En el imponente delta del río Misisipi, al sur de Estados Unidos, se erigió hace siglos la ciudad de Nueva Orleans.
Como su propio nombre indica, la influencia francesa fue indispensable en aquellos primeros años, ya que la ciudad se fundó como colonia de aquel país, aunque luego pasaría a serlo también de España. La mezcla de distintas culturas, religiones y etnias ha dotado a Nueva Orleans de una personalidad única que la distingue frente al resto de grandes ciudades norteamericanas.
Y es que este crisol de culturas ha visto nacer el jazz como una de las máximas expresiones artísticas y culturales de los Estados Unidos, y sigue celebrando el Mardi Gras, el famoso Martes de Carnaval, en una explosión de colorido en sus calles.
Pero antes de todo eso, Nueva Orleans también se vio influida por una exótica magia que venía de la mano de los esclavos africanos y caribeños, y que convirtió a la ciudad en el epicentro de la hechicería en el siglo XIX.
Cuando el vudú tomó Nueva Orleans
La ciudad fue fundada como colonia francesa a principios del siglo XVIII. Por su ubicación, fue uno de los principales centros de llegada de esclavos a Estados Unidos, al estar justo en el Delta del Misisipi y tener acceso al Caribe y al Atlántico.
La llegada de población africana y antillana dotó a Nueva Orleans de un cariz distinto al de otras ciudades del país. Incluso siendo esclavos, las comunidades negras de Luisiana podían reunirse y celebrar algunas fiestas, e incluso llevar a cabo sus propios ritos religiosos. Fue así como el vudú entró de lleno en la vida social y cultural de Nueva Orleans, de la mano de los esclavos haitianos.
El vudú que se ha practicado –y se sigue practicando- en Nueva Orleans es en realidad una versión sincrética de varios ritos afroamericanos que surgieron como parte de la mescolanza de culturas en la ciudad en el siglo XIX.
Lo más curioso es que la influencia del catolicismo también es evidente en este tipo de vudú, lo que lo hace aún más especial. La célebre Marie Laveau, considerada como la Reina del Vudú en Nueva Orleans, es seguramente la figura más reconocida dentro de esta cultura, siendo imprescindible para entender la idiosincrasia de la propia ciudad.
Laveau fue una influyente sacerdotisa vudú del siglo XIX, que marcó por completo la vida en aquella Nueva Orleans que florecía, ya bajo dominio estadounidense. El culto a los loas, los dioses propios del vudú haitiano, se mezclaba con la adoración a algunos santos católicos.
El Barrio Francés de la ciudad estaba lleno de tiendas donde podían comprarse las famosas bolsas gris-gris, con hierbas para llevar a cabo los hechizos de buena suerte y protección. También podías encontrar, si sabías dónde buscarlos, los muñecos creados para maldecir a algún enemigo, a través de los peligrosos ritos de magia negra.
El vudú pasó de ser algo normal en la ciudad a esconderse del ojo público ya en el siglo XX. Aún hoy se sigue practicando por parte de muchas familias afroamericanas de Nueva Orleans, aunque de una forma mucho más reservada.
Sin embargo, la ciudad ha aprovechado su fama de “lugar mágico” para atraer a mucho turismo, y la figura de Marie Laveau sigue siendo omnipresente casi en cada esquina.
Cuna del jazz y el delta blues
De la misma forma que la ciudad sirvió de caldo de cultivo a aquellas nuevas religiones sincréticas, también vio nacer nuevos estilos musicales que tomaban influencias de aquí y allá, gracias a la confluencia de tantas culturas distintas.
Es así como, a finales del siglo XIX, se empiezan a dar nuevas e interesantes expresiones musicales, tomando como base el ragtime y mezclándolo con ritmos africanos, así como con los cánticos espirituales habituales en las iglesias afroamericanas.
El jazz nace, según cuentan los historiadores, en el vibrante barrio de Storyville. Y lo hace, parece ser, al amparo de las whiskerías y las casas de alterne, los únicos lugares donde los músicos afroamericanos eran verdaderamente libres para tocar.
Dentro de ese ambiente tan especial se comienzan a dar las “jam sessions”, conciertos de música improvisada donde artistas de diferentes estilos se unían en una especie de orgía musical en la que todo estaba permitido. De ahí que el propio jazz tenga ya desde su base ese punto caótico y rebelde que lo hace tan especial.
Casi a la vez, en los campos de cultivo cercanos al río Misisipi surgía también un estilo que daría mucho que hablar en aquella primera mitad del siglo XX: el delta blues.
Músicos afroamericanos, muchas veces trabajadores de esas grandes plantaciones e incluso hijos de esclavos, mezclaban las canciones propias que se cantaban en aquellos arduos trabajos con los primeros riffs de guitarra. El blues luego daría pie al rock, tal y como lo conocemos hoy en día, así que la importancia de Nueva Orleans para la música popular del siglo XX es innegable.
Nueva Orleans después del huracán Katrina
En agosto de 2005, el huracán Katrina asoló todo el sur de Estados Unidos, cebándose especialmente con Nueva Orleans. La ciudad, construida en el delta del Misisipi gracias a un sistema de diques bastante ingenioso, se vio inundada cuando dicho sistema se vino abajo por la imponente fuerza de aquel fenómeno. Se calcula que más del 80% de los edificios quedaron anegados. Además, casi 2.000 personas perdieron la vida por culpa del huracán.
La ciudad sufrió un descenso de población de casi 50.000 personas después del desastre, pero la recuperación fue relativamente rápida. Cual ave fénix, Nueva Orleans se levantó desde sus cenizas y trabajó por volver a ser ese centro de cultura criolla del sur de Estados Unidos que tanto llamaba la atención a los turistas.
A día de hoy, la ciudad parece totalmente recuperada, aunque es cierto que se han perdido edificios históricos irrecuperables.
Con todo, Nueva Orleans sigue siendo un lugar imprescindible para los amantes de la cultura más alternativa, sobre todo si eres fan del jazz, o quieres conocer de primera mano cómo la brujería sigue existiendo hoy día en Estados Unidos.
