Florencia es, sin lugar a dudas, una de las ciudades más fascinantes del mundo. Convertida en mito gracias a sus imponentes edificios señoriales, el genial Stendhal la volvió inmortal a través de su síndrome, una supuesta afección que le hizo quedar en estado de shock, obnubilado por la belleza de la ciudad.
A día de hoy, y gracias a su apuesta por el turismo sostenible y la salvaguarda de sus monumentos más históricos, la ciudad es un destino muy recomendado entre los turistas europeos.
Pasear por sus calles es llenarse de historia y también encontrar secretos de los que pocos hablan en las guías turísticas. Al cruzar el río Arno por el Puente de la Santa Trinidad, seguramente no sintamos nada en particular, más allá de disfrutar de unas vistas únicas.
Miles de turistas lo hacen cada semana, sin saber que ese puente guarda una tenebrosa leyenda que involucra a su arquitecto en un pacto diabólico para lograr terminarlo.
Un puente histórico con una oscura leyenda
La ciudad de Florencia está dividida en dos por el río Arno, lo que la une a otras bellísimas ciudades como París, Roma o Sevilla.
De esta forma, para llegar a la otra mitad de la ciudad, lo habitual es cruzar por los puentes que la unen. Entre todos esos puentes hay uno que llama especialmente la atención: el Puente de la Santa Trinidad, uno de los más bellos del Renacimiento.
El puente fue creado por el célebre arquitecto Bartolomeo Ammanati entre 1567 y 1569 y presenta el arco elíptico más antiguo del mundo, aunque, como veremos más tarde, el que se conserva actualmente es una reconstrucción realizada a mitad del siglo XX, ya que el puente original fue destruido en la Segunda Guerra Mundial.
Su belleza es indudable y se ha convertido en una de las estampas más reconocibles y populares de la ciudad de Florencia.
La leyenda cuenta que Ammanati tenía dificultades para terminar su obra, una construcción que en aquellos momentos parecía imposible.
Angustiado y con el peso de la responsabilidad sobre sus hombros, recurrió a una opción poco ortodoxa: acudió a una encrucijada, a las afueras de la ciudad, y allí se citó con el mismísimo Diablo, quien atendió rápidamente su llamada.
El arquitecto le pidió ayuda para completar su obra en tan solo una noche, ya que la fecha de inauguración estaba demasiado próxima. El Diablo aceptó ayudarle, pero pidió algo a cambio: el alma del primer ser que cruzara el puente. Ammanati no lo dudó y cerró el trato allí mismo.
Tal y como había prometido, el Diablo terminó la construcción de este puente imposible en tan solo una noche. A la mañana siguiente, Ammanati se acercó al lugar y comprobó que su socio había cumplido con su parte del trato. Pero él guardaba un as bajo la manga. Encontró a un perro callejero en la zona y le hizo cruzar el puente.
De esta manera, el Diablo acabó quedándose con el alma del perro, un trato que seguramente no era el esperado.
Hay quien dice que en ese momento maldijo a Ammanati y al propio puente, asegurando que, antes o después, su obra quedaría destruida.
Un puente reconstruido desde el fondo de las aguas
Siglos más tarde, la maldición diabólica se cumplió. Al retirarse las tropas nazis de la ciudad en 1945, decidieron volar el puente.
Sin embargo, la ciudad pudo recuperarlo de un lugar totalmente insospechado: las aguas del río Arno. Muchas de las piedras de la propia construcción habían quedado sepultadas en el fondo del río, así que los florentinos decidieron recuperarlas para reconstruir su mítico puente, esta vez sin la ayuda del Diablo.
También se recuperaron las cuatro preciosas estatuas que lo engalanaban desde principios del siglo XVII y representaban las cuatro estaciones: primavera, verano, otoño e invierno.
Actualmente, el puente se yergue orgulloso sobre el río Arno, igual que antaño, recuperando el esplendor de una de las obras arquitectónicas más imponentes del Renacimiento.
Sigue siendo, a día de hoy, el puente de arco elíptico más antiguo del mundo, si se tiene en cuenta su construcción original. El arco central mide 32 metros de diámetro, mientras que los arcos laterales alcanzan 29 metros.
Como curiosidad, el Puente de la Santa Trinidad no es el único que guarda una leyenda sobre el Diablo como colaborador indispensable en su construcción.
A lo largo y ancho del planeta hay historias de puentes y grandes construcciones sobre ríos que se terminaron de la noche a la mañana gracias a un poco de ayuda diabólica.
En Italia encontramos distintos “puentes del Diablo“, como el que une Borgo y Mozzano en la Toscana, pero la leyenda cruza fronteras con puentes del Diablo en Alemania, Suiza y Francia.
Incluso el famoso Acueducto de Segovia, en España, cuenta con su propia leyenda diabólica, representada en el monumento por una estatua del Diablo derrotado, una historia de pactos y arquitectura que también se esconde detrás del fascinante puente alemán del Rakotzbrücke.
