, la supervivencia de sus habitantes dependía totalmente de la tierra firme, puesto que no había fuentes de agua dulce en los islotes.

Esto obligaba a una procesión diaria de canoas que transportaban suministros desde el interior de Pohnpei hacia la élite sacerdotal y guerrera.

Para la tradición oral, el fin de los Saudeleur llegó encarnado en la figura de Isokelekel, un guerrero semidivino que lideró una flota de canoas desde la isla de Kosrae, arribando con una promesa de liberación al pueblo sometido.

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Tras una serie de batallas que tiñeron de sangre los canales de coral, el último de los Saudeleur fue derrotado. Para escapar de su destino, se habría convertido en un pez que huyó río abajo.

Comenzaría aquí un nuevo capítulo en la historia de Nan Madol: la instauración del sistema de jefaturas de Nahnmwarki, vigente hasta hoy.

Pero el nuevo régimen, temeroso de los espíritus de los antiguos reyes, decidió trasladar su residencia a tierra firme.

De ese modo, sin el mantenimiento constante de los esclavos, los canales de Nan Madol quedaron a merced del tiempo y de la naturaleza, que se abrió paso entre las grietas de basalto.

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Hoy, esta ciudad destruida por el abandono es una reliquia sagrada, un sitio al que los isleños prefieren observar desde la distancia.

Para los habitantes de Pohnpei, los espíritus habitan las ruinas por las noches, por lo que es mejor mantenerse alejados.

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