Entre las más de 10.000 especies de aves que existen en el mundo, hay tres casos que destacan por lo inusual de su fisiología o su comportamiento reproductivo.
Una de ellas es capaz de digerir huesos enteros. La otra se orienta en la oscuridad total de una cueva como si fuera un murciélago. Y existe una tercera especie en la que la hembra queda encerrada dentro de un árbol durante meses.
Los tres casos están documentados por ornitólogos y sirven para ilustrar hasta dónde puede llegar la evolución para resolver un mismo problema (comer, orientarse, reproducirse) por caminos completamente distintos.
Presta atención: estas son tres aves con comportamientos extraños que te dejarán con la boca abierta.
El quebrantahuesos, el único vertebrado que se alimenta casi solo de huesos
El quebrantahuesos (Gypaetus barbatus), presente en los Pirineos y en cordilleras de Asia y África, es el único vertebrado conocido cuya dieta se compone mayoritariamente de huesos.
Entre el 70% y el 90% de lo que come proviene de restos óseos de ungulados domésticos y salvajes. Ningún otro animal con columna vertebral ha desarrollado una especialización alimenticia tan extrema.
La clave está en su sistema digestivo. El estómago del quebrantahuesos mantiene un pH inferior a 1. Este nivel de acidez es capaz de disolver un fragmento de hueso en menos de 24 horas. De esa forma, pueden extraer de él el calcio, el fósforo y la médula que necesita.
Cuando una pieza es demasiado grande para tragarla entera (puede ingerir huesos de hasta 20 o 25 centímetros), el ave la sujeta con las garras, gana altura sobre una zona rocosa y la deja caer para romperla en fragmentos más pequeños.
Cada individuo repite ese lanzamiento sobre los mismos puntos del territorio, conocidos como rompederos, que utiliza durante toda su vida.
Hay un segundo rasgo que todavía no tiene una explicación cerrada entre los especialistas. Una buena parte de los adultos presenta un plumaje anaranjado en el pecho y el vientre, muy distinto del blanco original de sus plumas.
El color proviene de baños intencionados en barro rico en óxido de hierro, un comportamiento que el ave repite de forma activa y que no se limita a un contacto accidental con el terreno.
Las hipótesis apuntan a una señal de estatus o a un efecto antibacteriano. No obstante, ningún estudio ha confirmado todavía cuál es la función real de esta conducta.

El guácharo, un ave que caza de noche guiándose por el sonido
El guácharo (Steatornis caripensis) vive en colonias en cuevas de América del Sur y de Trinidad, algunas con casi 10.000 individuos. Lo singular de esta especie es que es una de las pocas aves del mundo que utiliza la ecolocalización para orientarse.
Dentro de la oscuridad total de las cavernas, emite clics audibles a una frecuencia cercana a los 2.000 Hz. Por el eco de ese sonido, capta la posición de las paredes y de otros individuos. Se trata de un sistema de orientación equivalente al que usan los murciélagos.
Fuera de la cueva, el guácharo se comporta como un ave completamente distinta.
Sale al anochecer y puede recorrer más de 100 kilómetros en una sola noche guiado por el olfato, uno de los más desarrollados entre las aves, para localizar los frutos de palmeras y otras especies de las que se alimenta exclusivamente.
Es, de hecho, la única ave del mundo con una dieta basada por completo en frutas, sin insectos ni presas animales de por medio.
Otra particularidad es que los polluelos acumulan una cantidad de grasa enorme. Tan grande es que, hacia las diez semanas de vida, llegan a pesar un 50% más que sus propios padres.
Esa reserva calórica fue justamente lo que llevó a comunidades indígenas de Venezuela y a colonos posteriores a capturar crías y hervirlas para extraer el aceite, que usaban para cocinar y para alimentar lámparas. De ahí proviene el nombre científico Steatornis, que en griego significa “ave de grasa“.
La práctica, hoy en desuso en la mayoría de los santuarios donde habita la especie, dio origen también al nombre común de “oilbird” en inglés.

El cálao pío, la hembra que se encierra dentro de un árbol para criar
El cálao pío oriental (Anthracoceros albirostris), presente en el sur y sudeste de Asia, tiene uno de los sistemas de nidificación más extremos entre las aves.
Antes de poner los huevos, la hembra entra en una cavidad de árbol y comienza a sellar la entrada desde dentro con una mezcla de barro, excrementos y restos de fruta. Únicamente deja una ranura vertical lo bastante estrecha para que pase la punta de su pico.
Dentro de ese encierro, que puede prolongarse durante dos o tres meses, la hembra incuba los huevos y cría a los polluelos recién nacidos. Además, atraviesa una muda completa de plumaje, un proceso que la deja temporalmente incapaz de volar.
Durante todo ese periodo depende por completo del macho, que le lleva comida varias veces al día a través de la ranura y es también quien defiende el territorio. Si el macho muere o resulta herido antes de que la hembra pueda salir, ella y las crías no sobreviven, ya que no tienen forma de alimentarse por sí mismas.
Cuando los polluelos alcanzan un tamaño suficiente, la hembra rompe el sellado desde dentro, sale del nido y se suma a la tarea de alimentarlos hasta que están listos para volar.
El cálao pío añade además otro comportamiento inusual para un ave mayoritariamente frugívora. Se lo ha registrado cazando murciélagos en pleno vuelo, una conducta poco habitual en su familia y que contrasta con la imagen de un ave dedicada casi por completo a comer fruta.

El quebrantahuesos, el cálao pío y el guácharo no son las únicas especies de aves con comportamientos extraños del planeta. Hay muchos más ejemplos que nos muestran lo extraordinarias que pueden ser las especies.
La jacana africana se comporta como hembra, incuba los huevos entre 20 y 26 días y cría a los polluelos en solitario. El colibrí pico de espada tiene un pico tan largo que debe inclinar el cuerpo hacia arriba al volar para no sobrecargar el cuello. Los tejedores, por su parte, fabrican sus nidos cosiendo hojas entre sí.
Y así podríamos seguir hablando largo y tendido.
