Un equipo liderado por el Centro de Astrobiología de España detectó eritrulosa, un azúcar de cuatro carbonos, en una nube de gas cercana al centro de la Vía Láctea.
Es la primera vez que se registra una molécula de azúcar en el espacio interestelar, según un estudio publicado el 13 de julio en Nature Astronomy.
La eritrulosa es la misma sustancia que le da su color a las frambuesas y que se usa en autobronceadores.
En el espacio, apareció en G+0.693−0.027, una nube molecular de gas y polvo situada a unos 27.000 años luz del centro galáctico, la misma región donde el equipo ya había identificado precursores de nucleótidos, lípidos y aminoácidos.
Cómo se hizo la detección
Los investigadores, encabezados por la astroquímica Izaskun Jiménez-Serra, del Centro de Astrobiología (CSIC-INTA), apuntaron dos radiotelescopios españoles hacia la nube: el de 40 metros de Yebes, al norte de Madrid, y el de 30 metros del Instituto de Radioastronomía Milimétrica, en Sierra Nevada.
Ambos instrumentos captaron doce líneas espectrales que coincidieron con el espectro de laboratorio de la eritrulosa, medido previamente en la Universidad del País Vasco.
El hallazgo también reveló algo inesperado. La eritrulosa resultó ser al menos ocho veces más abundante que los azúcares de tres carbonos que se buscaron en la misma región, ninguno de los cuales apareció en las observaciones.
Un resultado que no encaja con lo esperado
Esa ausencia es significativa porque contradice el modelo con el que los astroquímicos venían explicando cómo crecen las moléculas en el espacio, es decir, mediante la incorporación de átomos de carbono de uno en uno.
Si ese modelo fuera correcto, los azúcares de tres carbonos deberían haber aparecido antes que los de cuatro, y en mayor cantidad.
La explicación que baraja el equipo es distinta.
La eritrulosa podría haberse formado directamente de la combinación de otras dos moléculas de dos carbonos cada una, glicolaldehído y etilenglicol, ya detectadas en el medio interestelar.
Brett McGuire, astroquímico del MIT que no participó en el estudio, describió el resultado como una desviación de lo que cabía esperar según la química conocida.
Antes de este hallazgo, ya se habían identificado en el espacio cerca de treinta moléculas vinculadas a la química prebiótica, entre ellas el glicolaldehído, encontrado en el año 2000.
Sin embargo, esa molécula no se considera un azúcar verdadero. Según McGuire, para clasificarse como tal, un carbohidrato necesita al menos tres átomos de carbono.
La eritrulosa es, por ahora, el azúcar más complejo hallado fuera del Sistema Solar.
De la nube molecular a la Tierra primitiva
Las nubes moleculares como G+0.693−0.027 son el material del que con el tiempo se forman estrellas, planetas, asteroides y cometas.
Eso vuelve relevante la pregunta de qué pasó con la eritrulosa después de su formación.
Según los cálculos del equipo, entre 551.000 y 55,1 millones de toneladas de este azúcar podrían haber llegado a la Tierra hace unos 4.000 millones de años, transportadas por asteroides y cometas durante el bombardeo que sufrió el planeta en sus primeras etapas.
Ese dato conecta con hallazgos previos en muestras de asteroides.
En marzo, un estudio había indicado que el asteroide Ryugu contiene las cinco bases nitrogenadas necesarias para formar ADN y ARN, y antes se había señalado lo mismo para muestras del asteroide Bennu.
Los azúcares, junto con esas bases y los grupos fosfato, son uno de los tres componentes que forman los ácidos nucleicos.
Cautela y próximos pasos
Yoshihiro Furukawa, astroquímico de la Universidad de Tohoku que tampoco participó en el estudio, calificó el hallazgo como una fuente adicional de distribución de azúcares más allá de los asteroides, y señaló que la comunidad científica llevaba tiempo esperando una detección directa como esta.
El propio equipo español aclara que el hallazgo no prueba que la eritrulosa detectada en esa nube haya sido, específicamente, la que llegó a la Tierra primitiva.
En todo caso, prueba que las condiciones para formar azúcares complejos existen en el espacio interestelar, de forma independiente de cualquier planeta.
Hasta qué punto es común ese proceso en otras regiones de la galaxia todavía es una pregunta abierta.