En 1968, el director y guionista George A. Romero estrenó una película con un presupuesto irrisorio y grabada en modo “guerrilla” por su equipo de colaboradores.
“La Noche de los Muertos Vivientes” (“Night of the Living Dead”) apenas ocupó algunas pantallas en pequeños cines de Pittsburgh, pero provocó tal impacto en los espectadores que, poco a poco, se fue expandiendo, primero por todo el país y luego por el mundo entero.
Como si de una plaga zombi se tratase, la película de Romero terminó consiguiendo 30 millones de dólares en taquilla, multiplicando por 300 su presupuesto. Las ganancias económicas fueron importantes, pero aún más lo fue aquel impacto social. Porque aquella película estaba redefiniendo la figura del zombi en la cultura popular.
Hoy, casi sesenta años más tarde, los muertos vivientes siguen más en boga que nunca. Películas como “Shaun of the Dead”, “Guerra Mundial Z” o “Train To Busan” han llevado al zombi a lo más alto del mainstream.
Y por si fuera poco, están las series como “The Walking Dead” o los videojuegos, como “Dying Light” o “Plantas vs. Zombies”. Tanto es así que hoy por hoy, el zombi goza de mayor popularidad que otros “monstruos clásicos” como el vampiro, la momia o el hombre lobo. Y no es casualidad.
El poso social que George A. Romero inyectó a sus criaturas en su película del 68, en una época en la que Estados Unidos se enfrentaba a su primera gran crisis social, ha perdurado hasta el día de hoy.
Pero nosotros queremos remontarnos mucho más atrás, viajando al lugar desde donde surge toda esta leyenda de los muertos que reviven y caminan entre los vivos.
Porque los zombis, al fin y al cabo, son criaturas de leyenda… ¿verdad?
Esclavos en la vida y en la muerte
Haití es una nación ubicada en la isla caribeña de La Española. De hecho, la mitad de la isla pertenece a este país y la otra mitad la comparte con la República Dominicana.
Aunque hay semejanzas entre ambas naciones, las diferencias son notables.
La República Dominicana ha logrado convertirse en un llamativo destino turístico tanto para europeos como para estadounidenses. Haití, sin embargo, es el país más pobre de toda la región, envuelto durante las últimas décadas en una inestabilidad política que lo ha convertido, a todos los efectos, en un estado fallido.
Gobernado en un primer momento por los colonos españoles, el país pasó a manos de los franceses durante el siglo XVIII, quienes llevaron a miles de esclavos africanos a estas tierras, apartando a los pobladores nativos, los taínos.
Estos esclavos africanos trabajaban de sol a sol en las plantaciones, sometidos por sus amos franceses. Sin embargo, conservaron muchas de sus tradiciones, incluidos sus cultos religiosos.
Uno de ellos, el vudú, cobró especial importancia en aquella época y, además, fue clave para conectar a la inmensa población esclava de origen africano que, a finales del siglo XVIII, llevó a cabo la revolución que derrocó al poder colonial y convirtió a Haití en una de las primeras repúblicas independientes de América.
En el vudú existe la figura del bokor, un hechicero capaz de emplear la magia negra para realizar todo tipo de conjuros, desde maldiciones hasta amarres amorosos.
Esta figura sería clave para la creencia en los zombis, cadáveres de personas fallecidas que eran devueltos a la “vida” por el hechicero, quien los controlaba en todo momento y los utilizaba como esclavos para obtener sus medios.
Existen diferentes ritos para conseguir este poder e incluso se habla de zombis corpóreos (los más habituales) y zombis incorpóreos, que se asemejarían a los fantasmas del mundo occidental.
Esto se debe a que, en el vudú, como en tantos otros ritos animistas, se cree en la dualidad entre cuerpo y alma, con dos clases de espíritus que cohabitan en todo ser humano.
Los zombis invaden Estados Unidos (y el resto del mundo)
Desde un punto de vista totalmente escéptico, este tipo de ritos son, por supuesto, pura sugestión.
El miedo a ser convertido en un zombi, a no descansar siquiera cuando encontramos la muerte, es tremendamente poderoso y constituye un anclaje social perfecto para mantener a las personas que practican esta creencia muy controladas.
Esto ya se pudo observar tanto en Haití como en otras islas caribeñas durante los siglos XVIII y XIX, momento en el que estos esclavos también llegaron a Estados Unidos para trabajar, especialmente en las plantaciones del sur del país. Y con ellos, por supuesto, llegan también sus ritos.
El vudú comenzó a extenderse desde Nueva Orleans por toda la zona del sur de Estados Unidos. Las prácticas afroamericanas se volvían tan temidas como populares, con ese toque exótico que embelesaba a los norteamericanos.
Durante la década de 1920 aparecieron algunas obras y ensayos literarios en torno a la isla de Haití y a sus costumbres y leyendas.
En 1932, más de tres décadas antes de la película de Romero, se estrenó el clásico “White Zombie”, posiblemente la primera gran obra centrada en la figura del muerto viviente. En esta película se muestra una imagen totalmente estrafalaria y desvirtuada de los ritos haitianos, lo que da una imagen peyorativa de la isla. No es casualidad que, en aquel momento, el Gobierno de Estados Unidos llevaba ya varios años interviniendo en Haití y controlando de facto a sus gobernantes.
La historia del zombi siempre ha estado ligada a la esclavitud. La figura comienza a tomar forma en la Haití poblada de cientos de miles de esclavos africanos, que buscan una manera de canalizar todo su miedo y su miseria.
En “White Zombie”, esto se muestra de forma desvirtuada, despojando al muerto viviente de cualquier carácter social y convirtiéndolo en un simple monstruo terrorífico.
Pero Romero ya se encargó de darle la vuelta a ese concepto años más tarde. En pleno capitalismo salvaje, los zombis son criaturas que se mueven por puro instinto y solo quieren consumir: carne, cerebros, lo que sea.
Esa idea ha llegado a nuestros días, con ejemplos muy notables, como el remake de “Dawn of the Dead” de Zack Snyder, que toma como partida la película de Romero. Los zombis atacan un centro comercial, un lugar lleno de tiendas y dedicado al consumo sin límites.
A día de hoy, parece que la epidemia zombi ha conquistado el mundo entero, pero se ha olvidado por completo de Haití. Un país con un potencial enorme, que ha sido devastado tanto por la ambición humana como por la naturaleza (con un terrible terremoto hace algo más de una década y una pandemia de cólera hace unos años).
La nación haitiana es, hoy por hoy, prácticamente un cadáver andante, manejado, quién sabe cómo, por distintos hechiceros que poco tienen que ver con el vudú.
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