Si bien en Occidente tenemos una herencia cultural y mitológica muy rica y valiosa, inspirada principalmente por la tradición grecolatina y la hebrea, hay muchas mitologías y leyendas pertenecientes a otras zonas del mundo que se escapan de nuestro conocimiento.
Es interesante acercarse a este pasado mitológico que nutre otras culturas y civilizaciones porque muchas veces nos enseñan cosas que no están presentes en las nuestras, y nos muestran otra cosmovisión.
En este caso, hemos querido centrarnos en la mitología y las leyendas que habitan en el Amazonas, concretamente en la zona del Perú. Historias que han nacido de las poblaciones indígenas que aún habitan esta selva y estos ríos y que nutren la cultura peruana.
Uno de los seres más populares es el Yacuruna, un espíritu del agua que habita en las profundidades de los ríos.
Este ser manda sobre todos los animales del agua y, aunque su aspecto se parece al de un hombre serpiente, tiene el poder de adoptar forma humana para seducir a las muchachas jóvenes. Una vez consigue conquistarlas, las sumerge en las aguas y ellas también se transforman en seres subacuáticos para nunca más ver la superficie.
Se dice que viaja por la noche montado en un enorme cocodrilo negro con una boa a modo de collar. El Yacuruna puede otorgar dones a quienes lo respetan y puede castigar a aquellos que explotan sus recursos sin haber pedido permiso previamente.
El Chullachaqui o Shapshico es un ser de muy baja estatura que tiene patas de cabra y habita en las zonas donde crecen los árboles. Es un espíritu que también es capaz de transformarse en humano o en animal y lo hace para engañar a las personas y extraviarlas en la selva.
El Chullachaqui huele a cabra o a azufre y también se le conoce como demonio del monte. Su misión es proteger las plantas y los animales que habitan en la selva y, por ello, castiga a todo aquel que caza con demasiada frecuencia y daña a los animales. Puede provocar fuertes lluvias cuando siente que los animales están en peligro a causa de los humanos.
Otro de los espíritus más conocidos en la cultura amazónica es la Yacumama, nombre que proviene del quechua y significa madre del agua.
La Yacumama es una enorme serpiente similar a una anaconda pero mucho más grande. Se dice que su cabeza mide más de dos metros y su cuerpo cincuenta metros de largo. Este espíritu de agua es el que ha formado los lagos en el Amazonas y el que ha enseñado a los ríos a serpentear.
Se ha mostrado siempre como un ser que debe ser temido, ya que impone mucho debido a su gran tamaño y puede ir tanto por el río como por la tierra, derribando todos los árboles con su paso. Cualquiera que se acerque a la Yacumama está condenado, pues siempre los alcanza.
Sin embargo, más allá del miedo que inspira, ella es la protectora de la selva. Donde ella está, el agua siempre estará limpia, y los indígenas siempre han respetado los lagos y ríos para no encontrarse con esta criatura. Ella castiga a todo aquel que no cuida la selva y sus aguas y recompensa a quienes respetan la naturaleza. La Yacumama representa la esperanza de una subsistencia eterna.
Este es un claro ejemplo de las diferentes visiones de mundo que tenemos dependiendo de nuestra tradición. Mientras que en el Amazonas la serpiente es un ser protector de la selva y las aguas (y por mucho miedo que dé esta no deja de ser su función), en la cultura occidental, la serpiente simboliza el mal.
No hay más que irse a la Biblia para ver la representación que la serpiente tiene en el Génesis “Y Yahveh dijo a la serpiente: por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; esta te herirá en la cabeza y tú le herirás en el talón”. Es decir, la serpiente está muy lejos de ser ese ser protector y es incluso maldecida por Dios.
Las poblaciones indígenas tenían muy claro que era importantísimo cuidar y agradecer a la tierra lo que tenemos y esto se deja ver en su rica tradición, que aunque muchas veces tenga que recurrir al miedo para que las personas no hagan daño, han establecido toda una red de historias y creencias para salvaguardar lo más preciado que tenemos.