Gondwana no terminaba de encajar en la lista oficial de supercontinentes de la Tierra.
Durante años, buena parte de la comunidad científica dudó de que mereciera ese título, pese a haber existido entre hace 800 y 500 millones de años.
Un estudio publicado el 9 de septiembre de 2026 en la revista Science Advances, basado en el análisis de más de 25.000 rocas, encontró fragmentos ocultos bajo montañas de Asia que resuelven buena parte de esa discusión: Gondwana llegó a cubrir cerca del 80 % de toda la tierra firme del planeta.
Qué es un supercontinente y por qué Gondwana quedaba fuera del club
La idea de los supercontinentes surgió a mediados de los años ochenta, cuando un grupo de geólogos identificó patrones cíclicos y globales en los cambios del nivel del mar, visibles en el registro geológico desde hace al menos 2.000 millones de años.
Desde entonces, la comunidad científica reconoce formalmente cuatro grandes supercontinentes en la historia de la Tierra.
El más antiguo verificado es Columbia o Nuna, formado hace entre 2.000 y 1.600 millones de años. Le sigue Rodinia, hace unos 1.000 millones de años. Pangea, el más conocido y el más joven, se formó hace entre 300 y 250 millones de años.
Gondwana, que se ubica cronológicamente entre Rodinia y Pangea, siempre fue tratado como el hermano menor de la lista, sin lograr convencer a todos los especialistas de que mereciera la misma categoría que los demás.
Una huella química para rastrear un continente perdido
El equipo detrás del nuevo estudio recurrió a una técnica poco evidente, pero muy precisa: el análisis de isótopos de samario y neodimio.
El samario se desintegra en neodimio de forma radiactiva y a un ritmo constante, por lo que funciona como un reloj geológico capaz de indicar cuándo se formó una roca, incluso si esa roca terminó atrapada dentro de una cordillera mucho más joven.
Bill Collins, geólogo de la Universidad Curtin y coautor del estudio, describió estos mapas isotópicos como “una máquina del tiempo”.
Según explicó, permiten reconocer un continente formado hace 500 millones de años aunque las montañas donde hoy se encuentran esas rocas tengan apenas 20 millones de años de antigüedad.
Un hallazgo casi accidental en Asia Central
El geólogo Tao Wang, autor principal del trabajo, pasó buena parte de su carrera estudiando el Cinturón Orogénico de Asia Central, una franja que atraviesa el continente desde los montes Urales hasta el océano Pacífico, moldeada por sucesivas colisiones de placas continentales.
Durante años, su equipo fue construyendo una base de datos con miles de rocas magmáticas de esa región.
El hallazgo de que buena parte de esas rocas compartía origen con Gondwana llegó, según relató el propio Wang, de forma bastante casual, mientras compilaban esa información con otro objetivo en mente.
Gondwana ocupaba el 80 % de la tierra firme del planeta
El nuevo mapa reveló fragmentos de corteza continental sepultados bajo regiones de Asia, Europa central y el sudeste de Norteamérica, todos con una firma isotópica compatible con el mismo origen gondwánico.
Hasta ahora se estimaba que Gondwana había cubierto cerca de dos tercios de la tierra firme del planeta.
Con estos nuevos fragmentos sumados al cálculo, esa cifra sube a casi el 80 %, lo que convierte a Gondwana en un supercontinente bastante más extenso de lo que se pensaba.
No todos están del todo convencidos
Parte de la comunidad científica recibió el hallazgo con reparos.
David Evans, paleogeógrafo de la Universidad de Yale, señaló que identificar corteza antigua con una historia geológica compartida no es lo mismo que demostrar que esos fragmentos estuvieron físicamente unidos hace 550 millones de años.
Joseph Meert, otro especialista consultado sobre el estudio, planteó una objeción de otro tipo: si se acepta que Gondwana fue más grande de lo pensado, también habría que revisar al alza el tamaño estimado de Pangea, el supercontinente que se formó a partir de la fusión de Gondwana con otras masas continentales.
Los propios autores del estudio responden a esa crítica señalando que no basan su reconstrucción únicamente en las edades isotópicas, sino que además lograron ubicar esos fragmentos asiáticos formando una estructura conectada y continua a lo largo del borde ya conocido de Gondwana.
La posible conexión con la explosión cámbrica
Más allá del debate sobre sus límites exactos, el hallazgo también aporta una pista sobre uno de los grandes misterios de la biología evolutiva.
Se trata de la explosión cámbrica, el período de hace unos 538 millones de años en el que la vida compleja se diversificó de forma acelerada sobre la Tierra, después de miles de millones de años dominados casi exclusivamente por organismos microbianos simples.
Según los autores del estudio, los procesos geológicos que formaron Gondwana también dieron origen a un extenso cinturón volcánico, comparable al actual Cinturón de Fuego del Pacífico, que habría liberado una cantidad significativa de gases a la atmósfera y contribuido a calentar un planeta que, hasta entonces, atravesaba un período notablemente frío.
Los propios investigadores advierten que el mapa todavía podría estar incompleto.
Es posible que otros fragmentos de Gondwana permanezcan hoy sumergidos bajo los océanos o hayan sido reciclados de vuelta hacia el interior de la Tierra por la propia dinámica de las placas tectónicas, lo que dejaría abierta la puerta a que esta reconstrucción, por sorprendente que resulte, todavía se quede corta.













